jueves, 19 de marzo de 2015





-Como el acero-

Todo lo que miro se desvanece,
pasa algo por mis ojos y muere.
Nada puedo llevarme a mis 
obscuridades y nada me esclaviza
hacia un solo norte.
Cuando quiero estar sola
parezco fría, no como el acero,
pero llegando a ese límite.
Ya quisiera ser todo lo que dicen.
De veras, me gustaría tener el valor
de hablar sin pensar en que hiero a otro.
Pero no puedo, sabes, no puedo.
Me quedaría en la lluvia, en un techo
alto bailando tan fría como parezco.
Siendo tan indiferente, tan egoísta,
y viviendo mi propio silencio de gotas.
Pero no soy eso, tampoco quiero probarlo.
Soy un poema de esos que duelen
como puñalada, todas en el pecho.
Prefiero la ausencia, a veces, el rito
con el cielo, mis bondades arañando
el vacío con una canción
que redime al viento que roza los
barcos en la distancia.
Ya quisiera ser hipócrita, calculadora,
y decirle al tragaluz que la luz es
toda mía.
Pero no puedo, no soy eso.
Desalmada porque no pienso
lo mismo, porque no como lo mismo,
porque no hablo excesos y el espejo
se lleva bien conmigo.
Fría, porque me ejercito en las mañanas,
porque tengo la piel lozana y Adonis
me incluye en el patio de narcisos
para que sea ninfa.
Ya quisiera que grabaran mis obras,
mis ruidos internos y que vieran
que allí sólo existe el edén prometido.
Pero clamo y la naturaleza no contesta,
ella es sólo creación de una mano generosa.
No quiero nada, y cuando no quiero nada,
me voy sola, acomodo el corazón en mil
nebulosas, estallo en algún cristal y
muero en la muerte de algún insecto
que no ve lo transparente.
Por eso busco respuestas en el exilio
de las aves, en los ríos que
acarician ciudades, en el sonar de los árboles
callando el secreto de todos los sauces.
Ya quisiera ser fría, y que el amor me salve
de una buena vez.
Pero aquí todo arde hermoso con naranjas y
azules, y bailan adentro los ancestros,
diciéndome que existen en mí, deidades
magas y humildes, todas ríen, aman
intensamente, y besan con cuidado
por si todo se va lejos y desaparece.
Ya quisiera ser fría, pero no quiero probar
nada, no quiero nada.
Por sus frutos los conocerás,
alguien dijo,
y al parecer por hablar diferente,
también pensaron que era frío.



YIA



















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