lunes, 26 de octubre de 2015

Pesca

Has navegado los siete mares,
te has afanado y ha sido duro,
pero no, ni rastro, nada.
Te has empecinado,
cielo y tierra, nada, volviste al mar.
Seguiste buscando, sin vergüenza
ninguna, tretas, astucia, y a pulmón.
Usaste "lo mejor", según tú, 
y yo calladita.
Sh, que se despierta.
Y tú de nuevo, modelo exacto,
para impresionar, ancla pesada
por si acaso hay que quedarse,
-mar adentro-.
Antes de eso el muelle, caña barata,
vulgar estrategia, nada de ingenio,
-me las sé todas, pensabas.
Y juras que no te veo.
-Qué inocente ella, 
no sabe de mi paciencia,
mucha paciencia, decías.
Y yo calladita, que no se despierte.
Sh, que se entera.
Luego de eso los barcos,
las nuevas redes, el bla bla del viento 
y esas cosas con métodos dizque
sofisticados que fuiste almacenando
según los fracasos y otras nostalgias
egoístas. 
Así allanaste todos los cuerpos
de agua, no se salvó ningún charco,
todo, hasta nadaste en mariposa,
y sin contar de aquel pantano.
Ah, qué no hiciste.
Pero tú querías más, era sí o sí.
O sí, o sí, y yo calladita como quién
no quiere la cosa.
Pero todo era insuficiente y tú,
no ibas a rendirte,
no importaban las pérdidas,
no importaban las bajas.
Otro viaje, otra Pinta, otra Niña,
otra Santa María,
y obviamente un barco grande
por si el dicho no se equivoca.
Y daba igual kayak o velero, yate
con música de Mozart o del Titanic
la réplica. 
Por más técnica que intentaras
por más "avanzada" por más
ridícula que fuera la técnica:
Yo nunca fui pez para tu carnada.
Nunca fui pez de orilla.

No ibas a encontrarme.
Ni despertando a leviatán.











Yia

No hay comentarios:

Publicar un comentario