sábado, 11 de junio de 2016

Galaxias

Sin herramientas de precisión.
Sin placas tectónicas
que formen la falla.
Y al fondo del lago, el infierno.
Y el acoso de la mascota,
el pájaro de trueno.
Criatura que sabe y blindada,
voló hacia el este.
Porque aquel portal,
enorme fuego atronador.
Aquel fondo entre el fondo.
Dizque nave que vieron los
indios que dibujaron aquello.
Hace muchos años,
no águila, no metal, no iridio.
Culto al rastro enmascarado.
En Egipto barcos voladores,
en China dragones voladores,
aquí sólo el edicto.
Acontecimiento letal y sangriento,
suceso no perecedero.
Quizás un milenio en un segundo.
Allá imposibles antiguamente
pero posibles desde siempre.
Nada en el zero de todo infinito.
El misterio de las mentes
que chocan sin el vidrio.
El escondite está en la simetría
de la esfinge de Ramsés,
tal perfección hallar
y quien la corrobore.
Acceso al interdimensional,
hueco imponente desde el sur,
la altura desde otro ojo,
terrible luz.
En cúanto a mí mañana partiré.
Desconocido es el lugar
de la síntesis del hombre.
No alcanzo a escuchar más
a ese ser y deja un soplido.
(Como si el viento fuera testigo
aparecen miles de flores.
Un árbol antiguo guarda
los nombres)
Diles lo que has visto.
Y no lo digo: Mi imaginación
a este hueco de lumbre,
sólo el amor se expande,
un giro negro no es conforme.

Yia