martes, 10 de febrero de 2015

VENUS


A veces miro la laguna.
A veces, camino por interior del palacete
amando cada uno de mis contornos.
Sintiendo mi piel paraíso.
Yo nada escondo, aquí todo es luna.
Todo es manjar a los ojos que saben
de perspectiva.
Aquí hay mucho que aprender, no crean
que es aburrido ver a las criadas haciendo
tareas que también aprendo.
Pero que no me tocan hacer.
Conozco lo que guardan en la caja de Pandora.
No son vestidos.
Cuando todos duermen, salgo,
camino por los pasillos, cantando el disfrute de mi cuerpo,
la alegoría de mi guardián
que irónicamente duerme para que analicen
lo que queda al menos en esta parte.
Salgo, como quién intuye el beso que espero.
Pues, a lo largo del día he visto
caras que miran la voluptuosidad de mis encantos.
He visto lágrimas de algunos, asombro,
deleite, he visto sí, ojos morbosos, hay de todo.
Hasta he visto hermanas que quisieran andar
desnudas amándose como son. No me subestimen.
Me amo. Sé lo que vale no tener precio, o tengo
y no lo sé, que más da eso, no me importa
si puedo recordar que hay un ser que quiere
robarme desde siempre, no lo hará, pero
yo lo sé. Él me quiere.
El museo está solo esta noche, hoy silbo
Florencia llena de gente que vendrá en la
mañana, y espero que él llegue a adorarme
no diosa y sí, mujer, que me alejo del idealismo
del Renacimiento.
Obviamente consciente y orgullosa de mi belleza y mi desnudez;
no hay cosa que provoque la sensación de distanciamiento
a lo "divino", pues: miro de un modo dulce,
cómplice con el mira y decidida al que me observa,
mientras mi mano se apoya sobre mi pubis,
tranquila, porque no hay pecado en ser mujer.
Porque aún desnuda, sagrada pureza me adorna,
cuando los ojos con amor miran.
Ya casi es hora, debo entrar a acariciar mis telas.
A ver al perro durmiendo, mientras las enigmáticas
criadas hacen su trabajo.
Si estuviera en otros tiempos me haría una foto
cada día, no haría caso de lo que dicen, amaría ser
yo, soy quién conoce mi estima.
Él volverá a visitar las obras, pero no se irá
sin pararse a verme,
y decirme con sus ojos que quisiera entrar
a despedir a las criadas y que por supuesto
que con sus ojos, diga, y mire, me mire...
que me mire diciéndome que se muere,
por ver el paisaje.



YIA




Pintura de Tiziano. Venus de Urbino, 1538. Óleo sobre lienzo, 120 x 165 cm. Galería de los Uffizi, Florencia.








No hay comentarios:

Publicar un comentario