jueves, 29 de enero de 2015

GUSANOS




En la vibración interna resurgen las huestes
que se inclinan a un bien común.
Todo cuánto allí pasa es sólo silencio de una forma reptante
y caprichosa,
pero detrás de esa fuerza, se retuerce una visión oscura
demasiado horrible como para describirla.
Pero yo,
he pasado ha comprender parte del sinsentido
como buena gemela de Ligeia.
Como gran conocida de Rowena Trevanion.
Me he sentado junto al murmuro y al susurro
hecho a la imagen de un alto pecado
de un demonio que no puede
tocarme sin pedir permiso de algún serafín pálido.
Ha empezado el drama fúnebre con una canción
mortaja que exuda un olor sanguinoliento
que reta al oxígeno para que palpiten las sombras.
Un gesto amable de su rostro frente al mío
tira la imagen como de un teatro, porque
quiere interrogarme en un ambiente digno
de mis designios, por no decir de mis talentos,
y no quitarse el velo ni aceptar que le teme a mis colmillos.
Sé que le parece que en mí hay una turba
que no puede enjaular fácil y mi alma le intriga,
bien sabe que conozco el camino
vermicular frente a las horas, un frío laboratorio.
Sabe de gusanos, esta maldita, dice entre dientes,
y yo puedo escucharlo, y fingir que no escucho,
-alzando la ceja-, luego sonrío al ver el telón a medio subir
(para que no sospeche)
-Sólo por maldecirme tendrá
otros mil años de tortura pero eso aún no lo sabe-
Qué desea de mí, le pregunto, mientras
paso la mano por mi cabello ahora teñido de rojo.
Quiero saber por qué me causas angustia mortal
y me asquea el sólo saber que puedes hacer rugir
a una tormenta con el chasquido de tus dedos.
-pregunta.
Ah, sí, ¿quieres ver que comienza la orquesta si digo
que suene? ¿quieres saber si se llena el teatro
si anuncio un tumulto?
Causa gracia que tus supuestos poderes se sientan intimidados
ante esta simple mortal que ni siquiera ha llegado a los años
que llegó Cristo cuando pisó el suelo.
No comprendes que he sido el horror del alma
de la intriga, que los alados fantasmas de las
masas corales revolotean ensimismados en mis
rizos.
¿No has notado que aunque viva estoy muerta
desde hace mucho?, es la paga de la carne,
ya veo que no eres tan sabio.
Lo que pasa es que mi nombre no está en tu lista
y yo no vendí mi alto tesoro.
Ve a engañar a otro si puedes y él se deja,
al negar el sacrificio. -le digo.
(Confundido camina de un lado a otro)
El teatro se llena de almas sin cuerpo que
entran de forma solemne con una vela de luz infrarroja.
(El demonio se retuerce aturdido y por fin decide apartarse
sin la respuesta que esperaba)
Cae el telón. Todo vuelve al principio,
-huele a tierra cuando ha llovido-
aquí sólo vence el gusano, y créeme, son muchos.








YIA






martes, 27 de enero de 2015

SED


Como tres días sin beber agua, y el desierto.
Sed.
Así es no tenerte. 
Agua.
-Qué tal si encuentro y está amarga.
Como el agua de Mara.
Como en Mara sin el árbol que al ser echado
hace que las aguas se vuelvan dulces-
Sed.
A un lado la duda, fuera.
El árbol ha sido echado, para nuestro amor.
Oh dulce,
-Cuánto sanas cuando honras tu
estatuto y cobras tu saldo al hablar
para que atentamente escuche-
no hay duelo.
Cuán gloriosos son tus besos cuál Elim,
tú mi hombre, mi oasis.
Amor, amor mío.
Tú eres agua.
Tú mi vista a las setenta palmeras,
mi pase a las doce fuentes, para que acampe
junto a las, aguas limpias.
Tus brazos, tus manos, que envuelven mi desnudez
con la ternura que hace que me tiemblen las piernas,
que tiemble toda, que eternamente me dicen
que si bebo de ti,
no volveré a tener sed nunca.








