miércoles, 20 de mayo de 2015

A falta de jardines

(A Salem)



Me lleva por un camino,
se queda pensativo, me dice:
odio parecerme al cantante
que te gusta, pero está bien.
Tal fue la coincidencia.
Quizás tú ya sabías cómo
palpitaría el corazón por vez primera.
No hay flores cerca.
Se agacha y murmura, no mires,
me regala una hojita de menta.
Susurro un canto de algo que
conoce, y miro la hojita.
Sonríe y dice: así no se
pronuncia la letra de Human Tissue,
pero qué hermosa respuesta.
(Muero de risa)
Tu voz es la flor que mi alma
busca, lo dice a la vez
que nos sentamos en el suelo.
Yo he tenido vistas preciosas
pero ninguna como esta,
tus ojos inocentes en medio
de la vida que nos rodea.
A falta de jardines
uno puede subirse al cielo,
con tu mirada fija.





YIA





Súbito

No lo esperaba
Todo era la aurora
mientras la brisa
Parcialmente
el panorama
Abierto el bosque
sucia la ceniza
Lo súbito
Y la piel erizada
y el continuo hablar
de los vellos
y el olor era una cortina
Rasgado el velo
en punzante mirada
Todo era fuego
convergente
Luz rosada









YIA

PERFUME









Sólo un hombre que no teme sabe lo que digo.
Sólo una niña que llora a cántaros puede percibirlo.
Sólo un pez que ahora es jeroglífico
en alguna ruina puede tener las
formas de lo que trazo.
Porque cuál es el costo de los nardos.
Cuán grande es el precio, si pude alimentar
a los pobres; sí pude.
Yo nada tengo todo lo di,
porque para qué quedarme con tal perfume.
Si el abrazo siempre llega a tiempo,
y soy el frasco o la caja, cuando quiero romperme.
Amorosamente me fui de todos
apartándome sin delito,
pues no conocen por lo que estoy pasando.
Si tan superfluo fue el camino hoy lo desecho
sin miedo a las bestias salvajes
y al embrujo de lo inútil.
Así se enojaron internamente por mi causa,
sin ver más de mi doliente frase diaria
y mis millones de pizcas,
todas prendidas de un suspiro.
De qué me estoy salvando, si estoy siendo clara.
Si vine sin reservas
y la vergüenza de mi rostro me sonroja.
Sin dobleces, sin que nadie diga:
esta mujer ha hecho lo que pudo.
Debería venir y oler mi cabello.
Ver con sus propios ojos qué dice de mí la senda incierta.
Usted no sabe lo que se siente oler a nardo puro
y caminar hacia la muerte.
- usted no sabe el costo del aceite
en mi caja de alabastro-







YIA



Como si de un remoto
texto vinieras
y en una curva
te hubieses mareado
y yo fuera tu vértigo






YIA

AIRE

Inhalo la única dimensión
ilimitada que abarca el anhelo
Sin saber cuánto debe
ocupar en mi pulmón más fuerte
Sin dudar de mis manos vacías
Sólo algo tangible: un roce
Sólo una caricia palpable
Cuál lugar trasciende su
flexible paso de inflexiones
Su voz danzante y muda
se extiende inevitable
Mas solamente es aire










YIA

LA CASA


Una indómita luz demacrada
invade la entrada de la casa.
Nunca he visto a los dueños
pero afuera hay dos columpios
que a veces se mueven
y pienso: es el viento.
Así que entiendo que hay niños.
Quizás vive gente.
Un día pasé y vi unas sombras,
una mano rodó la cortina,
como si supieran que yo iba pasando.
Hay fantasmas, han dicho, los rumores,
pero apuesto a que son amigables.
Total, eso no es cierto.
Vuelvo a pasar, tengo que hacerlo,
paso todas las noches antes
de llegar a casa.
Ahora una figura entre el balcón
y la puerta espera como si supiera
que yo venía.
Se acerca una señora con un perro
y un bastón, creo que es ciega.
-Puedes pasar, mis nietos están en el ático.-
Me invita tranquila, pues quiere
conocer a la persona que puede verla.
Puedes pasar, mis nietos están en el ático.
Repite como si no supiera que ya me lo dijo.
Dicen que el perro aún llora a su dueña.
Estaba flaco y se veía enfermo,
todos los días lo alimento.
Él sigue en la puerta.







