viernes, 24 de julio de 2015

RABIA


Crueles todos a mi juicio los hilos de sangre que salen
de mi rabia, todos tan rojos,
tan inducidos por un estigma que recuerda tu boca, 
aún más roja que la de un engendro.
Todos grotescos los insectos que se posan
en la hiel que tengo y que a ti te parece deliciosa.
Somos el bajo ardor de una luz interrumpida, rota,
intermitente, allá en la espesura.
Gotas calientes, instalándose en mí,
la fiebre avanza como un río de epístola,
corre voluntariamente, una pasión, estrepitosa.
Un vino azul espera la zona, que venga el veneno.
Que mi piel está lista para la tierra.
Demasiado delirio, mucha analogía, ah, que se pierda el infinito,
que se hagan presos los poemas de esta mordida entorpecida.
Se repite el desorden, si y no, embiste, y la sangre,
sale otro hilo, apenas, sirve para tejer la inmensidad
tan hermosa, que de tan bella es asquerosa, y nos gusta.
No hay rojo más intenso, mi voz implora,
la tuya ya no es voz, es, no sé qué es, es amor, el aullido.
La mía entrecortada, no sabe lo que dice, pero se estira.
Raíces de formas tentaculares crecen
alrededor de mi muerte y la tuya, me excita.
Duele la luna, duelen los lirios,
huele a tus ojos extrañando mi cuerpo,
rabioso, otro alarido.





YIA










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