YIA

lunes, 26 de enero de 2015

Dos locos

Dos locos.
Eso es lo de menos.
Digo, te necesito pero.
Dos locos, viendo las estrellas
escupiendo en el suelo
para ver quién llega más lejos.
Digo, te quiero pero.
Dos locos son menos locura.
Digo es más normal, ¿no?
Que una sola leyendo
por cuarta vez un libro.
Escuchando voces
y escribiendo lo que dicen.
Vaciando el paquete de fresas.
Digo, te adoro pero.
Tú clamando a un cielo
que tocas fácil, pero que no crees
que tenga ángeles.
Haciendo garabatos de algo
que próximamente será un poema.
Digo, una tarareando sin sonido
sin que tú continúes la canción.
Digo, eso sí que no.
Sintiéndome una aparición y tú
apareciéndome con los dedos.
Con los dedos
Con los dedos
Digo, vaciar una copa.
Sin que bailemos un tango malo.
No.
Eso sí que no.
Te amo, digo, sin peros.











YIA










Ahí está la mirada punzante
dispuesta a juzgar lo que no comprende
Alimentándose del espacio del otro,
que no le pertenece
Ahí está la burla expuesta en la lista de infamias
y la mucha plática que encierra mentira
Ahí va con su sonrisa falsa pendiente
a lo que hace o dice el otro
para tapar su descontento consigo mismo
Ahí va a mortificarse
porque no acepta que para vivir vinimos
Qué le pasa a tu espíritu
Qué no tolera tu rabia
Ahí el desconocido


Yia






Le gustas, le gustas mucho.
Te tiene ganas, muchas.
Te mira, no deja de mirarte.
Le gustas, no te lo dice,
Te besa.





Yia



viernes, 23 de enero de 2015

A LO SUMO


No has pedido sacrificio alguno sin embargo, restitúyeme.
Inventa un monte para que lo suba a entregar mis entrañas,
que no quiero nada que no sea benevolencia y con ella
que se arrastren todas mis mañanas resumidas en misericordia.
Y es que, no hay hisopo que contenga mis ríos,
quizá por eso soy agua, creo que de tan húmeda
tuve el descaro de podrir todos los cintos.
No has pedido sacrificio alguno, sin embargo, aquí todo es holocausto,
y mi boca escupe el áspid y no retiene veneno que lleve nombres.
En lo secreto me harás conocer sabiduría así como
en secreto también has llorado el desconocimiento
que llevo grabado desde que arruiné la belleza intacta del árbol.
Me has perseguido para que diga cosas y para
que otras mueran conmigo, también,
me has mostrado a los que reconocen al instante el lazo inequívoco.
No te agrada que me desprenda de esta manera,
no te deleita que deje todo lo que más quiero,
de lo contrario yo lo ofrecería.
A lo sumo.
Es verdad que no sé si ellos van a perdonarme,
pero yo sí, pedí perdón.
Entonces, ahora que no desprecias que mis lágrimas digan
total verdad, abro mis labios para decirte lo que amo de la justicia.
He conocido el amor en su estado más puro,
me has mirado como miras a tu cuidad.
Tu abrazo es tan sublime, tan inmenso es tu cuidado,
que has puesto muros que no se pueden derribar.





YIA





















martes, 20 de enero de 2015

SALEM (2)




Estoy bien, madre. Sólo quería saber de ti, sentir que hablo contigo. Los extraño.
Extraño tantas cosas. Extraño hasta el suelo polvoriento. No puedo ignorar lo que está pasando, duele en cada uno de mis huesos. Cuando duele más, cierro los ojos y me veo con el hilo en las manos y en lo alto el volantín del abuelo tomando posesión del cielo, puedo sentir el viento en mi rostro; llevo puesto lo que fue de mi padre. También recuerdo cuando saqué del pozo al perro de Marita, me sentí un héroe, aún puedo ver el rostro de mi hermana cuando llegué con Ogur en los brazos. Pero no te escribo para contarte eso. 
Todo va bien, esto es grande, ahora nos llegan nuevos pedidos, hemos expandido el negocio, trabajo con gente de confianza y muy eficiente. Hemos triplicado las ganancias del año pasado y ya sabes, todo lo enviaré para ayudar a que reconstruyan la escuela y que arreglen algunas casas. Pero no les digas que proviene de mí, lo entregas y dejas que ellos se encarguen. Quiero contarte de ella, madre. Hay una mujer, es muy especial. 
A ella le conmueven muchas cosas, siente angustia por mi pueblo, no lo dice, pero veo cómo mira cuando hablamos cerca de ella. Y a mí me dan ganas de abrazarla y de no soltarla, de besarla infinitamente. Pero no lo hago, yo la respeto, aunque la deseo más que a un odre con agua en medio del desierto. Voy a ganarme su corazón, como papá se ganó el tuyo. Sé que debes extrañarlo, pero sé que aunque él ya no esté, de seguro está orgulloso de todos nosotros.


