jueves, 16 de abril de 2015

Reposo






Cerrando los ojos asimilo la inmensidad
que no perece para ser hallada.
Hay paz en una parte del sonido
de la trompeta que espera detrás de
alguno de mis candelabros más antiguos.
Hay paz en este ayuno de palabras que escogí.
La oscuridad se ha largado
a lugares áridos y a ruinas muy lejanas
que contienden contra sus propias riñas.
Coyundas de yugos se soltaron dejando libres
los huesos que se levantan de toda sequedad.
Como la aurora, mi recuperación se despunta
para brotar con rapidez y vestirme de justicia.
He hallado un jardín de luces que imitan
a un manantial cuyas aguas se transforman.
Me ha señalado un alimento que no conoce
mi huerto pasado y me ha llamado
reparadora de brechas.
Sin buscar mi placer,
sin querer hablar de mis diligencias,
me deleité cabalgando las alturas de la tierra.
Sentí la cercanía de los juicios justos.
Esa tierra está bajo mis pies, y aún
soy la niña de tus ojos que lo ha
dejado todo por escuchar la trompeta.
Quiero que sepas que, te sentirás orgulloso de mí,
pues, soy barro humilde delante de ti.














YIA








YIA

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