jueves, 7 de mayo de 2015

LLUVIA





Rumbo a un punto de encuentro, simple, yo,
sin nada para cargar, incorpórea, inducida
por un frío que no se siente. 
Distante de lo conocido pero a la vez atenta
a eso que atrás se queda, por si un
hilo recuerda la longevidad de la nostalgia.
De paso una nube empapada
de ángeles me invita a cruzar a una
habitación con aire sereno, en donde
me preguntan si quiero controlar mi apetito de poeta.
Unos tienen la voz en los ojos
y otros se mueven con una gracia que nunca
vi, allá, antes de la falsa madrugada.
Hay uno grande en belleza que no deja
de mirarme, me dice que me ponga un
delantal que había en un rincón y yo veo
sólo un frasco de partículas pequeñas.
Quiero llorar pero no existe ese término,
me duele que otros no puedan ver lo que
veo, pero el dolor tampoco se registra.
Me puse lo que dijo y sentí
como si hubiese comido un postre
riquísimo pero no era, era un placer no
conocido que ahora me vestía con un
tipo de humo blanquecino que me hacía
pensar en lluvia.
Luego de varias horas noté que había
pasado un minuto, entonces no comprendía
el tiempo, sin embargo, un baile de vapores
se entrelazaba en mí y podía contar las veces
que esas maravillas me recordaban que estaba allí.
Que por fin vería los colores primeros si me
quedaba muy quieta.
Yo no sabía de colores primeros,
ni de primorosos detalles con
nombres de amantes que tienen fecha de
llegada y salida.
Una chica sonríe y me dice: no tengas miedo,
pero el miedo es una palabra que ella
no debe decir muy alto porque es ilícita.
Lo dijo para que no me sintiera perdida,
pero allí todo está encontrado y nada se pierde.
Otro me quita el delantal y me dice estás lista:
Hay amantes que se volverán a encontrar para
desvestirse cuando tengan cuerpo y ropa,
y pulcros serán alma sin notar el hábito del equilibrio.
Y yo como casi no entiendo, le digo algo
en son de protesta, consternada por todo lo que intuye
e imaginando que lee mi mente perpleja.
Por qué te niegas, a hacer lo que debes,
cuando regrese la aurora, me dice entre risas.
Me sopla una estrella en la frente,
y dice con mirada cálida, que no hay escapatoria.
Entonces sabré si mi amante me ama
con sólo existir en la tierra,
le hago la pregunta haciéndome la tonta,
me dice que no.
Sabrás que te quiere cuando tenga contacto
con tu alma poética, sabrá que te ama
con el solo caer de la lluvia.















YIA














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