Con amor siempre, tu hijo, Salem.



YIA

lunes, 19 de enero de 2015

Leyendo a Deleuze con fondo de Mahler




No nos perdonarán.
No van a perdonar que los doce estén de mi lado,
que estuve en el asesinato de las sombras.
Que comí con los de aquella mesa
y que cuando me levanté dije gracias.
No van a perdonarnos, no.
Y menos por andar vociferando verdades
con fondo musical de Mahler.
No, eso no lo tolerarán.
No nos perdonarán por ser los primeros en la fila de la horca
y por la ruleta rusa que jugamos antes del sexo,
- amor ya te dije que si se enteran-, no van a perdonarnos.
A mí por lo menos diez años por blasfemia,
cinco más por hacerles comer las piedras que iban a arrojarme,
y por mostrarles la viga entre pupila y punto ciego.
No nos perdonarán.
No van a perdonar que fui a hablar,
y que en vez de escuchar tuvo una erección.
Que yo tengo la culpa por parecerme
a la estrella porno que venera, y bueno que,
quién me mandó a saber de parasitología.
Que yo tengo la culpa de la cintura
y que la cara de santa no me quita que le den
ganas de arrojar la sotana, digo el anillo.
-Por aquello de no perder la costumbre ante una más joven,
pero pobre le tuvo que doler la patada. -
De las cosas que paso, amor, si supieras.
No van a perdonarnos, por escribir sin demora,
a diario, como si cada día tuviera su propio afán
y sus propios gritos de desesperación.
Claro, cada día como si fuese el último.
No, no menciono eso, porque tampoco me lo perdonarán.
Menos que lea a Deleuze y a Foucault,
y que recite cosas de memoria.
Que el arte me ame, y pueda tocar la infinita belleza
con una lágrima.
No van a perdonar que haya hecho el amor
una y mil veces con el Fausto de Goethe
y que en cada intervalo me citara con el diablo,
y que le secara la lengua con algún salmo,
sólo por verlo temblar y reírme.
No van a perdonar que nos amemos como locos, no.
Porque ellos nunca han perdido la cabeza,
porque son perezosos y sólo bla-bla, y nada de arriesgarlo todo.
No, nada de dignificar la especie, y nada de extraordinario,
nada sobrenatural, porque eso no existe,
porque son unos miedosos como para creer en Dios.
Pero no los juzgo, y sobre todo, por eso,
no me perdonarán.
Y a ti, por ateo, menos...







YIA























sábado, 17 de enero de 2015

SALEM






Vi a Salem en aquel lugar. Sus ojos prendidos hacia el encuentro. Fue todo preguntas, algo de nervios. Luego paz cuando hablé como él. Se entrelazaron cosas inmutables que podría describir sólo con poesía. Escuché lo extraño en su ser y cada manifestación de no sé qué cosa que cada segundo amé.
 Es un extraño para mí a pesar de que siempre está cerca, no cree como yo, y eso es muy interesante, pensé. Habla como si todo fuese rima, sonríe entre palabras como si disfrutara hablarme de, ¿negocios? seguía pensando.
Adiós, le dije, debo irme. Dijo, está bien.
Regresé con Yuma, ella me contaba de lo codiciado que era el dueño, me contaba de sus viajes, yo le decía que no quería saber, que de seguro él tenía miles de secretos que respeto. Yuma fantaseaba con ser una de sus esposas y decía chistes al respecto. 

Yo le decía, Yuma, tú estás loca, cómo vas a querer ser una más, 
no seas tonta. Al día siguiente, conocí a Marita, o así le decían, ya había escuchado hablar de ella. Era la hermana de Salem. Cuando me vio, dijo, tú debes ser la que se atrevió a contradecir. Tienes los ojos como me los describió. Yo, la miraba sin decir nada. Me tocó escucharla todo el día, nos hicimos amigas. Supe que Salem no tenía cuatro esposas, 
ni 70 casas como decía Yuma. Supe de lo sacrificado de su trabajo, el sufrimiento enorme que tuvo que pasar su familia y hasta entendí el porqué de su fe. Dejamos de hablar porque él entró, los hermanos, entre sí se miraron como si tuvieran cierta complicidad o supieran algo que yo no sabía. 
Trataron de disimular, y yo me sentí con ganas de salir de allí, así que inventé una excusa para ir a dar una vuelta, y volver luego. Salem tomó mi mano, y dijo, quédate. Dijo, he oído lo que siempre han dicho de mí, 
no hago caso de los chismes, pero si fuera cierto, las hubiese dejado a todas, por ti.
No te creo, no te conozco, le dije. Él me dijo, yo te leo, tú no me conoces, pero yo a ti sí.




