martes, 15 de septiembre de 2015

ETERNITY

A veces me quedo mirando la eternidad como si pudiera
captarla en una foto, y lloro, ¿sabes?
como si eso pudiera amortiguar algo
o pudiera hacer llover encima de una colina.
A veces me quedo contando palabras sin saber 
que son avenidas que lucen las esperas más dolorosas.
Sé que sabrás de mí en la tristeza de los aeropuertos
y serás feliz al ver un puente.
Creo que por instinto me subo a las cornisas y maúllo silencio
para que nadie sepa que desde arriba todo es un laberinto.
A veces me basta tejer alguna duda con una sonrisa mansa.
Me basta, ¿sabes?
Me basta ver que observo mi antiguo impulso con cariño.
A veces, sólo quiero quedarme fantaseando con la idea
de lo inesperado.
-Tal vez sólo se trata de reconocerte
y coincidir en alguna página del universo.-
Yo miro como miraría un poeta, pero no sé si los poetas también
miran los momentos que no son recogidos por nadie.
A veces me quedo mirando la eternidad como si pudiera
captarla en una foto, y lloro, ¿sabes? Lloro.








YIA







Wingardium Leviosa

No tenía carmín en los labios
ni era exacto el cabello,
ni era tan clara la libertad
como hasta ahora que escapo:
A tus noches de neón y pulseras
de colores, a tu colchón y ver
de nuevo a Harry Potter,
a tu apartamento en el
punto más certero de la verdad
y esa canción imparable
cuando dices vivir la vida:
con mucho jugo de china
en la nevera y todo lo que
hace falta para dos inocentes.
Nos hemos burlado del tiempo
y los crisoles, a la basura todo,
no queremos nada que no sea nosotros
en este estambre.
No hay abejas paparazzi.
Hermione dice Wingardium Leviosa,
y muevo mi mano como quién
sabe que no tiene más varita,
que tu mirada fija en la mía.
Quién dijo que yo no sé
de flores.






YIA





Estúpidamente la brisa dislocaba la sonrisa.
Sí, estaba tan enojada que podía matar insectos con la mirada,
estaba tan enojada como cuando rompes las cartas
que no demostraban ser lo que decían, con el tiempo,
ah, el tiempo, esa cosa era ahora ese insecto que pasaba maloliente, 
macilento y leproso como ese día.
Estaba tan enojada que podía olvidarme
que tu pelo tiene ondas suaves y que tus dientes
tienen ese esmalte que invita a una noche entrelazada a la aurora.
Sí, ese día en el que no parecía que existía,
había dejado el celular en casa.
El cielo vomitaba poesía, con rabia.





