jueves, 30 de octubre de 2014

LOVE POTION #9

Lo mismo un día me da por regar conjuros lejanos.
Poción 12, gotas de aquello y lo otro,
me quedan perfectas las primaveras,
las flores son sencillas de hacer,
sólo un soplo, susurro el color y listo.
Lo mismo me da por conocer Mesopotamia
huir un poco, me monto, al instante llego.
Aquello de no dejar afuera las variedades
que no se pierda la preciosa costumbre
de encantar personas.
Dulzura inequívoca convoco a las olas
mar que soy, haz que se calmen mis sirenas
que estoy a punto de ser vapor,
porque lo mismo un día me da por ser
diluvio.
Poción 3, llanto del linaje de algún
animal que haya pisado el arca.
La paloma nunca dijo que lo vio cuando
volvió, así que miraré la botánica del verde
en su pico no sea que se pierda
algún cloroplasto sin ser seducido por mi mirada.
A pesar de la lluvia la marca en la cumbre,
el cielo recrea el iris arco, porque todo
se volvió difícil de comprender, y al revés,
porque veo que lo derecho es mentira si eres zurdo.
Que lo mismo me da con soltar las plagas
y desgastar las redes con presagios para
entendidos de las artes escritas y nos menos
marciales por ser en letras.
Ya que me han llamado desde la parte inferior
de la página y me han dicho, llegue niña,
escriba su voz que necesito pegarme a su estigma.
Y aquí señor, sepa que no vine porque me llamó.
Venir es un mandato de lo alto.
Tenga miedo de todo lo que soy, porque
mi amor no conoce el odio y el odio no tiene
fecha de vencimiento, y el amor...
dicen que es eterno, pero yo apuesto al amor.
Lo mismo me da un día con derribar altares,
hundir al pretencioso miedo y sus secuaces.
Que no han visto cómo me arden los ojos
ante el suplicio de las altas quimeras
y cómo combato con un sólo dedo al viento.
Haré mítines en los bosques y las ropas serán blancas
y no sabrán qué luces cantarán las melodías
ni qué visiones ni qué sacrificios harán las aves
que nos circundarán con el fervor de sus alas.
Poción número 9, no seas famosa, ven a mis labios,
como viniste a los labios del gato al lamer accidentalmente.
Tras ver el efecto felino me volveré
tejado, misterio, sigilo, suspenso, magnificencia...
vierte en mi boca el elixir que profetiza
el desenfreno que embiste el alma
y el cuerpo que atrae las llamas de la pasión,
incontenible.
Que lo mismo me da por descifrar las lenguas
de los trances en los poetas que detienen el temblor
del fuego y el azul en el movimiento de la flama
en la vela de la cera del vaso del cristal del destiempo.
Aúlla.
Que lo mismo me da hacer que la luna baje
para ser que yo la que suba y ser dueña de los versos
del hombre que exuda vida en las palabras
cuando ama como me ama.
Que lo mismo hago posesión de su cuerpo,
en una cama sin cama sin techo, pero con mucha
mucha nada que es todo.
Porque un día fui cizaña y a la vez fui trigo
cual humana que puede ser garza, entre las aguas,
porque no tiene cielo que la acoja y escuche sus ojos
gritando los ríos y las lagunas pasadas.
Que lo mismo puedo ser útil para contar lo que otros
callan, y sin nada de vergüenza de anidar en los que
no ladran, soy del filum chordata...
Muy bien lo recuerdo.
Detonaré un nuevo
ecosistema en el interior del que lee esto.
Porque lo mismo me da por ser el caos
necesario que la paz ansiada...
Poción 124, ha sido inducida por medio de códigos.
La parábola del ciprés y la espiga ha sido anulada,
espero otro tiempo...
Que lo mismo me da con recomenzar la tierra,
y dejar el apocalipsis para otro poema con menos
carga.
Que tiemble el infierno, que vine a derrotar su imperio,
ha llegado mi palabra.




