martes, 6 de enero de 2015

CARRO DE FUEGO

Corre, corre, corre, corre todo lo que quieras.
Baja a la cueva, ráscate con las piedras, estruja fuerte.
Mata y come, corre. Escóndete de las aves que giran.
Di tu mejor discurso, o sea, tu excusa más creíble,
 grita que era justo y necesario.
Debilita el rastro de las horas, no pienses tanto, y corre, corre,
huye del festín de los insectos, de las ranas danzantes,
 de la cárcel aléjate.
Si robas que sea una flor, una fruta o mejor no, sólo corre.
Enamórate, mil veces, de muchas personas buenas para eso,
que sea recíproco, total debes amar al prójimo,
uno se enamora de otras formas, uno se fija en virtudes.
Di la verdad, la tuya, corre, sube al monte,
piensa en una vista que desnude a la que ya estás viendo.
Siéntete el rey de la nada y sé nada con eso.
Que las flores hablen, y los zorros tengan la potestad
de soñar tu voz,
y que el cuervo, sea tu aliado en las puertas del dintel
escrito con sudor.
Pero nunca, nunca, olvides correr, correr, y cásate por qué no,
cásate con ganas de casarte, equivócate una y otra vez
con la misma persona y sé fiel hasta que la muerte,
muerte sea porque tú mismo destruiste lo más bello que tenías y así,
así sigue corriendo.
Gana dinero, ten lo que te gusta, gasta, gasta, porque eso se acaba.
Vuelve a la cueva, ráscate con las piedras, porque pica,
pica, estrújate con las paredes y grita tu soledad y tu oprobio.
Porque pica cuando pierdes todo, estruja fuerte, ráscate con las piedras,
que te alimenten las aves y corre pero cuando corras, corre, corre, corre,
pero cánsate, cánsate tanto, que ya no tengas que huir,
del verbo.










YIA




































1 comentario:

  1. Solía encerrarse por horas en esa bóveda que estaba llena de espadas conocía cada nombre y cada corte, si la espada usaba tacones o podía cocinar arroz con habichuela, de vez en cuando ellas se encabritaban de furia y le hacían tajos profundos, pero eso era algo que no le importaba a veces dormía arrullado por el canto azul de esas voces agudas, a veces pasaban años y las espadas no se movían, pero el permanecía sentado esperando siempre…

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