sábado, 9 de mayo de 2015

Llamada 31



Ven, 
veremos un filme en casa.
Accedo.
En efecto todo era un ruido maldito,
claro estrado de cuestiones tercas
y de paso un gigantesco agujero
de incertidumbres que después se
aglomeraron en un solo sorbo de whisky.
Yo fui por mi cuenta aunque es cierto
que adentro del nido uno no sabe
que afuera corre peligro de ser menos
vulnerable de lo que es ante unos dedos
largos que juran ser tiernos.
Claro, esperaba vencer al fantasma
que aguarda en el dintel ventricular de
ese pardo lucero que hoy es nada más
que buen cobarde.
La verdad es que pensando alto
aclaré que no estoy en busca de
amores vacíos.
-Yo no me enamoro, en el amor no creo.
dijo con cara de que yo debía llorar
del susto.-
Que ingenuo.
Y dije que no, salí del apartamento
y fue todo lo que hice
para que nunca me dejara en paz,
y llamara cientos de veces.
-Estoy enamorado,
qué me has hecho, suena el voice
mail, llamada 31.-












YIA












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