YIA

Como Kir y Ar




Destruida y devastada una parte como Ar de Moab.
Destruida y devastada otra como Kir de Moab.
Todo en una noche, todo cayendo encima invisible de manera particular. 
De cilicio ceñida toda cosa en los ojos como monte de Hesbón.
El lloro no escuchan pero está,
extendido en un ruego de sangre que arrastra las calles,
las plazas, terrados también con cilicio ceñidos están.
Gimen tanto la causa, deshechos en lágrimas, rapados
de todo lo que causa sonrisa, desmembrados 

de todo lo daba deseos de cantar.
Un día el espejo no entiende el rostro,
un día un proceso se vuelve las horas y no hay consejo 

sino el propio para poder continuar.
Un día el desierto oh hija de Sión, desnuda tu cabeza,
y se agotan las aguas y las aves se van, o así te parece,
o así percibes que el mundo siente.
No es destrucción, ha cesado ya, no es ruina que espante
tu carita de cielo, oh hermosa moradora de tierras sin paz.
No hay calvicie que aleje tu estrado como cuesta de Luhit.
No hay lágrima que rompa el amor de quién toma tu mano

 -en forma de hombre-, cuidándote tierno, resguardándote feroz, 
como estaba estipulado, 
como cordero y león.




YIA, con amor...

























jueves, 15 de enero de 2015

"A place you need to reach"





Surgen ropas mojadas de almas y aceite, almas enclaustradas
a un celoso espectro de voces de un día sin igual, que contiene
la torre y sus lenguas. 
Entrando por ellas, y no por el antes conocido elemento
que servía de mucho pero no tanto como cuando llegó ese día.
Siendo, fundamento, extremo de lumbrera
por la cual todo gira desde el hágase de la boca primera.
Desde un niño que oye, ve y siente autoridad,
no como escriba que habla, sino como vector desde la cuna.
Todo cuánto toca, todo cuánto arde es consumido cuando
produce el efecto intenso radiante, distinto al frío de la luna,
diferente y contrario a toda tibieza, que no es izquierda ni derecha.
Que no es agua, tierra, viento, ni cosa con fuerza naciente.
Pero posee voces largas y alguien grita un clavo,
un metal desconocido resuena cosas azules adentro,
y rojos que anaranjados cruzan misterios, que se avientan,
si alguien decide que mueran las horas
sentado o inclinado en flama abierta, o alto mirando
algún poder que derrite lejos y cerca, pues nunca termina
y su procedencia trasciende cabeza pensante alguna.
Un calor que estriba en sucesos, aviso incontable que es
puesto en cada ser que involuntariamente respira.
Los expertos de seguro están equivocados 

o cuestionan lo incuestionable.
Porque no es amenaza algo que purifica.
Porque haya uno parecido abrazando las placas tectónicas,
no significa que no limpia, eleva, y hacia arriba.
Aun, aunque se parezca al que abrasa, -aún más abajo-
al crujir de los dientes, no es igual en su proceder
cuando proviene con el mandato de estimular, apasionado.
Que si es energía, que si transforma, que no hay piromancia,
ni pirómano, ni alquimia, ni herrero que espada moldee de tal forma,
que clarifique, esclarezca y dicte, una ilustración que está
fuera del alcance de ojo alguno, pero que si quema, quema.
Sin disminuirse con el tiempo y su origen es inagotable para contar
fielmente que, todo lo que tienes es tu fuego, y un lugar a donde ir.






