domingo, 8 de febrero de 2015

Trípodes






Querido amor, entraremos ya. Allí está, en algún sitio crítico. Arden las manos ahora, tiemblan...
En esa parte de esta prehistoria humana en la que nos encontramos inhumanos en algunos pedazos de los días. En esa simple entrada que abre sus puertas con una chispa decisiva, ahí donde llueve y espían las rosas rojas de llanto y sangre, y ciencia que no aprende nada. Mítica que de nada sirve. Allí pactarán. Con el suelo en cuadros. Blanco y Negro de invasores. 
Luz falsa, estudio de la simbología del vacío. Neuronas que en vano trabajan para tocar algo que no pueden. Planes de orden para el desorden. Cruces de rayos que se pierden sin ser vistos, 
y esquivos los ojos del pensamiento que se van haciendo ceniza 
y nada de magos ni magia que diga abracadabra, ni ensayo de la venida del antagonista. Ya pasó y esperan sentados. Ya las tinieblas anunciaron hace unos días cuando-- a firework, el más duro de los golpes. Se reciben las fauces, y en ellas caben, todos caben. 
La belleza enmascarada con sugestivos ademanes. Y entre sus dientes bestias arden, retorciéndose alegres de la marca que emplean en el crecimiento del número. Ese número.
Montó la elegida, que tendrá de premio un vaso, sangre de la serpiente --beber hasta el fondo sin respirar y al cuarto de azotes. Luego belleza/fama/dinero en ella la gran ramera desciende sin tiempo hasta el final, hasta que otro cuerpo la atesore. --Otra mujer con la copa de violencia dará un anuncio importante entre aplausos de ignorantes que como filósofos tampoco saben, se hacen parte felices. Pérdida tras otra, ni un cuándo, ni un cómo, ni un dónde, las lágrimas de cuántas menciones vamos a impedir nosotros los que vemos. --Ella pidió amor, también le prometieron amor, pero le darán muerte. Van a torturarla sin parar por catorce días --limpiar la sala de gritos, que no quede ni gota, ni olor a martirio. Y a mí por contarlo me buscan las sombras para que de un tiro puedan estrangularme. Cortarán las cabezas de aquellos que sepan, bautista de Jordán, pronto no tendré la mía, amor mío. Expiaron las llamaradas de los trípodes, corrupción y tinieblas, dominándolo todo. Sólo tengo alma. 
A los iluminados hay que amarles las sombras, de lo contrario la luz que no entienden enceguece al que está mirando, porque el iluminado tampoco entiende. Sólo se queda flotando mientras el fuego dice.













YIA










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