jueves, 8 de enero de 2015

DAD


Todas las noches, papá me contaba un cuento distinto sobre un sapito.
El sapito hacía proezas y sus hazañas cada vez eran más impresionantes para mí.
El anfibio cambiaba de tamaño siempre, se ponía grande,
dependiendo de la situación que enfrentaba.
Pero yo notaba que las más grandes proezas las hacía sin nadie las notara,
cuando estaba pequeño, y yo sonreía mirando a papá, 
porque yo también era muy chiquita, para ese tiempo.
Yo preguntaba mucho, y una vez le pregunté a papá:
-Pá, por qué el cuando el sapito se pone grande sigue llamándose sapito
y no sapote o sapo grandote.
Y papá me dijo que era, porque él nunca debía olvidar su diminuta condición.
Yo miré a mi papá, y después de que me contestó, me dormí.
Nunca le dije que entendí. Nunca le dije el bien que me hizo su contestación.
Gracias, papá.










YIA






















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