miércoles, 20 de mayo de 2015

LA CASA


Una indómita luz demacrada
invade la entrada de la casa.
Nunca he visto a los dueños
pero afuera hay dos columpios
que a veces se mueven
y pienso: es el viento.
Así que entiendo que hay niños.
Quizás vive gente.
Un día pasé y vi unas sombras,
una mano rodó la cortina,
como si supieran que yo iba pasando.
Hay fantasmas, han dicho, los rumores,
pero apuesto a que son amigables.
Total, eso no es cierto.
Vuelvo a pasar, tengo que hacerlo,
paso todas las noches antes
de llegar a casa.
Ahora una figura entre el balcón
y la puerta espera como si supiera
que yo venía.
Se acerca una señora con un perro
y un bastón, creo que es ciega.
-Puedes pasar, mis nietos están en el ático.-
Me invita tranquila, pues quiere
conocer a la persona que puede verla.
Puedes pasar, mis nietos están en el ático.
Repite como si no supiera que ya me lo dijo.
Dicen que el perro aún llora a su dueña.
Estaba flaco y se veía enfermo,
todos los días lo alimento.
Él sigue en la puerta.







Yia

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