viernes, 27 de marzo de 2015




Es cierto.
Llevé cargas que no son mías.
Que cada vez son menos los momentos de lucidez
pero todavía los tengo.
Y cuando te miro no quiero decirte lo que estoy
pensando.
Pero es cierto, debo bajar a la tierra
y despedirme de lo pulcro.
Que me habite.
Que sólo se quede adentro infinito
ese candado, y que tú sólo, la llave,
ni intentes abrirlo.
Porque entonces quién va a soportarnos.
Cómo vamos a caminar latiendo la palabra
sin chocar con el reino de cemento.
Es cierto que un beso tuyo me ha salvado del frío.
Una y mil veces sangran
las ausencias aunque me tomes la mano.
Porque de la soledad no se escapa cuando
cerramos los ojos veinte minutos antes del sueño.
Sí es individual el camino, es cierto.
Pero sin ti no me hubiese encontrado
ni siquiera al mirarme al espejo.
Qué dos seres para ser complemento.
Que duelan los astros y que el lobo
siga enamorando a la luna.
Que tú, yo, y la palabra, somos polvareda.
Pero cuando nos sopla la poesía llenamos
los espacios de belleza pura,
y el polvo es nácar que se difunde
en diminutos tornasoles
aunque la noche oscura sea.
Qué hermoso eres, cuando decides ser
tan mío como yo de igual manera soy tuya.
La gente saca a pasear sus ascos y sus odiseas
y eso también es belleza.
Pero tú, amor, conoces mi corazón
y mis fallas.
Y siempre, siempre,
me miras con ojos de misericordia.
Sabes que luego de la tormenta
te estoy esperando con la carita llena de lluvia.
Debo poner los pies en el suelo,
es cierto, pero arriba la vista.
Está lloviendo y tengo puesto
lo que sabes quitarme sin dudas.
Alejas de mi cara el cabello
para besarme, beberme toda,
y nada es más cierto, que eso.
Que llueva.





YIA






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