jueves, 19 de marzo de 2015

Hospital




El panorama inmenso cae fino, leve, tranquilo;
es el piso tercero.
Una mujer de blanco se llama Fania.
Me conoce.
Yo estoy en blanco como una página.
Hace frío.
El pasillo tiene un gentío invisible
y cada silueta conoce que está confundida.
Creen que es el efecto secundario de alguna anestesia.
Algunos buscan no buscar su cuerpo
pero eso es imposible.
Ningún familiar los espera,
ya todos se han ido.
Otros no saben de qué luz están huyendo,
no encuentran un túnel o algo parecido.
Camino. Cuarto 330, entro.
Mi madre duerme como una niña.
Regreso al pasillo y de nuevo los pasos de la gente de blanco.
Un joven se detiene y me dice:
Te vi mirando el vitral del ángel.
Le digo, disculpa, no te vi.
Entonces, se acerca Fania con el mismo
joven en una camilla.
Ella me mira y dice:
Tiene tu edad y lleva en coma dos años.
El elevador se abre al final del pasillo,
el joven, adentro.
Y yo no estoy soñando.
Estoy escribiendo este poema
y él me está mirando.








YIA


















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