YIA

lunes, 14 de septiembre de 2015

FIESTA


El boleto es un frasco con un brebaje,
no preguntan qué es, hasta atrás
y lo beben, puedes entrar, y estás 
listo siempre, estarás listo si no escuchas.
El paso a la fiesta detrás de la cortina,
antes de eso está el mundo cayendo
en pedazos y cuerpos curtidos
con un virus y es sangre infectada
extendiéndose por todo el desastre.
Volviendo a la fila es tu turno y
un tipo con ojos pintados abre la cortina.
La fiesta, tú, todo, tú, todo, las voces
se olvidan, y no hay rostros conocidos,
ves como los cuerpos se mecen al ritmo
de un trance en el que tú también respiras.
Ya te besan, ¿quién? no sabes qué es
ya te acarician, ¿qué? no sabes quién es.
Los cuerpos todos son uno y todos son nada,
más tú entre ellos bailas todos los placeres,
todos los placeres, inimaginados placeres,
comida, sexo, comida, sexo, trance, bebida,
un beso y otro con una sombra,
y orgasmos reñidos con el timbre de la voz
del ser fragmentado en tu vista.
Otro placer se presenta, quieres probarlo
pues allí todos saben qué es, pero tú
sabes que debes ser parte, ya no se vende
ni se compra, no hay tiendas, sólo ser parte de la orgía.
Todos entraron por sus propias
piernas y nadie les contó que estaban
enamorados de unos cuerpos que se estiran
al son del fuego que esconde la mentira.
Un reflejo, un cuerpo reconoces, te toca
entre las piernas y cambia de rostro,
ahora sólo es un placer más entre otro,
otro placer entre otro que te pasa una fruta deliciosa
que no es más que un ojo de otro dominio
escondido en un vestido rojo donde habita
el mensajero del grito oscuro de la
nueva memoria.
La fiesta plegadiza, tiene otra fiesta para tus sentidos,
y otro cuerpo se come la imagen del que estaba
frente a ti, ya éste ha cambiado el
aspecto unas ocho veces, acomodándose
a tus gustos, para ser más apetitoso
a los pecados más suculentos que tu
profundo ser ostenta, éste te besa hasta prenderse en tu aire,
ya no respiras no piensas, no lloras, no
tienes placer, ya eres peor que la gula.
Ahora quien amo y yo estamos en la fila
con una antorcha en el pecho,
nos dicen tomen el brebaje o se mueren,
-y atrás ya no más agua,
hay pedazos de mundo en el suelo.-
Me toca tomar la cosa verde y el
maldito se ríe: Esperábamos a ésta
hija de perra sarnosa, ésta, que vale más
que todos los milenios que no sabían de ella.
Quien amo atrás de mí finge no conocerme.
Sé qué es y qué soy, pero no hay
más remedio, no hay más que virus,
sangre en las bocas de los que quedan sin el antídoto.
Miro al tipo de ojos delineados,
lo miro con gusto como si quisiera comerlo,
para que me pase de una vez lo que me enseña,
hago como que lo bebo y lo escupo en su cara.
''Never for me, idiota." Falsa felicidad no eres mito.
Nunca veas la cara sin ver el demonio que no muestra.
Se va la visión eso era sólo el pasillo de las almas perdidas.
Ahora se va ido la visión, ahora lluvia.
Acaso no decían que ya nos más agua,
yo tengo agua de vida.
Espero afuera que vengas, ellos mintieron.
No toda fiesta es fiesta.





YIA

jueves, 10 de septiembre de 2015

COMO JOHN EL ESQUIZOFRÉNICO


Déjame decirte hermoso
que todavía destilan de luz los lirios
y que ahora es más lenta la ironía
que el suelo se mueve al ritmo que
ya sabes, y que aún guardo la moneda
de ese país que no tiene nombre
Déjame decirte hermoso que es casi viernes
y que siento tanto en los huesos al payaso
de los ojos de sapo y me habla de que estás
a pocas horas de cantar conmigo
la canción esquizofrénica de algún
manicomio blanco
Déjame decirte que amo tu palabra
desde que aún no repta y no late,
la amo, la amo, la amo, entre las causas
perdidas y los tesoros verde azules
Déjame ver, hermoso, cómo esconden el brillo
sonoro de un amor prendido en un camafeo
que llevó la poeta que no he sido
Déjame estirar la poesía hasta
que nunca más y siempre y toda,
y quepa el verso en el amor y cada
sensación sea la que sentimos
cuando nadie sabe que estás conmigo
Y silencio, silencio, silencio
que John duerme y pronto sonará
la canción horrorosa
que tanto nos gusta cantar
en el sitio neutral detrás de los árboles
Cantar porque sí, cuervo, gato, lobo,
espíritu del gozo sagrado y dos mil
soles, cantar porque te amo, porque sí,
porque no le tememos al despertar de John,
y perdonaremos a quien no sabe que él no sabía
que destripar gente no era un ejercicio
Qué culpa tiene el niño...
él no sabe, es el payaso, su mejor amigo,
y son los doctores, y es el haber nacido
Y dirás "Soy un asesino en serie,
como los de mini serie, no tengo familia..."
y yo completaré la otra parte
y seré la Violetita, la que no quiso pintar
con acuarelas y que ahora cuidas
en el cementerio de las niñas rotas,
Y tengo alma, alma mía, lavada con la leche y la
miel que buscaban los caminantes del exilio,
y ya sabes que el mar que se abre
Y así lloraremos con el mero recuerdo
de que es sólo una canción
y éstos sólo son versos que malinterpretan
por el simple hecho de que eres hermoso,
como John