YIA


















lunes, 27 de octubre de 2014

CRUSH




Oiga señorita, yo siempre la veo, usted siempre tan bien arreglada y combinadita.
La he visto de cabello negro, rubio, marrón y ahora con ese borgoña que la queda perfecto a su tono de piel. La veo con vestidos como de esas mujeres clásicas de las películas. A usted le queda tan bonito que traiga esos estilos femeninos que se van perdiendo, ya casi todas usan pantalones la mayoría del tiempo. Aunque un día la vi con uno que parecía de cuero, negro, y casi me da un infarto, dije en mi mente: le quedan mejor que a Shakira. Tiene tan buen gusto. 
Parece una estrella de cine, y no me mire así que no exagero. La veo todos los días y tengo que detenerme a mirarla. Pero lo que más me llamó la atención fue que el otro día la vi con un bulto grande y con zapatos deportivos, creo que se dirigía al gimnasio o algo así, no llevaba ni gota de maquillaje y se veía aun más hermosa... se lo juro que creí que era una aparición mística o una divinidad que había venido a hacer algún milagro. Usted ha hecho que desee llegar temprano sólo para verla sonreír después de decir: buenos días. Dígame su nombre por favor, que deseo saber como se llama la única mujer que con instantes breves ha hecho que mi mundo se detenga por instantes largos.
-me dijo















De corazones sé yo

De corazones sé yo. Sé reconocer los mejores. Un día encontré uno fascinante.
 El dueño me lo entregó completito. Qué se puede hacer con uno así de rojo, con uno con tanta pasión para las letras y tanta luna acumulada. Qué se hace con la nación que cabe entera allí, con tanto Rulfo, tanta Mistral, Gelmán, Pizarnik, tanto Gabo, tanto Borges, tantos libros, tantos poemas. Allí hay inmensidades. Es que quedarme con todo eso...
sería egoísta. Es tan grande.

Yo, que pienso a capa y espada que la muerte es bella y que hay comienzos cuando el latido cesa. Que pienso en grandes sustos y que hablo con los dedos cuando estoy en silencio, cuando quiero también ser corazón. Qué se hace con los mares que contiene si no tengo barcos perfectos ni submarinos amarillos que lleguen al fondo. Qué hago con tantas rosas y tanto Principito latiendo allí.

A mí que me gusta la sangre porque pesa, porque tiene grandeza y poder en cada glóbulo, qué uno hace con tanto bombeo ajeno. Yo que rompo todo y soy experta en pedazos, cómo hago para olvidar a mi Hemingway, a mi Goethe, a mi Rimbaud. Qué pasa si el dueño de ese corazón es más sabio que Salomón.

Y está tan guapo ... que hace que me ruborice. Qué uno hace si ese corazón tiene los ojos más hermosos que un puma enamorado, que un lobo extrañando a la luna.
Yo me rindo. Yo no sé si te ha pasado. Pero ante un corazón así me siento asombrada, tan asombrada que me atrevería a decir, que renuncio a Dickens, Whitman, a Shakespeare y a Cervantes. Que ya no más revoluciones. Yo no más a mi terca manera de Bukowski o de Poe. Qué hago sino amarlo, qué hago. Ya sé. Voy a abrirme el pecho y voy a entregarle el mío, junto con los poemas y los libros.




