lunes, 19 de enero de 2015

Leyendo a Deleuze con fondo de Mahler




No nos perdonarán.
No van a perdonar que los doce estén de mi lado,
que estuve en el asesinato de las sombras.
Que comí con los de aquella mesa
y que cuando me levanté dije gracias.
No van a perdonarnos, no.
Y menos por andar vociferando verdades
con fondo musical de Mahler.
No, eso no lo tolerarán.
No nos perdonarán por ser los primeros en la fila de la horca
y por la ruleta rusa que jugamos antes del sexo,
- amor ya te dije que si se enteran-, no van a perdonarnos.
A mí por lo menos diez años por blasfemia,
cinco más por hacerles comer las piedras que iban a arrojarme,
y por mostrarles la viga entre pupila y punto ciego.
No nos perdonarán.
No van a perdonar que fui a hablar,
y que en vez de escuchar tuvo una erección.
Que yo tengo la culpa por parecerme
a la estrella porno que venera, y bueno que,
quién me mandó a saber de parasitología.
Que yo tengo la culpa de la cintura
y que la cara de santa no me quita que le den
ganas de arrojar la sotana, digo el anillo.
-Por aquello de no perder la costumbre ante una más joven,
pero pobre le tuvo que doler la patada. -
De las cosas que paso, amor, si supieras.
No van a perdonarnos, por escribir sin demora,
a diario, como si cada día tuviera su propio afán
y sus propios gritos de desesperación.
Claro, cada día como si fuese el último.
No, no menciono eso, porque tampoco me lo perdonarán.
Menos que lea a Deleuze y a Foucault,
y que recite cosas de memoria.
Que el arte me ame, y pueda tocar la infinita belleza
con una lágrima.
No van a perdonar que haya hecho el amor
una y mil veces con el Fausto de Goethe
y que en cada intervalo me citara con el diablo,
y que le secara la lengua con algún salmo,
sólo por verlo temblar y reírme.
No van a perdonar que nos amemos como locos, no.
Porque ellos nunca han perdido la cabeza,
porque son perezosos y sólo bla-bla, y nada de arriesgarlo todo.
No, nada de dignificar la especie, y nada de extraordinario,
nada sobrenatural, porque eso no existe,
porque son unos miedosos como para creer en Dios.
Pero no los juzgo, y sobre todo, por eso,
no me perdonarán.
Y a ti, por ateo, menos...







YIA























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