miércoles, 18 de febrero de 2015

PAZ

Era como tenía que ser. Había pasado lo inevitable. Todos caminaban de la mano siendo parte del núcleo. Allá en la cuidad grande abundaba el frasco de miel que había sido vertido originalmente por la turba de espectros sometidos a la luz no registrada. Ahora el clamor sonaba a pasos seguros dispuestos a un mañana sin comprar ni vender, sin añorar ni ostentar, ya que lenguas de fríos elementos habían sido la secuela de aquel momento especial. La paz. Por fin la paz. Pero ahora todos parecían no necesitar nada porque el punto alcanzado ya había sido tocado al máximo. Cientos de personas se inclinaban ante algo que yo no podía ver, pero que sí sentía con la brisa metálica de sus celulares encendidos, todos, en la misma red, en la misma parte de un nivel tecnológico avanzado.

La calle estaba repleta, ellos tenían los rostros casi pegados a esos artefactos que de alguna manera hacían que aquello fuera más adictivo cada vez, como si las pantallas despidieran un olor a guerra fresa que hacía lo que la heroína, pero tres veces más fuerte para aquellos que ponían su contraseña desde que comenzaba el día. Cuatro de la izquierda tenían en sus frentes un código azul y seis que estaban en el balcón del centro tenían el mismo azul, pero el código no estaba definido o yo no podía memorizar la combinación de letras y números.

Había paz, ya no necesitaban golpearse con palabras ni usar veneno para ser inmunes al que no pensaba igual, la calma era entrar en esa adoración incompresible para mis sentidos. Unos, muy pocos, podían mirarme, pero de nuevo volteaban hacia ese centro que provenía de no sé dónde. Otros estaban pegados a los cristales de los autos, de las tiendas, de los autobuses, todos querían ser parte de lo que pasaba afuera, pero no cabía tanta gente en la calle, pues, todo el espacio estaba lleno de ese rito que parecía satisfacer alguna sed o parecía quitar la sensación de hambre. Yo trataba de pasar, sin molestar a nadie, ponía un pie primero, luego el otro, pero todos estaban muy pegados, así que me las ingeniaba para que no salieran de su trance.

En algún momento pensé que alguien iba a reaccionar, tenía que existir alguien que no estuviera concentrado, tenía que haber alguien flotando en otro estado de la mente. Necesitaba, tanto, poder entender lo que estaba ocurriendo que, pasé como gateando por todas aquellas espaldas y nadie notó que había cruzado la calle completa, pasando de cuerpo en cuerpo. Cada uno tenía la cara casi en el suelo, sin dejar de prestar atención a lo que les mostraba el ser que veneraban sin saberlo. El móvil parecía dictar algo. Ya del otro lado de la calle, comencé a pensar en los que estaban pegados a los cristales, y dije, claro, ellos todavía pueden reaccionar porque no tienen el artefacto en las manos, sólo están seducidos por algún imán. Entonces, no quise dejarlos, y volví, mirando a aquella alfombra de gente.

Me trepé en un autobús y grité con la fuerza que pudiera romper los cristales, pero no era suficiente, así que caí sentada, con dolor en el alma, impotente. Me quedé dormida trepada allí. Pero sentí, que una mano, tocaba mi rostro para despertarme, dulcemente. Allí estaba frente a mí, una niña de pecas, con el cabello muy rojo. Me dijo, que iba a ayudarme a gritar y que mi esfuerzo no había sido en balde. Ella me tomó de la mano, me ayudó a levantarme, y al contar hasta tres, gritamos una palabra que ella hizo que pensara, telepáticamente. De nuestras bocas salieron sombras púrpuras que viajaban rápido hacia los cristales, como si aquella palabra le diera autoridad a algo que los rompió de golpe. Los cristales rotos, ahora eran como diamantes en el suelo y la gente, librada de ellos, comenzaron a pasar por encima de los que cubrían las calles. Pero cuando trataron que llegar a algún espacio vacío para poder acomodarse con la paz del principio, de las frentes comenzaron a funcionar los códigos, y todos, se postraron ante el mismo ser que adoraban los demás.