Yia


















sábado, 25 de octubre de 2014

De la A a la Z

Si muero es porque vivo
y ya sé que si duele amo
y si amo maullo cual gata,
rujo cual leona
en las horas en las que nadie dijo cielo y el azul me colma.
Como ese día que fui pez
y pájaro al mismo tiempo
para nadar y volar en tu alma.
Y como estoy
plenamente segura de
que conoces que
mis transmutaciones son extrañas y que lo mismo puedo ser una flor o una perla salada
o una semilla,
un verso mojado
y muy erótico, muy muy erótico,
o una hoja, o mujer
con cuerpo para el pecado
-qué pecado ni qué pecado,
mujer, ya, punto.-
-Y repito- que mis transmutaciones
son extrañas y que la poesía
me da risa cuando la felicidad
se me arroja en la cara
después de secarme las lágrimas.
Y que no hago más
que reír imaginando tu
cara leyendo esta cosa,
ya que mi céfalo tiene miles
de formas de besar al tuyo
haciendo justicia al amor
cefálico en máxima potencia
exagerada.
Pero no más potente que el amor del corazón bomba
atómica nuclear granada
bomba boom bomba,
amor peligroso como
peligrosa es una mujer
temeraria que lee y escribe
cosas sin intentar ser
graciosa pero que da gracia
por consentida y boba
y como iba contando,
grande, así tan alto
como ese árbol que tiene
frutas que alcanzo con estas
piernas largas de gacela
pero no menos leona que ayer,
dura de domar pero mansa
para tus manos tiernas
cabe señalar...
que este no es un poema normal
porque no es normal amar con tanta intensidad.
Y ya sé, que soy rara.
Pero -mi amor- sabe que eso no va a cambiar porque él me sabe toda, de la A a la Z,
de la Z a la A.




YIA













miércoles, 22 de octubre de 2014

TORPE





Escribir, escribir, escribir,
sentir, sentirte al pasar las teclas.
Alcanzar el poema más distante,
más luminoso, que contenga
todos los universos
y el magma de todo el centro
de los centros que arden,
que tenga todo cuánto
posea tu existencia y no la posea.
Querer alcanzar las simples
palabras que sean sólo tuyas.
Que no son oraciones,
ni clamores, aunque mereces
plegarias, Lord mi Lord.
Que ya no canto epopeyas,
si no tienen por título tu nombre.
No, ya no, no más mitos,
ni fiestas paganas a dioses
con pocos poderes, no.
Aquí no habrán grandes
héroes eternos enredados
en mis rizos, porque mi pelo
es sólo digno caer en tu pecho
mientras hacemos el amor.
Ya no más olimpos, ni liras;
entregué la corona de flores.
Ya no esculpo la piedra
con barro, ni me convierto
en estatua de sal cuando miro
la cuidad, no.
Que no es fácil meter tu grandeza
en simples líneas.
Aquí no honraré con hermosa jerga
a los guerreros con espada y
armadura, ya no.
Sería mortal que cupiese tu alma
en palabra alguna, no, no, no.
Que no sé si mi torpeza
ensuciarla pretendiese, sin intención,
sin intención.
Que no sé qué hacer para
humildemente, con mis dedos,
tratar de hacerla verbo.
Pero no, no...
yo soy muy torpe para eso.








Yia








Suspiré

Suspiré.
Después de llenarme de silencio,
de ausencia uniforme gastada en vacíos,
prolongando este encuentro
conmigo y el azar y el azul desconcierto.
Tiré las cartas por encima de la Torre
y el futuro soñado apareció en otro
plano que muy bien yo recuerdo.
Suspiré.
Conociendo que de mis huesos
ya queda muy poco en esta parte
del libro que con sangre escribo.
Hoy me llora la vida en espasmos,
me estrangula el grito que he perdido
en mis adentros y no respiro
cuando respiro.
Tengo náusea, hay hormigas
buscando mi cuerpo en tierra,
hay gusanos peleando mi nombre.
Aún vivo.
Como si por dentro supiera
que muero incluyéndome
a las calles viciadas de excusas.
Qué busca el entorno.
Qué quiere de mí la mañana.
Por qué exijo tanto
de mis pasos.
Para qué el rocío.
Auguran una letra infinita
de mis manos,
descienden partículas
de luz mientras camino.
Pero yo llevo ausencia.
Todas mis palabras se han ido.



