jueves, 4 de junio de 2015

Tree

No descuidé el árbol.
Alto estima la altura, más allá de las estaciones,
más allá del ocre que persuade el otoño.
No descuidé las ramas en su amorío con las nubes,
y no dejé que las mañanas pasaran de largo
sin haberlo besado como merecía.
Nadie sabe contar los años como el anillo del principio.
Nada como el árbol que nunca perece si puedes mirarlo
en revelación prometida.
Sólo frescas lunas si la noche lo roza.
Nada es ausencia si cada hoja nombra el reverdecer de los vivos.
Porque cada uno tiene algo en su silencio.
La secuencia del pasado todavía reclama el ardor de la semilla.
Sólo frescores se crean en lo tangible de su piel,
su rumor que se desplaza sin ruido a toda hora.
Una sucesión de palabras ahora se encarga de encarnar el fruto
para cubrir la memoria del jardín
en su majestuosa fronda.
No descuidé el árbol.
Sólo descansé debajo de su sombra.





YIA

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