lunes, 5 de enero de 2015

STATUS QUO 




Manejamos el equilibrio como debe ser, tanteando. 
Fuimos la regla exacta para desvirtuar algunas costumbres, 
fuimos, qué digo fuimos, somos. 
Tú y yo.
Yo y tú, ya sabes, un poco de incógnita, vanguardia.
Éramos, qué digo éramos, somos,
los humanos demasiado dioses para ser falsos,
demasiado divinos para endiosarnos,
muy carnales para ser santos,
demasiado sabiondos para ser libro, tú y yo.
Qué digo yo, si tú.
Status quo.
Fuimos tan norte que nos venía bien el sur como descanso,
tan de arriba que abajo nos abrazaban los arrabales
y la prehistoria, los textos pulcros, lo sagrado
y la erudición de la ceniza.
Como un idus de enero eterno, fuimos,
qué digo fuimos, somos, muy listos cómo para derrocar el revólver,
muy nobles para ser orgullosos.
Buenas personas fuimos, cómo para ser pecadores, pero así es esto,
desde la mañana el pensamiento negro, y perdonando vidas.
Luego la poesía y el canto, y de nuevo elegir la manzana.
El conocimiento queríamos, claro está.
Qué digo conocimiento, queríamos placer,
qué placer ni qué placer, queríamos amor,
y eso lo sabe todo el mundo.
Pero tú y yo, tan Ilíada, escogiendo siempre siempre
la epopeya, con todo y talón,
y Aquiles casi tan loco, como tú, casi tan vulnerable, como yo.
Yo, tan de llegar a una fiesta con mi madre
y desear que se acabe el vino, para darles uno mejor,
y no para fomentar borrachera,
sino para relacionarme con los ojos incrédulos.
Tú, tan maestresala, esperando,
para probar que el vino ya no era agua.
Tengo demasiado de monja para ser ramera,
digo tantos no, que ni yo los entiendo.
Tienes tanto de Salomón para no ser profeta.
La gente corre por dinero, y nosotros, nosotros reubicamos la Pangea,
y despavoridos todos nos esputan,
gritan, crucifíquenlos, crucifíquenlos.
Somos tan disidencia, siempre disidentes, que cualquier imperio
y cualquier autor desearía, eliminarnos, eliminarnos.
Pero así fuimos, qué digo fuimos, somos, el cambio,
la vanguardia, el clímax del pacto.










YIA

































2 comentarios:

  1. el forastero soñaba con la muerte que venia a regalarle la calma, a evaporar su vida despacio con el ultimo beso sincero, y con esas manos de seda blanca le recordaría que se sentía sentir, un viernes que dedico a servir bebidas paralizantes se encontró con una pitonisa sabia y anciana, ella le revelo el futuro, y le dijo que el acertó con el sueño abrasando a la muerte pero que el orden inmenso había ordenado que fuera el, ultimo trabajo de tan ocupada doncella, y así el condenado fugitivo siguió perdido en el tiempo sabiendo que seria feliz siendo el ultimo muerto...

    Y jamás hubo algo que amara más que a la muerte...

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