Yia

LAS ESPIGAS


Cómo es no saber o no recordar como luce el cielo.
Cómo es no saber que es el verde.
Ella improvisaba tocando las hojas,
quizás el verde se sienta.
Jugaba en el ancho patio
que es casa, jugaba
a tocar las espigas.
Allá en la distancia un ser crea,
un ser piensa el remedio.
Se conmueve.
Pero ella sueña la tarde.
Su madre interroga al tiempo.
Sacude las entrañas
del campo, la ironía de la vida.
Y ella...
Ella inventa su propio cielo con ayuda
de la lluvia.
Que nada te espante, que nada te turbe,
que sólo la esperanza anida,
canta la niña.
Ella que sólo ama como aman
los pobres.
Que ríe porque sí, porque hay razones.
Porque su nobleza es parte de los misterios
del alma.
Ah, que la humanidad no está perdida,
que aún quedan quienes arropan
y tienden su mano sin pedir
nada.
Porque hoy a Anja, le devuelven la vista.
No más tinieblas en tus ojos, Anja.
Que para ti Dios es un doctor
que te bien sana.
Hoy verás las espigas.

YIA























lunes, 20 de octubre de 2014

HUMANS ARE THE REAL MONSTERS

Me confieso con poesía.
Recuerdo que no le temía a la oscuridad.
Estaba acostumbrada a las cosas que hacían mis tías.
I see dead people, y era normal para ellas.
Así como en el filme, pero a nadie le importaba.
Perdí la capacidad de tener miedo o
tenía tanto que podía enfrentarlo,
me tapaba con las mantas pero era
porque no quería ver,
era muy pequeña, muy pequeña.
Y allí estaba, siempre en el baño, un señor
entre penumbras que parecía estarme esperando
para un ritual desconocido.
Una ceremonia.
Allí en el patio un indio que me hablaba
cosas que yo entendía con sólo mirarlo.
En el pasillo, Angélica, Angélica, yo no
me llamo, Angélica.
Pero sí, a veces me llamaban por mi nombre.
De pequeña recuerdo tanto, pero es muy
lejano lo que veo porque los adultos nos hacemos
los tontos y no queremos mirar los recuerdos
inservibles y esas cosas que no se pueden
mencionar.
Porque soy problemática y traigo temas
que a la gente le asusta y me tildan de bruja,
y no sé qué cosas, digamos que soy parte
de la simpleza, primitiva, rudimentaria.
Parte de la pragmalingüística
en un subcampo de la lingüística,
quizás, de imaginación de permanencia o no sé qué más.
Pero buscando bien, no padezco de insomnios
ni de llantos ahogados, ya les dije que de loca ni un pelo.
Así era, meterme a la cama enorme aquella
y taparme completa porque los ojos pasmados
de los peluches sabían que una niña rubia
iba a entrar en cualquier momento para
jugar a los pies de mi cama con mis pinturas.
Un día me regalaron un crucifijo y lo puse en
el suelo, y la niña de The Ring justo en el centro.
Era igualita, el que hizo el filme tuvo que haberla visto
también, no crean que todo es pura fantasía.
El espectáculo era siniestro, y eso que aún
no les cuento de las risas, las conversaciones,
los dialectos, chillidos que parecían perderse...
Muchas veces pensé en grabarlos.
Pero allí estaba yo, sin dios que me escuchara,
como en el cuadro del Bosco, sin sentido,
todo se desparramaba, y yo era tan pequeña.
Sin clamores, sin nada que contestara:
Por qué no me hacían nada, por qué eran
conmigo como si yo fuera parte del otro lado
que no es visible.
-El limbo viscoso, desamparo absoluto,
aprende sola a controlar las llamas.
Sumirme a las amenazas del espejo,
a las miradas de la muñeca de porcelana,
a las frases sueltas: un anciano me dijo hija
de Sión, y no entendí nada.-
La puerta siempre daba pie a figuras, podían
pasar estando gente cerca, les decía miren,
y nadie veía, no es nada.
Algún día entenderás. Mi abuela no me explicaba.
Mi mamá tampoco.
Así que frisa arriba y cantar un poco hasta
quedarme dormida.
Entonces aprendí a conocer los peores
reflejos, los espectros ya no eran lo que eran.
Mi visión precisa casi alienígena, casi láser,
mezclada con algo de miopía... me hacía
entablar comunicación con los quasimodos
y las legiones más desconocidas.
Y ellos ahora me temían porque ya avanzada mi imaginación
pude decirles lo que querían escuchar y pude
entender para qué me querían.
Un día prendí unas velas, y ahí fue peor,
llegaron todos de golpe y qué pasó.
Nunca supe, me desmayé, pero me dejaron
un libro encima de la cama y aún lo guardo...
Pero el otro día pensaba, hace mucho que no me visitan,
tan visibles, puedo sentir, pero verlos verlos, no tanto.
Me volví adulta, sintieron el cambio.
Y claro pude encontrar, respuestas lógicas.
Dormir con la lámpara encendida podía hacer
que vinieran menos y eso bastaba.
Pero también pude entender que los
peores seres están vivos y actúan sin piedad,
a plena luz del día.