Ya no era necesario tener el artefacto en las manos para ser como los inclinados. Yo seguía sin comprender por qué estaban arrodillados. Entonces, fue cuando busqué con la vista a la única niña que podía escucharme. La niña, ahora tenía alas grandes. No supe qué decir, nunca había visto algo así, era evidente que la nena era un ángel. Como me sentía confundida, rendida y cansada, le quise preguntar el porqué de toda aquella calma tan horrible. Ella me dijo que no podía decirme, luego dijo: así no se aprende a ser un ángel. No entendí, quise huir, no quería ver a nadie, pensaba que ella se burlaba de mí, no me explicaba nada. Yo quería sentir ira, pero no podía, eso no era parte de mi naturaleza. Yo recordaba ese sentimiento, pero estaba muy lejos, no podía sentirlo. Ella me miró con ternura y de sus alas sacó una lista con letras en bronce. Absolutamente nadie, no hay, ni uno, dijo. Debemos salir antes de que el sol caiga. Porque ellos van despertar y van a matarse los unos a los otros. Fueron engañados, ellos mismos accedieron porque era más fácil adorar a lo que podían ver, decía.

Pero, yo nunca vi nada, es más, no recuerdo ni como llegué a la calma, todo empezó con la calle y esas personas inclinadas, le dije.
¿Tú estás segura de que quieres que te muestre? - preguntó
Sí, creo que eso me daría algunas respuestas, contesté.
Está bien, voy a soplar en tus ojos y verás los tres minutos más terribles de los siete principados.
Luego borraré esas imágenes y nos iremos a otro punto cardinal, me dijo, a la vez que sopló en mis ojos un fuego magenta.
Comencé a gritar de angustia, de terror, de desesperación, cada segundo era más y más terrorífico.
Al terminar lloré como nunca, y ella no me consoló. Sólo me miraba esperando no sé qué.
Luego, habló, me dijo: ¿Nunca te dio curiosidad por saber quién eres realmente?
Le dije: siempre me sentí nadie. Dijo: exactamente, tú no eres. Tu trabajo era ese y lo hiciste muy bien. Ahora verás la verdad, pero debemos cambiarte el nombre, para que aprendas a volar.




(La gente despertó de su trance, y comenzaron a matarse los unos a los otros, los cuerpos de todos estaban mutilados, y hechos pedazos, pero ninguno hallaba la muerte, así siguieron hasta moler todos los cuerpos y el suelo se cubrió de carne, un olor a sangre lo dominó todo. No hubo más muerte, como la MUERTE.)














YIA

martes, 17 de febrero de 2015

CORPUS




Es así.
Si supieran el peso de lo que dicen, no lo dirían.
Si vieran tan sólo. 
Si experimentaran un momento.
-No somos tan listos.
No hemos aprendido nada
y nada es más que negativo en esta recta.-
Es así, abriremos Gomorra con platillos y flautas,
inauguraremos las puertas con pintura escarlata,
y la inocencia huirá de manera temprana.
Es así, daremos voces en cuello, resentidos,
rotos, adultos que no cumplieron sueños sin odiar a otro.
Así la ruina esparciendo la ceniza,
el frío que no tolera versiones celestes,
porque es obsoleto...
Qué pena.
Qué limpios eran los gestos en aquellas palabras
que ensuciaron, qué vano es el reflejo.
Qué injusta la boca cuando habla sin saber
lo que está del otro lado.
Qué odio mueve las masas.
Qué términos usa la vileza para disfrazar
la falta de respeto hacia las cosas sagradas.
Qué vergüenza es ser humano entre tanta bestia agradecida.
Porque creo que si los animales hablaran
de seguro dirían, gracias, cuando los llenas de cuidados.
Es así, hasta aquí han tenido misericordia de nosotros,
sin merecer ni una sola mañana de júbilo.
Pero así pagamos, odiando.
-"Me odian sin motivo" pero creo que la razón existe,
y lo saben.
Me niego a negar a mi Padre, aunque me expulsen.
Aunque quieran matarme, yo tengo vida en otra parte.-
Las palabras siguen vigentes:
"Perdónalos, porque no saben lo que hacen"
Y me incluyo llorosa, mirando el Gólgota,
y viendo de cerca como aún, te crucifican.
Yo sigo aquí de espectadora, sin decir: vivir o morir.
Porque Cielo e Infierno, realmente, no son nombres,
son verbos, y son eternos.