YIA







lunes, 7 de septiembre de 2015

Viajes

Corres
y el reloj pasa.
La música en tus venas,
pasa, y pasa la poesía
por mi alma y es la vida
escribiendo infinitud.
Pasan los viajes y de nuevo
corres y nunca paras.
Y vas
y vienes,
pasas.
Otro viaje y otro,
y pasan
las fechas esperando
otro día y no importa
nada más que mirarnos
a los ojos
y pasa
que todo es la gloria
si sonrío cuando escapo
de todo contigo.
Y de nuevo
otro viaje y mañana
te espera un mar
y las
firmas
y el trabajo
y lo lejos.
Y esperas...
mi cara de gatita.
Y espero, tu cara de amor
esperando un besito...
de los míos.




Yia



jueves, 3 de septiembre de 2015

Inocente

Parece llover pero no es lluvia
Duelen los rostros y el tiempo
es sólo un tropiezo, un agravio
que un hombre ha perdido
humillando lo que no puede
Duelen los cuerpos aun duelen duramente las miradas de un pueblo que ya no tiene nombre
Duele ver el silencio de la muerte
en el suelo pero allí lo inquebrantable busca rendiciones
Allí lo desconocido busca
que la rebeldía no ostente lo que no sabe
Pues de cierto digo que tus ojos
no entienden que detrás del silencio
las nubes son cuidades
Y si te dijera que estoy segura
de que he visto un ápice
Y que cuando la voz ya no te quede
y blando tu corazón
diga que aborrece lo abominable
verás que no es vileza de las
huestes que disciernen
Pues no está muerto el inocente
que es cortado de manera inexplicable
Está más vivo que los todos los
vivos que van dando coces




Yia





Tienes sueño

Sonó muchas veces,
te he despertado.
Contestas.
Con un tono raro
dices: juro por mi perro
que estaba esperando.
A mí me da risa, no pierdes
el sentido del humor,
eres regocijo.
Qué delicia en mi oído.
Nada más sensual
que esa voz de ultratumba.
Nada más adorable
que un te amo,
con sueño.






Yia








Del otro lado del sol

Del otro lado del sol
dos promesas se rozan tanto
que de ellas resurge la chispa de la vida.
Un ruido insistente se aloja adentro,
y el cuerpo ya formado
es otro cuerpo intangible
que ha visto en sueños.
Un mensaje de fuego incluye
unas señales y otorga largos días
de efímeras rondas.
Una bella ignorancia se extiende
fielmente en un sonido
constante que se envuelve en preguntas.
Algo sucede sin que lo noten
y una fuerza acaricia las nuevas formas
de grandeza eterna.
El chasquido anuncia al segundo misterio
pues debe callar la presencia
que sonríe cuando no han claudicado
entre mil aflicciones, el valor de la existencia.
(Hay un sello colgando en la puerta
que no tiene llave humana
que la escriba.)
El segundo misterio se abre
llorando el llanto primero:
Ha nacido una esencia pura.
Del primer misterio no hablo,
si no abren mi boca.






Yia








La sed de los muertos

Estuve a punto.
En ese punto,
en esa línea dije cielo.
Hablaron lejos
cuatro palabras,
y nunca más volví a verlos.
No los encuentro.
En esta cuidad
ahora hay menos
palabras de esas
bocas.
Quedaron trazados
lentos suspiros.
Un vaho se repite
y nunca más agua.
Tienen tanta sed
los muertos.





Yia