Yia

INSOMNIA

Adentro es distinto.
Yo como rueda, rondando
la existencia; como ladrido
que no sale de un canis familiaris,
sueno el vacío.
Más de un millón de cadáveres
que se pudren en las afueras
y yo entre ellos comparto la osadía
de la putrefacción.
Según la estadística de no sé
qué manos, rodillas, y qué ojos
que también le preguntan a Dios
para qué necesita tanto abono
en la tierra y por qué llenar
el suelo con tal podredumbre
para cuál huerto que no acepta las almas
si no siguen qué parámetros.
Para qué las tristes flores que a veces
las roban o las cambian de tumba.
Me pudro de manera fascinante
sólo que más lento que otros
mientras pasan las noches
en esta cuidad que no existe sin
que unos ojos despiertos inventen del
insomnio,
el más bello poema de zombis.
Más de dos mil millones de cuerpos se pudren
en el mundo lentamente.
Y yo aquí contándoles a ustedes
desde mi nicho andante.
No tengo sueño.









YIA

Salem duerme

(No me gusta verte abrumado) Alguien llamó y escuché cómo discutías pero no lo notaste. Trabajaste muchas horas. Tanta responsabilidad. Te admiro, aunque a veces no sepa qué dices. Pero tú me miras de la forma que amo.
El día pronto termina. Dices que soy el alivio que necesitas,
que sólo mirarme es la gloria. Estiras tus piernas y comienzo a darte un masaje.
Haces dos preguntas. Luego el silencio.
Tienes el oído atento a mi voz.
Pero no quiero hablar. Lo sabes. Qué pasa mi reina. Otra pregunta que no contesto.
 Mis manos se detienen. Me siento a mirarte. Estás cansado, lo sé.
Tus ojos casi se cierran. -Por favor, dime por qué no dices nada, suplicas con voz leve. 

No pasa nada, amor mío, al fin digo algo.
--No pienso decir nada que le preocupe--
Apago la luz, me acuesto a su lado, Salem duerme.
En la mañana encuentro una nota que dice: te veo a las 2:00 pm, sé lo que te pasa. 

Yo no discutía, hablaba con mi hermano, debo contarte qué hice para quedarme más tiempo contigo, extraño a mi familia, pero no pienso dejarte, eres el amor de mi vida.





Yia

martes, 12 de mayo de 2015

De abismos

Uno cree que tiene un límite pero luego nota que allí hay otra puerta. Uno piensa que no tiene tanta fuerza como para abrirla, pero respira profundo como si fuese difícil hacerlo, hasta que de repente esa puerta se abre sola. Tienes la mala suerte o la perfecta, que al dar el primer paso es un abismo, y bajando piensas, con razón era un límite. No tienes tiempo para asustarte, entonces vuelas, o tratas de caer de la mejor manera. Volar es lo mío, pensé. De peores abismos he salido. Pero no era sencillo, caía, hasta llegar al fondo las cosas. Al llegar hay tanta pena, y uno trata de hablar con las esquinas porque no conoce el final del pasillo. Te hablan de resistencias, de estancias, de impulsos y razones. Tú no contestas porque estás en algo que no esperabas, pero tu rostro delata que estás maldiciendo. Cabreas como demente y pateas las emociones porque ahora, engañan.
 La humillación está en tus ojos pero no toca otros órganos. Una verdad insidiosa se adhiere a tu viscosidad y te convierte en silencio. Ese estado tiene el enorme poder de mostrarte que en el fondo deberías estar dando saltos de júbilo, y que eres muy ciega 
como para no ver que tienes que estar celebrando. 
En el fondo lo sabes. La vida es corta en tardes como ésta en las que escribes para descifrar los deseos. Pero siempre sabes lo que quieres y no haces caso. Quizás no quisiste abrir tus alas porque querías descubrir algo. De todos modos era tu puerta. 
Al final del pasillo, estaba alguien que sonreía bonito. Al verme me abrazó con fuerza, 
como si hubiese pasado por lo mismo. Me dijo al oído: sabes bien el camino, te amo, regresa a tu casa, lee a Nietzsche, y se te pasa.









YIA

domingo, 10 de mayo de 2015

SIGILO


Ahora con voz suave, casi susurro,
casi silencio, en plenitud que desprende
mi lado salvaje que ahora es sutil y níveo. 
Un marco que tiene diversas formas,
pero que no sabe que está definido.
Ahora es un tejado por donde
han caminado experiencias inexplicables, todas,
con giros en donde tuve resistir las alturas
en un espacio concurrido.
Traté de rebuscar en las tragedias
un refugio en donde me necesitaran
para allí mezclarme con los enfermos
y decirles un secreto que devuelve la sonrisa.
Si fui con los crueles fue porque iba
buscando una historia, iba empeñada
en no ser vista, pero cuando nada
llenaba su concepto de inercia
me tocaba llenar el reposo
con una simpleza que en sí misma se movía.
Hasta que despertó el instinto, conato,
y tuve que recurrir al sigilo afilado.
Creo que algún antídoto debe existir
para ésta calma porque insisto en demorarme
subiendo edificios.
Debo explicar la fuerza insoldable,
independiente del desplazamiento ajeno
y decirle al orfismo, que se calle.
Intento penetrar en la esencia
y no habrá quién me frene.
Ahora con voz suave, casi susurro,
casi silencio, me adentro en tu mente,
y tú ni lo sabes.