YIA






domingo, 15 de febrero de 2015

21 DE FEBRERO




No quiero despertarlos. Por eso mi voz es suave como este poema.
Ellos saben, en una semana no seré la misma.
Pronto voy a alcanzarlos y el ruido no será problema. 
En una semana estaré mirando de otra forma, besaré con otra boca,
escribiré con otras letras. Hablaré lenguas que darán vida.
No seré un dilema. No caminaré desvirtuando razones,
ya no creerán que imagino pistas secretas.
Todos saben cuánto seduce, cuánto llama,
pero no quiero despertarlos,
porque ellos saben lo que yo sé sin que sea mi turno.
Porque no hubo más tiempo. Se acabaron las fechas
para ellos.
Se rompió el antes y el después del aliento,
con un giro de un designio perfecto.
Yo, no quiero manchar sus nombres, tengo flores para cada uno,
tengo cuentos que debo contarles mirando la torre,
mirando las gemas que no puedo mencionar en voz alta.
Ahora, sé que pasar al blanco requiere el festín de los insectos.
Y quiero que sepas, antes, antes de que coman nuestra mirada,
antes de el río ya no nos nombre, antes de que el mundo no sea como era.
Quiero que sepas que soy feliz, que hay paz abrigando mi
pecho con cada latido.
Quiero que sepan los zorros, los cuervos,
los escarabajos, las mariposas y mis amados los helmintos,
que yo sí te conocí, que lo sepan todas las especies,
que no hay amor como tu amor.
Que te mostraste ante mí, con una manera que nadie va a creer
porque tú quisiste que fuera así, porque para esto nací.
Para hablar de lo inexplicable, para escribir lo que callan los robles
cuando su color cae. Nací, para explicar la luz
de la luciérnaga, y para ti, nací para ti.
En una semana no seré la misma,
estaremos de la mano mirando las tumbas.
No los despiertes, amor.
El amor, seguirá siendo amor, y yo no quiero despertarlos,
porque ellos nos van a seguir para que hablemos como hablan ellos,
para que busquemos a quienes aman, para que les digamos que es cierto,
que hay un hogar lejos de aquí.
En una semana, estaré más cerca.
Voy a morir.




YIA





martes, 10 de febrero de 2015

VENUS


A veces miro la laguna.
A veces, camino por interior del palacete
amando cada uno de mis contornos.
Sintiendo mi piel paraíso.
Yo nada escondo, aquí todo es luna.
Todo es manjar a los ojos que saben
de perspectiva.
Aquí hay mucho que aprender, no crean
que es aburrido ver a las criadas haciendo
tareas que también aprendo.
Pero que no me tocan hacer.
Conozco lo que guardan en la caja de Pandora.
No son vestidos.
Cuando todos duermen, salgo,
camino por los pasillos, cantando el disfrute de mi cuerpo,
la alegoría de mi guardián
que irónicamente duerme para que analicen
lo que queda al menos en esta parte.
Salgo, como quién intuye el beso que espero.
Pues, a lo largo del día he visto
caras que miran la voluptuosidad de mis encantos.
He visto lágrimas de algunos, asombro,
deleite, he visto sí, ojos morbosos, hay de todo.
Hasta he visto hermanas que quisieran andar
desnudas amándose como son. No me subestimen.
Me amo. Sé lo que vale no tener precio, o tengo
y no lo sé, que más da eso, no me importa
si puedo recordar que hay un ser que quiere
robarme desde siempre, no lo hará, pero
yo lo sé. Él me quiere.
El museo está solo esta noche, hoy silbo
Florencia llena de gente que vendrá en la
mañana, y espero que él llegue a adorarme
no diosa y sí, mujer, que me alejo del idealismo
del Renacimiento.
Obviamente consciente y orgullosa de mi belleza y mi desnudez;
no hay cosa que provoque la sensación de distanciamiento
a lo "divino", pues: miro de un modo dulce,
cómplice con el mira y decidida al que me observa,
mientras mi mano se apoya sobre mi pubis,
tranquila, porque no hay pecado en ser mujer.
Porque aún desnuda, sagrada pureza me adorna,
cuando los ojos con amor miran.
Ya casi es hora, debo entrar a acariciar mis telas.
A ver al perro durmiendo, mientras las enigmáticas
criadas hacen su trabajo.
Si estuviera en otros tiempos me haría una foto
cada día, no haría caso de lo que dicen, amaría ser
yo, soy quién conoce mi estima.
Él volverá a visitar las obras, pero no se irá
sin pararse a verme,
y decirme con sus ojos que quisiera entrar
a despedir a las criadas y que por supuesto
que con sus ojos, diga, y mire, me mire...
que me mire diciéndome que se muere,
por ver el paisaje.



