martes, 30 de junio de 2015

THE LION

Me miras desde cualquier fuego
y te enciendes a ti mismo en la hoguera
y las lenguas bajan a poseer las rutas
de nuestros cuerpos que con lentitud
se deslizan en el regocijo del enigma.
Calculas las posiciones pero tu morada
es el descanso porque nada es tinieblas
si un canto se ha alzado tan alto que
sostiene las notas angelicales hasta invadir
con eso todo lo que nombran.
Diré ensimismada que se ha puesto en mí la jungla
y que es sereno el suelo si me lanzo cazadora.
Mi vista tiene hambre de palabra e intuye
lo que adentro en ese templo es presea.
Todo cuánto encuentre es de alta estima
para el libro que guarda, con dorada letra.
Dirás con un rugido tan grave o agudo
dependiendo el fin que posea tu boca
que esto es la mordida, -tus dientes- cuando
chocan entre palabra y otra.
No perdí el gesto de esa fila blanca que suena
el eco que todavía me cautiva.
Diré de tus ojos, qué tienen tus ojos,
¿son verdes, azules, son
almendrados? Diré sí, son felinos.
Quizás el color no tiene idea del milagro
que expulsan cuando miran las praderas
y cuando el valle de lágrimas es el que teme
mal alguno porque vas pasando con el garbo
que el cielo dicta.
Tu símbolo de dignidad y fuerza es sol
de poder y justicia que expresa el oro que
corresponde a la esencia del comienzo
que llega a tus piernas,
y hace que golpees el suelo en un ademán
que reclama el espacio
que pisas cuando cantas victoria.
En esa pisada recorres lo fortuito que
va pasando por mi alma defendiéndome.
Y yo voy cazando lo que importa
de este lado de la selva, que no entiende
que será interrumpida de una vez y por todas.













YIA













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