Yia

domingo, 19 de octubre de 2014

LA DE KAFKA

Dónde está la descendiente Kafka.
Preguntaste a gritos,
y buscaste mi silueta escurridiza,
entre jacintos dormidos.
La he hallado en un verso,
pero la línea es triste,
-murmuraste-
Cómo se puede querer tanto,
a un hálito que casi evanece
si no lo consigo.
Cuán diáfana es su hermosura.
Cuánta fortuna he conseguido.
Son innumerables las lágrimas
hasta este momento,
quiero que lo sepas,
-me dijiste al oído-
Y buscando su rostro,
clavando mis ojos en los suyos,
le dije: El verso no es triste,
amor mío, mi verso es sentido.




Yia

La sanción de las rosas

Tendrás la sanción de las rosas,
la carga, años de maldición,
miradas de odio, calumnias,
estarás al borde de tu calavera.
Te sentirás secuestrada
todos los días.
Te mirarán como almuerzo.
Si tu cerebro es más grande
intentarán bajarle el volumen,
que no hable, escóndela.
No la invites, que nos lo roba todo.
Maldita, por qué sabe tanto, ojalá
fuese bruta.
Por qué tiene tan buena piel.
Por qué es buena.
No le encuentro defectos,
mejor se los invento.
Maldita,
por qué no tiene ni una cirugía.
Maldita, ojalá no existiera,
ni tuviera esa estatura.
Ojalá no fuera tan bonita.
Eso escucharás siempre,
y será una letanía.



Yia.













AZUL AMOR


No olvido poner la coma,
un punto aquí, otro allá.
Me mira. Lo miro de reojo.
Es...toy en mi habitación, y él entra.
Le veo ir y venir, y mirarse al espejo.
Silencio rotundo. Silencio perfecto.
Concentración máxima.
Esta metáfora no le acomoda,
no le honra como debe.
Elijo otra. Este adjetivo si, creo
que le gustaría.
Qué merece, que quiero darle.
Silencio absoluto.
Me vuelve a mirar, encuentro fugaz.
Pide fuego.
Y me ofrece un color imposible de pintar,
que ni Miguel Angel, ni Da Vinci, no.
Me quedo buscando un largo de onda,
que esté a su altura.
Azul posible, azul acuoso, no.
Azul, el cielo no se compara.
Me quedo buscando el término.
Inventaré otra palabra.
Dame fuego.
Antes no pasaba esto,
escribía de la nada sin tropezarme,
y sin criterios tan duros.
Me servía lo que ya estaba inventado.
Ahora entra otro lenguaje.
Me declaro pirómana, lo confieso.
El sur era sur, el rosa era rosa,
el norte era norte.
Ahora no. El fuego. Ahora algo
me va quemando y dictando
cosas que pueden aún más seducirme.
Y por eso silencio toma
este verso, que estoy enamorando
a un color, y quiero lograr que me suplique,
que no pueda vivir sin pintarme
las manos de tanto derroche.
Quiero, hermosa, te acercas por mi espalda.
Deja de escribir, me dices.
Ya sé que debes inventar ese azul.
Pero ya lo tienes, lo tienes.