YIA


























miércoles, 14 de enero de 2015

Aquí la casa es hogar, y el hogar es amor




Llega un punto en la vida en el que todo parece un sueño y no quieres despertar, luego notas que estás despierta y decides seguir con el pedazo de gloria que ha venido sin que lo planificaras. Porque hay regalos que no tienen precio, que son tan altos y tan anchos que no sabes como mirarlos sin que por dentro todo se vuelva inmenso.
Aquí la casa es hogar, y el hogar es amor. Aquí la casa tiene huellas de gestos imborrables que dibujan cientos de conversaciones en las paredes, miles de risas locas y pasos de baile en la sala. Aquí la vida ha resucitado con un soplo que se respira cuando abres tus ojos y te veo tratando de que no me fije que me estás mirando cuando cepillo mis dientes.
Así, con todo nuevo, terminó el frío, desde que adiós al invierno, y nunca más pulmonías ni la tos, de la falta del abrigo perfecto para mi cuerpo.
Desde que te vi, supe, sonó una alarma en todos mis sistemas, que me no dejaba escuchar mis pensamientos, y no sé cómo pasó, que brotó tanta poesía que, no sé cuántos poemas, no sé cuántos tienen, el efecto de tus besos.
Y dices de mi sensualidad y yo me siento tan graciosa, y yo no veo todo lo sexy que dices que tengo, que ahí voy, siempre dañando lo bello que dices, con un chiste malo, es tanta la química contigo que tú también terminas diciendo uno peor que el mío.
De nuevo, la risa, entonces te miro, y enciendo la chimenea de tus pupilas con mi leña de ojos de trópico, y así fuego contra fuego, en la alfombra o quizás encima de la mesa, cual sustento. Cuando te conocí, nació la palabra, mundo. Nacieron los astros, y nací yo, o estaba dormido este sentimiento en alguna parte de mí, que no supe que vivía sin haberte visto. Fue, como cuando abres una lata y te cortas, como cuando coses y te pinchas con la aguja, casi sin darte cuenta, y te dan ganas de decir una palabrota, porque el ay, es tan rápido, y tan ay, que el corazón juro que brinca distinto, y el alma se va corriendo y regresa en micro segundos. Así, de relevante, así de sentido, a los sentidos. Pero no es dolor, dolor, es el placer despertando el placer más placentero que el que se siente: antes, durante, y después de un orgasmo, con todo y crescendo, pico, culmen y sosiego.
Tú derretido en mi abdomen, queriendo repetir, no sé cuántas vidas y cuántos mundos a mi lado y de mi lado aprendiendo a yo aprender de lo que aprendes.
Y que la vida, sea tu pelo, tus canciones tocándome lento cada pliegue, cada silencio, y que mis senos sean fuente que paralice... lo que estoy escribiendo ahora, porque recordé tu cara la primera vez que los viste, y dijiste, tanto los soñé y se hacen realidad mis sueños cuando te miro. Y estás tan enamorado que me da miedo dañarte con mi egoísmo humano y mis fallas de ser de carne y hueso, y estás tan enamorado que te da miedo dañarme con tu yo tan tuyo y tus errores de ser extremadamente imperfecto. Por eso, el miedo se ha disipado y aquí, andamos totalmente desnudos, dando todo, convirtiéndonos en uno. Aquí la casa es hogar, y el hogar amor. Aquí salimos a comprar libros de todos los colores, de todos los tamaños y autores tan valientes o tan cobardes como nosotros. Aquí hay riqueza en belleza sencilla, en calor y abrazos cuando enfermo o enfermas; hay cuadernos simples con sentimientos complejos y mucha gloria escrita con amor y sangre, con lágrimas y gritos silenciosos. Aquí comemos saludable no para vernos flacos y felices, sino para ser saludables comiendo para seguir, amantes, amigos, científicos del tacto y el alma, filósofos de la nada, artistas y bohemios. Aquí bailamos descalzos dándonos pisotones como auténticos enamorados que saben bailar pero estamos mirándonos con tanto amor que nuestros pies se vuelven torpes, tan torpes como dos locos, que regresan a casa después de extrañarse en sus respectivos trabajos diarios. Aquí siempre se vuelve a casa, pero antes, de camino, siempre recuerdo que dices: qué hice para merecer una mujer tan preciosa, por qué merezco una genio con tanta grandeza, con cuerpo de guitarra y ojos de miel dulcísima. También recuerdo que me da risa cuando dices eso y no entiendo de grandezas, para mí lo grande son las luces del cielo y el canto de los ángeles. Yo, por otro lado pienso, que fui yo la afortunada, por coincidir con tu inteligencia suprema. Fui la agraciada por encontrar a un ser tan hermoso que se acerca claro, clarito, a las luces, y que parece un ángel que ha cantado tanto en el cielo, que ha sido enviado para anunciar un milagro que quizás con el tiempo, habite en mi vientre, y salve el mundo.


