domingo, 26 de abril de 2015

ISRAEL

Qué culpa tienes, si tú sólo existes y eso basta
para agrandar la vida.
Qué fue de ti, cuando retuve tus ojos
y vi la primera piedra, total,
me conmueve tu mirada
y allí, tanta historia fatigada en escrituras.
Allá en tus moradas circulares hay tranquilos silencios
y paseos a caballo, esas gemas han visto la belleza.
Tienes escrito todo tu pueblo en las mejillas,
ya lo decía Borges, él sabía de nuestros días.
Debía ser yo la mujer que no viera
la sentencia, ni el escarnio, y que entendiera
a la mamba negra que guarda el tesoro.
Cuando te conocí no me importó que inclinaras
tu frente, era de honra que amaras la tierra.
Tú que eras y eres la voz que procura subir
del vacío, pero el abismo es mi lema, y yo puedo
con las miradas de todos cuando tomas mi mano.
Porque tú ya probaste el paraíso, no pides justicia,
y sé que no entiendes las profecías, pero comprendes,
que odio el oro infame, y la muerte de tus hermanos,
que tú no estás a favor, cielo.
Lo sé, no llores por dentro.
Ya sé que has roto tu boca silencio tras silencio.
Que tú jamás serás Shylock, que
más despiadada soy yo, tú no, tú no tendrás la sanción
de los antifaces.
Has roto todas las columnas, ciego,
pero con certezas.
Y yo que soy incomprendida,
que ya sabía que llegarías con el estigma de ser el Libro.
Yo nunca vi el Spinoza, los cabalistas y el Baal Shem
que hay detrás de tu apellido.
No eres el abominable,
el judío obstinado que jura ser eterno, el lapidado
que no muere después de las batallas y que sabe
que lo espera el par de ojos grises.
Eres otra cosa,
más que inmortal, para mí, eres el sueño que se realiza
ante mis sueños.
Me amas con sangre, con el dolor
de la sangre, tanta,
me amas como el humano que no lo parece,
porque Dios no lo deja ser como todos.
Nunca mencionas nada de esto, pero lo veo.
Lo veo cuando tu pelo hermoso me recuerda la promesa.
Cuando me cuidas como león feroz ante el adversario.
Lo veo cuando nada puede separarnos
y cuando el sol brilla como nunca, condenado,
tan condenado, al hechizo de su gloria.





(Israel hoy te canto, porque Salem te ama,
como me ama.)


YIA













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