martes, 15 de diciembre de 2015

Amsterdam

Yo no sé de esos zuecos de cerámica
de Delft, tampoco sé de los de madera.
Yo no sé de ese latir sencillo,
ni sé del naranja de la casa que honran.
No sé de qué habla la gente,
ni sé nada de esos viejos canales.
No sé de los recovecos misteriosos,
ni de las prostitutas en las vidrieras,
ni sé del porqué del erótico museo.
No sé qué puente, qué anticuario.
No sé el porqué de esas caras
soñadoras, no sé qué milagro
abriga el recorrido en tranvía, a pie
o en bicicleta.
No sé cúal de los siete circuitos.
No sé qué maravilla oculta el diario
en la casa de Ana Frank.
No sé de eso que tiene la plaza Dam,
no sé por qué suenan así las campanas.
Qué magia tienen los panqueques,
las tartas de manzana,
por qué el arenque no sabe como huele.
Por qué es inolvidable aquel café.
Qué extravagante intemperie
construye la libertad.
Qué será de ese aroma temprano.
Yo no lo sé, amor.
Qué será de ese sonido de cuidad joven,
tolerante, que no se avergüenza de la vida,
que no se cansa de estar hermosamente desnuda,
como un tulipán.




Yia





sábado, 12 de diciembre de 2015

Belleza

Jamás había visto la belleza.
Nunca, nunca, así.
Jamás tan pura, nunca
tan grande, jamás había
visto tanto oro, tantas gemas,
tanto despliegue de cristales.
Tanto, tanto oro.
No sabía lo que era un paisaje
perfecto, no había visto
árboles así.
Ese niño, esas aves, esa
calle, esas bestias,
un trono central, tanta belleza.
Jamás había visto la belleza.
Nunca, nunca, así, no.
Esa distancia que ilumina
el blanco de las vestiduras.
Ese Sol.
Esa avenida llena diamantes,
tanta luz.





miércoles, 2 de diciembre de 2015

Como las estrellas al tiritar

Pensaba que había menos gente en el silencio.
Ya no lo creo.
Ahora percibo cierta sangre en las letras.
Ahora siento que algo hay oculto en las puertas
de los sueños.
Ya no necesito extraer monstruos
y colgarlos de cabeza para que se sequen,
mudos.
Ya no necesito.
Ahora este corazón es un artefacto inquieto
al otro lado de las cicatrices.
Es raro pero,
ahora el ruido inalcanzable de lo que
no nos muestran es una fosa,
un despeñadero de movimiento extraño.
Ahora tengo otras inquietudes,
otros gustos, soy otra.
A veces creo que hay un virus loco dejando
rabia en cada esquina de la cuidad,
a veces hasta lo siento junto a mi cama
intentando mutar.
A veces creo que hay gente
devorando su propia vida con el atributo
que extiende la enfermedad de estar
respirando las periferias de algo que no
conocen o no llegado aún.
Incluso hay momentos en los que creo
que estamos en las afueras
de la verdadera pesadilla, y ya saben,
en ninguna pesadilla podemos gritar.
Me pregunto por qué archivamos causas.
Por qué simplemente no saltamos al vacío.
Los leves recorridos por la muerte no
deben ser tan malos,
total, siempre despertamos a tiempo,
ilesos, pero confundidos.
Confundidos como las estrellas al tiritar.
Creo que el porvenir nos mira callado.
Pensaba que había menos gente en el silencio.
Ya no lo creo.
Creo que el silencio sueña, y sabe amar.







YIA