martes, 21 de julio de 2015

He knows

El faraón lo sabe.
Fue él quién sintió que escudriñarías los sueños.
Por tu voz, por tu voz, traducidos saldrían.
Porque tu propia sangre te mandó al pozo,
y robó tu túnica.
Hijo tenido en la vejez, alma ancestral como la mía.
Cuán honorable fue tu palabra al interpretar la hambruna.
Cuán dolorosa fue la cárcel que la mujer usó para ti,
artimaña de siempre, la mentira.
Mentira a mí no me dañas, daña a quien la usa,
porque a sí mismo se engaña.
Qué sublime fue todo, porque el plan no era el del resto,
eras tú siempre el bien si no pregúntale al copero.
Fuiste probado en todo, esa era la idea, crear en ti
constancia, nuevo carácter, resistencia,
brotar en ti la esperanza.
Cuán humilde tu proceder, qué denuedo,
cuánta belleza en tus ojos sabios.
Tu orden se escucha, y el pueblo vitorea,
cuánto amor despides, reflejas la gracia.
Oh, segundo al mando, el faraón lo sabe.
Ahora piden alimento tus hermanos,
y no sientes rencor, los consuelas.
Te lanzaron al pozo, fuiste esclavo, mintieron,
la propia sangre siempre usa la misma artimaña,
la mentira.
El anillo en tu mano brilla.
Estuve allí paralela a tu historia,
cuántos pozos me recuerdan,
cuánta calumnia, sólo porque sí,
porque no aplaudo el engaño.
Porque era non grata a su falta de conciencia,
la verdad es una.
Los sueños no se me alejan
sin que pueda decir qué significan.
Nunca abrí la boca para juzgar, nunca dije nada,
pero lo humilde entorpece a quién ama la trampa.
Los sueños no se me alejan, no se te alejan,
interpretamos la vida,
desde el Edén hasta la Gran Morada,
y eso intimida,
pero al faraón le agrada que salve su tierra.
Tengo mi anillo, y la aprobación del cielo,
cuán dulce es amarte oh, cuán sublime profecía.
Desde que entraste al palacio, tu poder,
un propósito de poder se extendía.
Cuánto amor nos corresponde,
el favor de lo alto nos visita.
El faraón lo sabe.
Y yo estoy aquí, feliz, tras bastidores.





YIA

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