sábado, 4 de julio de 2015

Sweet Thing

Ese sábado corrí las cortinas
para que el sol nos diera su
bendición, las sabanas aún tenían
nuestras formas y no quería
hablar de que había llegado
el día y que después de ese momento
pasarían cosas que nos iban a disipar.
Todos merecemos sexo
mañanero, es tocar el cielo dije.
Me miraste serio y dijiste
que esas no son palabras
mías, que yo diría
hacer el amor, y más, siendo poeta.
Alcancé unas fresas de la mesa
cercana a la cama y te di una.
Eres tan graciosa, mi vida.
Luego sonreíste, y estiraste tu
mano para alcanzar la guitarra.
Para todo hay una canción.
Yo miraba tus manos, atónita,
-sin poder entender por qué
me quieres,-
yo, me relamí cada segundo
de tus notas.
Y mis ojos, ya sabes, casi agua,
miraron a los tuyos, en tono
de despedida.
Huele a gasolina, no ¿crees?,
nos vamos a quemar, dijiste.
Yo contesté, lo sé, y ahora
qué vamos a hacer.
Quisiste cambiar mi gesto
que precede al sollozo,
y te levantaste a la vez
que dijiste:
Nos daremos un baño, juntos.
Pondré jabón en todo tu cuerpo
y serás espuma como una
cordillera con nieve.
Lavaré tu pelo, lavarás el mío
y con tus manos
sentiré el bautismo sagrado
de tu inmenso cariño.
Te secaré y te pondré las
bragas y sabré que quererte
me salva del bullicio.


















YIA

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