miércoles, 8 de julio de 2015

A LITTLE PRAYER

Me pides que alimente
tus hambres. 
Me llamas como si clamaras
la mano inmortal
que te dio la terrible simetría.
Recorres los lugares que esconden
las sombras y en ellos depositas
un prisma que aprisiona las almas
para luego soltarlas encendidas
en luz y palabra.
Qué terrible cadena, 
qué yunque, qué carga nos liberta 
y nos pesa en delicia.
Qué inmortal nos hizo a su imagen.
Qué terrible plegaria nos afirma.
Qué terrible arte nos condena.
Qué terrible pasión dejó caer las piedras.
Qué fruta es tu boca y qué prohibida
la ausencia de la mía, tentándote.
Tienes un cáliz lleno de sangre
bombeando el magma rojo
que lava, si arde.
Tienes un beso mío templando
tu cerebro y qué terrible caricia
calma la piel de mi recuerdo.
-Toda canción de amor nos nombra.-
Qué dulces son tus alaridos al viento,
y no importa, yo los escucho de otra forma, 
y es silencio, todo este amor que nos ata.









YIA















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