Yia














Digan

Camisa blanca de botones, falda línea A, amplia en el ruedo,
como si fuera inocente.
Sin ganas de mostrarse sensual.
Sentada en el borde del teatro, analizando sus papeles.
Esperaba su turno, con un foco azul alumbrando su entorno,
y ella seguía metida en ese folio.
Su mente concentrada, sus manos temblorosas, 
aunque para todos eso es imperceptible.
Esa masa que luce con ganas de pedir explicaciones.
Espera mucho de ella.
No voy a decepcionarlos, pensó, pero lo que voy a decir no va ha gustarles.
Alguien anuncia su nombre.
Mira hacia atrás como tomando impulso, se yergue
sobre su propio cuerpo y se para con un gesto desafiante.

Digan, digan. Digan, sigan diciendo.
Que yo también me sé esos cuentos, y claro,
cuatro o no sé cuántas generaciones más llenas de los mismos cuentos,
atormentándonos y durmiéndonos.
Digan, digan, digan, que puede que yo sea joven
y que hay cosas que no sé es cierto, pero con tanto cuento,
son escasas las cosas que olvido y las que no, no me dejan dormir.
Pregunten.
La poesía es también un arma cargada de mucha miseria
que mata al adversario y al que pulsa el percutor,
que se mueve lentamente.
No crean que todo es bonito.
Pregunten, que deseo saber que me dice aquel, que se explique.
Cuántas generaciones más tenemos que esperar
para saber qué entiende él por futuro.
Todavía no me dice nada.
Y que éste arma ni aprieta ni deja sin respirar, pero muy bien que ahoga.
Ahora que nos dejan decir que somos los que somos
y que nos dejan ser nosotros mismos (ni mucho)
que si fuera por ellos nos callarían de una buena vez.
Porque no somos nadie, y quién nos dio vela en este entierro,
que vamos por la fila dos entusiasmados con la nada.
Que somos unos vagos, porque somos poco peligrosos.

Y ya de paso a otro,
por no mencionar a Unamuno,
Que vencieron y convencieron, que convencieron muy bien.
Y luego la paz esperada, la sociedad se tornó algo distinta,
y la calma se hizo cada vez más insoportable,
y la gente a consecuencia de esto se hizo
insoportablemente mediocre.
Pero no fue culpa de él.
Y la vida siguió su rumbo taran taran,
como quién no quiere saber de nada,
como las cosas que no tienen mucho sentido,
como decía aquel que no quiero mencionar.

Se toma un sorbo de agua, para que la voz se le aclare,
echa su pelito por detrás de la oreja y continúa diciendo:

Y no le cuenten a Neruda, ni le pongan la tele,
es más no le digan, que pasó lo que tenía que pasar.
Que sí, que hubo versos más tristes y que vinieron
horas cargadas de tanta hiel.
Que lo cierto que es pudimos escribir versos tan deprimentes
en noches de besos y lascivias, en noches de Pandoras
revueltas, sí, noches que les deseo y no les deseo
a menos que sean poetas.
Porque de otra manera no hubieran podido resistir a los buitres
callados, los cuervos y los presagios de horas como esas.
Tampoco le cuenten de Stalin, eso sería muy cruel.
Le romperíamos el corazón si viera cómo está el mundo
que vivimos.
Le partiríamos el alma si descubriera que echamos a perder todo
y que fallamos en más de lo que se podía fallar.
Si él viera. Si otros vieran. No volverían a escribir ni un sólo poema
de amor, nunca más.
Y todos vendrían con una metralla cargada, ni un solo jacinto,
ni una sola rosa roja, no.

Y eso no es lo queremos.
Es demasiado para un poeta.
Es mucha la responsabilidad.
Pero estoy segura, de que un poeta, nunca, nunca,
deja su misión.
Digan, que yo me sé todos sus cuentos. Yo también escribo,
no me voy a callar, yo también tengo voz.