YIA




















martes, 13 de enero de 2015

En tono de Sigionot




En tono de Sigionot
Descubriste todo de arriba a abajo sin dejar nada,
como si la nada se inundara de recuerdos.
Haciendo que hendida la tierra oculte un río y que el mar,
el mar en su propia ira naufrague.
Con lanza y fulgor se dio a conocer que un brote contiene
la pestilencia que se despierta si es nombrada como se debe,
y sus pasos sigue, como puede,
una plaga que se vuelve irreductible,
si es llamada con voz grave.
Volviste del mar de las aguas inmensas, y yo,
quedé en la orilla escuchando virtudes,
dejando atrás toda cosa que por sí misma se devore.
Aun, mientras dormía, me levantaba mi propio nombre,
y entre sobresaltos, callé que temía,
y sostuve un abismo en mi garganta,
para decirle al sol y a la luna que se detuvieran por otro instante,
para entender que nada es comprensible en mi cabeza susceptible.
Allí, en medio de todo, teniendo presente tus manos,
vi, cráneos de distintos guerreros,
traspasando con sus propias saetas sus huecos,
vertiendo su propia opresión,
y comiendo de nuevo de ella,
con el placer del que consume en secreto al menesteroso de corazón.
Yo, bajé mi cabeza,
y nuevamente mi garganta guardó silencio,
al ver tus manos pausando la historia,
con la mies que es mucha, y obrera soy.
Te dije, por fin: Ten en cuenta la piedad en los ojos,
la piedad aún se puede ver desde aquí,
aún hay obra por la cual fueron juradas las palabras.
Todavía son eternos los caminos que empiezan
cuando te marches con tus caballos sobre el oleaje.
Todavía tienen vigencia las líneas
de tus manos que ocultan la perfecta luz.
Ahí radica la verdad absoluta, la única verdad,
y quién soy yo, para que escuches mi voz.













YIA












jueves, 8 de enero de 2015

DAD


Todas las noches, papá me contaba un cuento distinto sobre un sapito.
El sapito hacía proezas y sus hazañas cada vez eran más impresionantes para mí.
El anfibio cambiaba de tamaño siempre, se ponía grande,
dependiendo de la situación que enfrentaba.
Pero yo notaba que las más grandes proezas las hacía sin nadie las notara,
cuando estaba pequeño, y yo sonreía mirando a papá, 
porque yo también era muy chiquita, para ese tiempo.
Yo preguntaba mucho, y una vez le pregunté a papá:
-Pá, por qué el cuando el sapito se pone grande sigue llamándose sapito
y no sapote o sapo grandote.
Y papá me dijo que era, porque él nunca debía olvidar su diminuta condición.
Yo miré a mi papá, y después de que me contestó, me dormí.
Nunca le dije que entendí. Nunca le dije el bien que me hizo su contestación.
Gracias, papá.










YIA






















martes, 6 de enero de 2015

Símbolos




Nunca supe lo que era hambre
hasta que las rocas me parecieron pan.
Nunca vi las palabras hasta que necesité callar.
No puedo evitar mirar una casa e inventar
las caras de quienes viven ahí.
No sé discutir sin primero escuchar.
No sé mirar el rojo sin pensar en detenerme.
Analizar el valor del no, en el semáforo que siente.
Ver en el verde -el sigue camino, y no mires atrás.
Creer que cuando el ámbar se asoma, me dice,
puede ser, tal vez, quizás.
Nunca supe que era la nota más alta hasta que canté.
No conocí hombre hasta que dejé de pensar
que el único hombre de mi vida sería papá.
Y perdí la inocencia muy pronto, y perdí
la inocencia en los libros, y no en el bosque
con el lobo hambriento, y no en lo que dice
todo el mundo.














