lunes, 9 de febrero de 2015

SEXO




No preguntas. Dispones los labios. 
Extraes el tiempo que desaparece.
El roce se siente quemando dulce. 
El beso largo hace que responda mi cuerpo. 
Hemos hecho el amor, aún no amanece.
Aún investigas mi cuello.
Bebemos las horas boca a boca
y no parece que nada más exista.
Todo gira en su dolor sublime, centrifugándonos.
Como si algún oráculo supiera que mezclarnos es certeza
de que la urgencia puede esperar si tu boca recibe mi pecho.
Sé quién eres.
Eres tú mirándome desde ti como si todas las
palabras resumieran tu alma
que también desea clavarse en mi todo.
Mi ombligo siente una tormenta cuando pasas
tus manos por mi vientre ahora hecho mares rabiosos
chocando con las islas más bellas que existan
repletas de sirenas doblemente sedientas de un nombre antiguo.
Embiste lento, tu fuego,
por paredes húmedas de esperar que el cielo
se me caiga encima para llevarte a las nubes.
Es dulce, a la vez, fiero, a la vez gemidos
estallan suavidad en mi voz, casi silencio, pero sonido...
y no sé qué, y no sabes qué alquimia, qué pasión o qué poema

nos está nombrando de extraña manera.
Contigo adentro, un libro escribe dos amantes

desnudos amándose como nunca.
Desde entonces sé sostener el cielo
con la punta de mi lengua,
cuando le digo tu nombre a la nada,
cuando vuelves a besarme,
como me besas.



Un rayo de luz entra por la ventana.




YIA









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