YIA

Página 134


Yo también me fui soñando.
Yo también leí un libro que me llevó
al poema que interpretaba el personaje
de la novela,
y yo sentía ser parte.
Yo era, obvio, siempre la de los sueños
del soñador en cuestión.
Esta vez el tipo
rudo que oculta que es encantador.
Pero que no puedes saberlo
hasta que llegas a la página 134,
en la que por fin besa a la chica.
Tanto amor padecí que, me uno al bajo mundo
en donde lo único bajo es la gente no tiene
idea de que somos espías.
Una noche de esas, entre voces, locuras,
dados y póquer, ganamos todas rondas
y celebramos haciendo el amor, el amor,
el amor, el amor, y yo escogía el orden
porque no estaba el amor en la misma posición,
ya sabes, la chica en cuestión
era hija del gobernador y ella sabía
saltar por la ventana,
cómo no iba a saber de kamasutra.
Yo también leí un libro en donde fui
la chica que nunca supo quién era el autor.







YIA

sábado, 9 de mayo de 2015

Llamada 31



Ven, 
veremos un filme en casa.
Accedo.
En efecto todo era un ruido maldito,
claro estrado de cuestiones tercas
y de paso un gigantesco agujero
de incertidumbres que después se
aglomeraron en un solo sorbo de whisky.
Yo fui por mi cuenta aunque es cierto
que adentro del nido uno no sabe
que afuera corre peligro de ser menos
vulnerable de lo que es ante unos dedos
largos que juran ser tiernos.
Claro, esperaba vencer al fantasma
que aguarda en el dintel ventricular de
ese pardo lucero que hoy es nada más
que buen cobarde.
La verdad es que pensando alto
aclaré que no estoy en busca de
amores vacíos.
-Yo no me enamoro, en el amor no creo.
dijo con cara de que yo debía llorar
del susto.-
Que ingenuo.
Y dije que no, salí del apartamento
y fue todo lo que hice
para que nunca me dejara en paz,
y llamara cientos de veces.
-Estoy enamorado,
qué me has hecho, suena el voice
mail, llamada 31.-












YIA












jueves, 7 de mayo de 2015

LLUVIA





Rumbo a un punto de encuentro, simple, yo,
sin nada para cargar, incorpórea, inducida
por un frío que no se siente. 
Distante de lo conocido pero a la vez atenta
a eso que atrás se queda, por si un
hilo recuerda la longevidad de la nostalgia.
De paso una nube empapada
de ángeles me invita a cruzar a una
habitación con aire sereno, en donde
me preguntan si quiero controlar mi apetito de poeta.
Unos tienen la voz en los ojos
y otros se mueven con una gracia que nunca
vi, allá, antes de la falsa madrugada.
Hay uno grande en belleza que no deja
de mirarme, me dice que me ponga un
delantal que había en un rincón y yo veo
sólo un frasco de partículas pequeñas.
Quiero llorar pero no existe ese término,
me duele que otros no puedan ver lo que
veo, pero el dolor tampoco se registra.
Me puse lo que dijo y sentí
como si hubiese comido un postre
riquísimo pero no era, era un placer no
conocido que ahora me vestía con un
tipo de humo blanquecino que me hacía
pensar en lluvia.
Luego de varias horas noté que había
pasado un minuto, entonces no comprendía
el tiempo, sin embargo, un baile de vapores
se entrelazaba en mí y podía contar las veces
que esas maravillas me recordaban que estaba allí.
Que por fin vería los colores primeros si me
quedaba muy quieta.
Yo no sabía de colores primeros,
ni de primorosos detalles con
nombres de amantes que tienen fecha de
llegada y salida.
Una chica sonríe y me dice: no tengas miedo,
pero el miedo es una palabra que ella
no debe decir muy alto porque es ilícita.
Lo dijo para que no me sintiera perdida,
pero allí todo está encontrado y nada se pierde.
Otro me quita el delantal y me dice estás lista:
Hay amantes que se volverán a encontrar para
desvestirse cuando tengan cuerpo y ropa,
y pulcros serán alma sin notar el hábito del equilibrio.
Y yo como casi no entiendo, le digo algo
en son de protesta, consternada por todo lo que intuye
e imaginando que lee mi mente perpleja.
Por qué te niegas, a hacer lo que debes,
cuando regrese la aurora, me dice entre risas.
Me sopla una estrella en la frente,
y dice con mirada cálida, que no hay escapatoria.
Entonces sabré si mi amante me ama
con sólo existir en la tierra,
le hago la pregunta haciéndome la tonta,
me dice que no.
Sabrás que te quiere cuando tenga contacto
con tu alma poética, sabrá que te ama
con el solo caer de la lluvia.















