viernes, 26 de junio de 2015

THE LAMB


Apacible miras cuánto tienes,
tu mirada sostiene la cordura
detiene las señales o las refracta.
Dulce, dulce, apacible tu mirada.
Cuentas un valle y un prado,
y aquí todo está dispuesto a ser
como tu lana, oh blanquísima,
que suaves son tus palabras
cuando acarician junto al arroyo.
No es sólo ternura,
es tu función de darte en sacrificio
es no tener temor,
es tu mirada alcanzado la magnánima
delicia que todo lo alboroza.
Quién te ha hecho tan perfecto.
Quién besó tu frente justo
antes de ser mandado a soñar
ser un niño.
Qué pasó que no fue un sueño
y no dormiste esperando
y callaste cuando
tu mirada soltó un llanto
sin poder remediar lo que estaba escrito.
Oh tu blanca, blanquísima lana.
Oh apacibles son tus razones
para no dejar de amar
a este vil paraje que no tiene idea
de que tu voz dulcísima,
habla, a cada uno de forma distinta.
Que tu vista recorre todo cuánto hay.
Que tu mirada, tu dulce mirada,
conoce los corazones y los pesa.
Quién te dio la herida a esta hora
y por qué no reclamas.
Tal mansedumbre hoy nombro
lumbrera del misterio que allana,
que defiende.
Oh tu nombre gobierna aguas cristalinas,
y bebes de ellas para darnos
la oportunidad de ser nuevos.
Oh tu mirada, ojos de cielo
que miran y miran más de lo
que cabe en el entendimiento.
Cuán débiles somos ante tu
magnificencia, tú eres manso,
eres la mayor suavidad
que con indecibles ruegos
dices amor amar sin ver el error,
aún amas, porque abogado tenemos.
Porque, oh cuánta benevolencia
se ha desatado a lo largo y ancho,
en esta fecha, cuánto desconocen
de tu amor inmenso.
Tú no desechas, tú abrigas.
Quién te ha dado el permiso
para tener tan dulce fragancia.
Cuánto entiendes de nuestra naturaleza.
Cuánto nos perdonas.
Oh, Cordero.








YIA









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