YIA




Pintura de Tiziano. Venus de Urbino, 1538. Óleo sobre lienzo, 120 x 165 cm. Galería de los Uffizi, Florencia.








lunes, 9 de febrero de 2015

SEXO




No preguntas. Dispones los labios. 
Extraes el tiempo que desaparece.
El roce se siente quemando dulce. 
El beso largo hace que responda mi cuerpo. 
Hemos hecho el amor, aún no amanece.
Aún investigas mi cuello.
Bebemos las horas boca a boca
y no parece que nada más exista.
Todo gira en su dolor sublime, centrifugándonos.
Como si algún oráculo supiera que mezclarnos es certeza
de que la urgencia puede esperar si tu boca recibe mi pecho.
Sé quién eres.
Eres tú mirándome desde ti como si todas las
palabras resumieran tu alma
que también desea clavarse en mi todo.
Mi ombligo siente una tormenta cuando pasas
tus manos por mi vientre ahora hecho mares rabiosos
chocando con las islas más bellas que existan
repletas de sirenas doblemente sedientas de un nombre antiguo.
Embiste lento, tu fuego,
por paredes húmedas de esperar que el cielo
se me caiga encima para llevarte a las nubes.
Es dulce, a la vez, fiero, a la vez gemidos
estallan suavidad en mi voz, casi silencio, pero sonido...
y no sé qué, y no sabes qué alquimia, qué pasión o qué poema

nos está nombrando de extraña manera.
Contigo adentro, un libro escribe dos amantes

desnudos amándose como nunca.
Desde entonces sé sostener el cielo
con la punta de mi lengua,
cuando le digo tu nombre a la nada,
cuando vuelves a besarme,
como me besas.



Un rayo de luz entra por la ventana.




YIA









domingo, 8 de febrero de 2015

KYRIE



He visitado la diestra,
acompañada de unos pasos ciegos y,
en cierto momento caí, como caen las plumas.
Como caen las plumas de un pájaro
que no sabe que adentro vive su jaula más amplia.

Eso no se dice. Interrumpen.

-Yo no hablé. Estoy cantando. Yo canto el Kyrie. Fui yo la que canté.

¿Quién te dijo que podías? No puedes hacer eso enfrente de los árboles, en este monte ya no hay olivos como los que habían. Después de la uva, el opio, la espiga. Pero antes de ti, la lepra.

-Y entonces, canto el Sanctus, Sanctus, Dominus Deus.

No, ese tampoco. Si cantas eso se levantarán las orillas del suelo en donde yacen los milicianos. Has quebrado las montañas sin pensar que debió morir Barrabás. Había que evitar la profecía. ¿Cómo vas a pensar que Abel perdonó a su hermano? ¿Qué pasa que los de ahora rompen más reglas? ¿Qué hiciste con tu ley de vida terrestre? No te dieron la voz para quebrar los triángulos invisibles. ¡Cállate indómita!

-Te juro que jurar no está bien, pero yo, se lo diré a Yahvé, que tú, has pernoctado aquí para que no se escuche mi Kyrie, Kyrie, Kyrie, Kyrie, E-E Eleison, Kyrie, Kyrie, E- Eleison, E-E-E Eleison Kyrie.

¡Cállate, sutil pesadumbre! No vas a cantar mientras yo tenga la espada y el escudo.
La espada y escudo. El arpa ha callado, y desde hace mucho, no hay sonido. No lo habrá.

-Y, ¿tú quién eres para saber? No sabes nada, yo también tengo escudo y espada.
 Escudo y espada: Plenitus Coeli, Coeli Etterra, no lo ves, no lo ves, son mis cantos mi armería entera. El arpa no suena, está bien, yo canto a cappella. ¡Aléjate, alma en pena!
La guadaña sabe que mientes, te espera.









