domingo, 12 de abril de 2015

No hay otro

No hay otro.
Ninguno conoce las profundidades.
Se mueven las aguas con tu aliento
y la noche se esconde para ser lumbre.
Todo lo que es, lo que fue, y será,
todo te pertenece, incluso estas letras.
No hay cosa parecida ni nombre que
tenga la magnitud de tu boca
cuando dice.
Al mencionarte, se mencionan todas
las generaciones, todos los pactos
y las promesas.
Callas y tiembla el silencio con el poder
indescriptible que codifica gestiones
que se expanden al infinito
cuando el mutismo se rompe,
para cubrirlo todo, y todo, es todo.
Tu palabra.
Aquello cuánto es, cuánto vive o muere,
reconoce tu voz inevitable.
Nacerá nuevamente todo que lo nace.
-Dijo un hombre al otro que ama
a la misma mujer, que ese otro
debe ir al frente de batalla,
para eliminarlo y con ella quedarse.
Y aún en su mal proceder, retorna
a postrarse cuan largo era,
queriendo misericordia.
En luto de sí mismo
con fuertes dolores pidiendo
el buen hisopo que sólo de ti
proviene. Tú das cuando piden-
Al mencionar tu nombre, los demonios
huyen, todos, aun los que leen.




YIA

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