YIA














EL NOMBRE TUYO






A veces sabes más de estas palabras simbólicas
que yo misma.
A veces, tienes en cuenta cosas
que no vi y con todo mi despiste traes el nuevo
atajo para que yo lo cruce con mi instinto.
Ya sabes, hace mucho dejé de mentirme, por eso,
cuando despierto no busco tesoros que la polilla
destruya y he tratado de abrazar los círculos.
Yo no firmé el contrato que me enviaba
a eso crucial que accidenta la historia.
Pero desnuda trascendí pasando por perspectivas
tan absurdas que de tan extrañas me volvieron
inmune al dolor o mejor decir, me hice tan fuerte
que me volví tierna, y esa fragilidad tomó
dimensiones que me enviaron directo al camino del amor.
Sé que no tengo nada en las manos cuando trato
de atrapar mis sueños,
pero mis lágrimas saben que dentro de poco un vestigio
de silencio me dirá que el secreto de lo que quiero
está en tus ojos.
Yo, asumo toda transformación mirando a los
lados y negándome a morir en batalla,
ya ves, esos finales siempre acaban
en un punto parecido.
Es cierto, hay oscuridades cuando asimilo mis
pérdidas, pero de todas aprendí que debía llegar
a la solemnidad de tu templo cuando
eres poesía y allí me miro vitral cuando pasa la luz.
Sí, tengo fallas naturales que adoro como bendiciones,
si no pregúntale al escorpión,
él sabrá decirte que volverá a picar cada vez pueda,
así jure que no, picará con ganas, con mucha fuerza.
Es verdad, soy de carne de este lado del deseo
y mis dientes quieren sentir los tuyos,
con todos los motivos que tengo para quererte,
y los que no...
también me queman por dentro con los grados
que derretirían los libros que penden del
azufre más caliente.
Pero aquí estoy, y no muevo un dedo para conseguirte.
Brillo en esta desnudez que ves a lo lejos
y que persiste cuando cierras los ojos.
Te dije claramente que esta belleza que sólo yo entiendo
y que tú tienes en cuenta,
la retuve, desde el día que dejé de mentirme.
Así que, siente mi pecho palpitar en tus latidos,
un orgasmo es imprescindible a esta hora del infortunio.
A veces creo y eso me salva, yo te lo juro,
estoy gimiendo el nombre tuyo.






YIA

















domingo, 3 de mayo de 2015

OCÉANOS


He visto al mar dudar de mis ojos
pero la duda proviene de mí.
Mis gestos aunque sean pequeños
contienen ese legado que no defrauda
y que nace para repetirme que
pronto llega mi fin.
Aun esa orilla me ha visto
sosegada pero no conoce que
tengo una verdad que no he dicho
bien, me han callado las aguas
como si tuviesen una fuerza que
no deja que diga lo que debo decir.
Existe en la arena mi palabra extensa
y mis huellas se borran para que
no quede mi peso grabado cuando
mis pies vayan a pasar a ser nada,
y de una vez ocurra lo incierto,
que ahora, no puedo saber.
Yo no seré recordada por mi cabello suelto,
mi estirpe de luz y estatura de mujer.
Mi filantropía no tiene corona ni metal
que retiñe al sonar el presente que
despide el ayer.
Me hace feliz la mañana que me
guía más allá de las barreras,
de lo que la mente puede retener.
Yo me voy, pero pienso dejar mucha gente
marcada, y mi voz no va a morir.
Cuando no esté, preguntarán,
y contestará el oleaje en defensa de mí.
Reflejado el cielo allí, dirá, en lo poco
fue fiel en lo mucho, su abnegación
quedará, en los que vienen detrás.
El océano dirá lo que callé.
Y en esa misma arena,
una caracola solitaria,
cantará en el oído de un niño y le explicará
la tarea que me explicaron a mí.





YIA