YIA

CARRO DE FUEGO

Corre, corre, corre, corre todo lo que quieras.
Baja a la cueva, ráscate con las piedras, estruja fuerte.
Mata y come, corre. Escóndete de las aves que giran.
Di tu mejor discurso, o sea, tu excusa más creíble,
 grita que era justo y necesario.
Debilita el rastro de las horas, no pienses tanto, y corre, corre,
huye del festín de los insectos, de las ranas danzantes,
 de la cárcel aléjate.
Si robas que sea una flor, una fruta o mejor no, sólo corre.
Enamórate, mil veces, de muchas personas buenas para eso,
que sea recíproco, total debes amar al prójimo,
uno se enamora de otras formas, uno se fija en virtudes.
Di la verdad, la tuya, corre, sube al monte,
piensa en una vista que desnude a la que ya estás viendo.
Siéntete el rey de la nada y sé nada con eso.
Que las flores hablen, y los zorros tengan la potestad
de soñar tu voz,
y que el cuervo, sea tu aliado en las puertas del dintel
escrito con sudor.
Pero nunca, nunca, olvides correr, correr, y cásate por qué no,
cásate con ganas de casarte, equivócate una y otra vez
con la misma persona y sé fiel hasta que la muerte,
muerte sea porque tú mismo destruiste lo más bello que tenías y así,
así sigue corriendo.
Gana dinero, ten lo que te gusta, gasta, gasta, porque eso se acaba.
Vuelve a la cueva, ráscate con las piedras, porque pica,
pica, estrújate con las paredes y grita tu soledad y tu oprobio.
Porque pica cuando pierdes todo, estruja fuerte, ráscate con las piedras,
que te alimenten las aves y corre pero cuando corras, corre, corre, corre,
pero cánsate, cánsate tanto, que ya no tengas que huir,
del verbo.










YIA




































lunes, 5 de enero de 2015

STATUS QUO 




Manejamos el equilibrio como debe ser, tanteando. 
Fuimos la regla exacta para desvirtuar algunas costumbres, 
fuimos, qué digo fuimos, somos. 
Tú y yo.
Yo y tú, ya sabes, un poco de incógnita, vanguardia.
Éramos, qué digo éramos, somos,
los humanos demasiado dioses para ser falsos,
demasiado divinos para endiosarnos,
muy carnales para ser santos,
demasiado sabiondos para ser libro, tú y yo.
Qué digo yo, si tú.
Status quo.
Fuimos tan norte que nos venía bien el sur como descanso,
tan de arriba que abajo nos abrazaban los arrabales
y la prehistoria, los textos pulcros, lo sagrado
y la erudición de la ceniza.
Como un idus de enero eterno, fuimos,
qué digo fuimos, somos, muy listos cómo para derrocar el revólver,
muy nobles para ser orgullosos.
Buenas personas fuimos, cómo para ser pecadores, pero así es esto,
desde la mañana el pensamiento negro, y perdonando vidas.
Luego la poesía y el canto, y de nuevo elegir la manzana.
El conocimiento queríamos, claro está.
Qué digo conocimiento, queríamos placer,
qué placer ni qué placer, queríamos amor,
y eso lo sabe todo el mundo.
Pero tú y yo, tan Ilíada, escogiendo siempre siempre
la epopeya, con todo y talón,
y Aquiles casi tan loco, como tú, casi tan vulnerable, como yo.
Yo, tan de llegar a una fiesta con mi madre
y desear que se acabe el vino, para darles uno mejor,
y no para fomentar borrachera,
sino para relacionarme con los ojos incrédulos.
Tú, tan maestresala, esperando,
para probar que el vino ya no era agua.
Tengo demasiado de monja para ser ramera,
digo tantos no, que ni yo los entiendo.
Tienes tanto de Salomón para no ser profeta.
La gente corre por dinero, y nosotros, nosotros reubicamos la Pangea,
y despavoridos todos nos esputan,
gritan, crucifíquenlos, crucifíquenlos.
Somos tan disidencia, siempre disidentes, que cualquier imperio
y cualquier autor desearía, eliminarnos, eliminarnos.
Pero así fuimos, qué digo fuimos, somos, el cambio,
la vanguardia, el clímax del pacto.










YIA

































''But as it is written"





Yo solía inventar nuevas rutas de acceso
a lo inaccesible con un gesto dormido que
se despierta cada vez que me gobierna la palabra. 
Solía, desligarme de las tormentas más crudas
para entrar en el temido ojo público que nunca se
se rodea de calma.
Pero un día probé la dulce sangre, el rojo intenso,
dulce sangre, que no desilusiona si la tienes cerca.
Entonces, era más que música, más que metáforas solas.
Yo solía investigar la alquimia anudada a las letras,
y temían hasta las rosas, querían ser eternas,
deseaban nunca perecer en un poema.
Yo quise tanto al verso, que me alejé de las cosas
para ser alma junto con el fallo de lo que no se toca.
Fue sólo así cómo menguó mi tristeza,
fue así cómo la sangre me dio el poder
para atravesar el único sacrificio,
y tuve acceso a todo lo prohibido para vista.






YIA