Pintura: Akane Kramarik- Innocence


YIA












Trípodes






Querido amor, entraremos ya. Allí está, en algún sitio crítico. Arden las manos ahora, tiemblan...
En esa parte de esta prehistoria humana en la que nos encontramos inhumanos en algunos pedazos de los días. En esa simple entrada que abre sus puertas con una chispa decisiva, ahí donde llueve y espían las rosas rojas de llanto y sangre, y ciencia que no aprende nada. Mítica que de nada sirve. Allí pactarán. Con el suelo en cuadros. Blanco y Negro de invasores. 
Luz falsa, estudio de la simbología del vacío. Neuronas que en vano trabajan para tocar algo que no pueden. Planes de orden para el desorden. Cruces de rayos que se pierden sin ser vistos, 
y esquivos los ojos del pensamiento que se van haciendo ceniza 
y nada de magos ni magia que diga abracadabra, ni ensayo de la venida del antagonista. Ya pasó y esperan sentados. Ya las tinieblas anunciaron hace unos días cuando-- a firework, el más duro de los golpes. Se reciben las fauces, y en ellas caben, todos caben. 
La belleza enmascarada con sugestivos ademanes. Y entre sus dientes bestias arden, retorciéndose alegres de la marca que emplean en el crecimiento del número. Ese número.
Montó la elegida, que tendrá de premio un vaso, sangre de la serpiente --beber hasta el fondo sin respirar y al cuarto de azotes. Luego belleza/fama/dinero en ella la gran ramera desciende sin tiempo hasta el final, hasta que otro cuerpo la atesore. --Otra mujer con la copa de violencia dará un anuncio importante entre aplausos de ignorantes que como filósofos tampoco saben, se hacen parte felices. Pérdida tras otra, ni un cuándo, ni un cómo, ni un dónde, las lágrimas de cuántas menciones vamos a impedir nosotros los que vemos. --Ella pidió amor, también le prometieron amor, pero le darán muerte. Van a torturarla sin parar por catorce días --limpiar la sala de gritos, que no quede ni gota, ni olor a martirio. Y a mí por contarlo me buscan las sombras para que de un tiro puedan estrangularme. Cortarán las cabezas de aquellos que sepan, bautista de Jordán, pronto no tendré la mía, amor mío. Expiaron las llamaradas de los trípodes, corrupción y tinieblas, dominándolo todo. Sólo tengo alma. 
A los iluminados hay que amarles las sombras, de lo contrario la luz que no entienden enceguece al que está mirando, porque el iluminado tampoco entiende. Sólo se queda flotando mientras el fuego dice.













YIA










jueves, 5 de febrero de 2015

CONTANDO A NANA



La canción de un filme se te clava en los sesos. Oxida las gárgolas del lado izquierdo, penetra los vergeles derechos y los quema al llegar con sus pausas. Y yo, invento el filme con esas ruinas que han quedado. Cualquier día, me da por ser accesible al verbo y mostrarle las imágenes del ambiente posible y los puntos débiles de las vendettas y los planos, para anotar las bajas en mis papeles protagónicos. Me torno pasiva por momentos, lleno todo de estampas populares y de grandes arbustos, con tal de poner un árbol que siempre, siempre, esté prohibido, hasta nuevo aviso, claro está. Hay quien tiene memoria de mosquito, así que me reservo los planos por un tiempo y voy directo a la traducción.
La idea es apurar a la gente de las calles céntricas y abordarlos con un latín iglesia, non stop. Como si el idioma original no dijera lo mismo. Cuando me ves allí entre ellos, tomo la forma de Nana en (Vivre Sa Vie) de Jean-Luc Godard 1962, porque tiene pinta de mojigata, inocente, elegante, porque no fumo, y entonces, puedo interpretar una fumadora empedernida, deseosa de ser especial en aquel bar donde iba a firmar su ida al infierno a manos de hombres libidinosos. Así toda vulnerable, con algo de niña en la mirada, especialmente llorona, filósofa sin saberlo. De ella no tengo mucho, pero la perdida mirada y el gusto por las pinturas idiotas, el cine, los ritmos traviesos, los relatos eróticos sin ortografía, espera, espera, esos no, de hecho no me gustan, pero recuerdo que hago el papel de ella. Sobre todo, cuando cae al suelo después de los balazos, ahí sí soy idéntica, esa parte tengo que incluirla algo distorsionada pero parecida. En esta fuente de impresiones anoto lo inexpresable de los ojos pardos, y engullo silencios para demostrar que siempre comeremos del árbol. Así que, de nuevo entro en el filme y cobro vida, digo que no muero, y la canción sigue sonando ahora en un francés que parece decir adiós al mundo, pero que sólo hace la entrada a que Nana aprenda que treinta años de paz no es nada y que pronto habrá miles de balazos más, de los que puede sobrevivir si rectifica y de paso deja de fumar. La canción termina desordenando el espíritu y mi filme renace de la oscuridad, haciéndose luz, en alguna sala de especies romances y silencios escritos con sangre, de una simple observadora que escucha limbos y puede ver una hermosa mezquita en vez de un lagar. La canción ahora desaparece, ha sido borrada -por un tiempo- de mi memoria de elefante, -dicen- que sólo tendrán memoria de ella los de vestiduras blancas, los 144, 000, por supuesto, contando a Nana.








