martes, 3 de noviembre de 2015

EL GATO NEGRO

Es el ahora del tiempo, y tengo fiebre.
Acabo de ver a un gato negro en el espejo.
Me lleva a ver la noche,
me lleva a todas sombras que el miedo
no quiere que vea. 
Soy la parte espiritual
de una respuesta que soñó un tono plateado,
un cristal misterio de luna.
Y sufro de esperas, sufro de secretos,
sufro de un abismo que murmura
cosas bajitas, cosas que se arrastran
tras la puerta de la cuidad que me mira.
En silencio otra vez se parte
en dos un ser que no quiere que
diga que lo veo, no quiere que diga
que lo veo estallando flama mortífera.
Me pide gasolina, tiene gasolina,
él mismo se enciende, se enciende.
Me tapo los ojos y canto el estribillo
del campo cuando el valle es vida.
Pero sé que nadie lo escucha, sólo el gato.
Yo no tengo miedo.
Pero sé perfectamente cómo luce un demonio.





YIA

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