YIA
























miércoles, 4 de febrero de 2015

VERSIÓN SANO JUICIO


Es como, me gusta el fango, amo el fango,
como los cerdos espero que me echen perlas,
pero aquí sólo han echado demonios.
Son muchos, por eso Legión es su nombre, -y como todas las
manzanas podridas quiere que todas las manzanas se pudran.-
Y caer pendiente abajo, con gusto,
así el aplauso se siente mientras me corto con las piedras,
así la atención se retiene en mis cadenas.
Pero sigo barranco abajo.
Porque allá de donde vengo vienen las quejas
y siento tumbas, pero no busco salir de ellas ni del fango,
y me quedo así, porque qué satisfacción que mi dolor vean,
mientras tiendo la embosca y justifico mis vampiros energéticos
que roban aliento para que se infle mi espíritu maligno,
-que se divide en varios-
que recreo una y otra vez para sentirme entre la hoguera
y que todo el pueblo vea
como me queman, en supuesto sano juicio.
Echaré culpas a quienes no la tienen, porque señalando a otros,
dedos de mi mano me señalan,
("Tú seguirás siendo una hiena, etc... declara el demonio
que me coronó con tan amables amapolas.
"Gana la muerte con todos tus apetitos,
y con tu egoísmo y con todos los pecados capitales")
y cito a Rimbaud,
para jugarle una mala pasada a la locura.
Ya los estoy convenciendo, que vengan las perlas,
me gusta el fango, como los cerdos.







YIA





RÍO CRISTAL, CALLE 7


No lo saben, abuelita,
pero ellos también lo perciben.
Van con su cara al sol, suben al trolley, bajan.
Fuman, comen, beben, trabajan, y repiten eso
todos los días.
Yo escribo. Los veo, soñando
nubes claras, con la sonrisa de quién aman
en la frente, entre ceja y ceja, se la noto.
No todos tienen alma negra, abuelita.
Ellos pasan por la Catedral,
Mayagüez siempre bonita,
pero llora un canto, subiendo la Mckinley.
El Teatro Yagüez, parece un relato anónimo
casi contado por cristales que hacen de prismas
si los miras como yo los miraba cuando era niña.
Desde mi pueblo, a veces, crecen árboles hacia
el mundo, y yo suelo subir a las ramas, abuelita.
O pienso que lo hago.
No lo saben, pero los transeúntes lo intuyen,
cantan, juegan dominó, van a los helados chinos,
compran artesanías, conversan, vuelven a sus casas,
y repiten eso.
Les falta algo, abuelita.
Yo lo veo. Yo paso por el Puente de Sábalos,
abuelita querida, y sé que tu casa está cerca,
y se me hace un nudo en la garganta.
De lo que te salvaste, abuela.
Vienen tiempos difíciles, y a veces, quisiera
poner un muro invencible, una fortaleza enorme,
pero nadie va a entrar,
quizás sólo las bestias y las aves como en el arca.
Miro el mar, ahí cerca de Joyuda, veo Isla de Ratones,
y el horizonte, ellos no lo saben, abuelita.
Siempre recuerdo lo que me leías, y no me avergüenza decirlo,
me leías la Biblia, todos los días.
Aprendí a verla de otra manera, no como otros la ven,
no saco cosas fuera de contexto,
aprendí a amar la riqueza de su literatura,
sus misterios, sus relatos, su poesía.
Abuelita no soy religiosa y no lo seré nunca,
no seré sepulcro blanqueado.
Me enseñaste cosas que ni la escuela,
ya me conoces soy un desastre,
al César lo del César, y lo demás lo citarías conmigo si estuvieras viva.
Ellos no lo saben abuelita, las tragedias se repiten,
los tiempos ya están planeados, hay guerras, hay muerte,
pero también hay vida y sólo verán lo negativo,
porque pasaron de las promesas que no van a fallar,
pero algo intuyen, y lo niegan.
Porque todo lo que pasa es historia de más historia.
Nada nuevo hay, todo se repite, como las tragedias
y las glorias.
Por eso cada vez que paso por tu casa,
me pongo triste.



YIA