Yia



DÍAS HOLLOW


Te vas y me aparecen brujas verdes,
cientos de ellas esparcidas por la calle,
muy peinaditas con pendientes de arañas y de escarabajos. 
Sí, y me miran con cara de que saben.
Y me voy cosa de un mes escribiendo
poemas sin dejar de pensar en tu sonrisa.
Pero salgo cada mañana, y no puedo
evitar encontrarme con miles de zombies con los
pedazos casi en el suelo, como en el vídeo de Thriller.
Y me preocupa, amor.
En serio.
Sí, y yo sigo caminando, y es como si el Doctor Finklenstein
el chiflado creador de Sally,
pensara que yo soy esa muñeca de trapo.
Y veo a los hermanos calavera y me anuncian
que no estás con una canción
que dura unos minutos para hacer la entrada
de la muerte.
Yo me voy corriendo.
Pero me persiguen, amor, me persiguen,
Y Santa Claus no es tan bueno, un día se puso
a echarme piropos y me quiso reclutar en sus
grupos de duendes para que le diera besitos.
Y eso que no te cuento del hombre sin cabeza
y todo lo que ha hecho para quitarme la mía.
Mientras todo eso ocurre, mi amor,
un señor de sotana se frota,
una monja me adivina lo que dice la taza
y lee la bola en su casa para ver 
qué futuro
me espera.
Y todo es un desastre, cuando te vas.
Y eso que no te he dicho que un día
me iba a comer una galleta y se fue corriendo
después de sacarme el dedo del medio.
Supongo que era de jengibre, pero no sé
amor, no sé.
Otro día se me apareció Mónica Lewinsky,
te lo puedes creer, y me dijo que si te veía
iba a crear un voodoo doll para cada uno de nosotros
y no le tengo miedo,
porque yo de esas muñequitas tengo.
Pero no sabes, no sabes, de las muchas cosas
a las que tengo que enfrentarme, y me preocupa, amor.
En serio.
Porque esto es lo que pasa cada vez que te vas,
absolutamente todas las veces que te vas.
Pero cuando vuelves, amor, cuando vuelves...
El mundo comienza a cantar Amazing Grace,
o You Light Me Up de Birdy, ella es un ángel,
y bajan los arcángeles a decirme que todo está bien.
Y yo me calmo, amor,
me calmo, en serio.




Yia












Lo que Jacob veía



Revisa el nombre, le muestran los datos,
asiente tranquilo.
Cuídala, le dicen. 
Baja la escalera.
La sigue, la observa, disfruta su baile.
Sus triunfos celebra.
Se conmueve, la consuela, le seca las lágrimas.
La ve tropezar y quita las piedras.
Baja otro: Qué te pasa con ella.
La amo.
No puedes quererla: Sólo si fallan los frenos del auto,
un cáncer fulminante, son las dos maneras.
La dejas más tiempo o la deseas luz
a tu lado.
Prefiero seguirla mirando, quiero cuidarla,
no quiero que le duela.
Quédate tú hoy con ella.
Debo explicarle a...
Él ya sabe.
Sube la escalera.





Yia

IM A SAD GIRL

No sé si ellos pueden decir que no están locos.
Yo he podido descartar muchas preguntas.
Me he hurgado por mucho tiempo y he desechado muchas respuestas.
No tengo diagnóstico, mi hipótesis siempre cambia.
Nunca me pasó nada malo, nada de traumas, nada de patologías
innatas.
Tampoco daños que resalten, me dieron mucho amor.
No tengo secuelas producidas por agentes externos.
En teoría mi capacidad psicomotriz nunca se ha visto
afectada.
Mi sinapsis funciona bien y mis conexiones neuronales
están de maravilla.
Deprimida nunca estoy, así que lo descarto,
puede que me ponga triste un rato, pero se me pasa
no sé por qué, es como si la tristeza no fuera
parte de mí.
But I'm a sad girl como diría Lana,
pero cuando digo eso es porque
la confundo con nostalgia, también
se me pasa, aunque me vuelve a cada 20 minutos,
aproximadamente.
De todas maneras veo alguna que otra lamparita
en mi camino, la luz nunca me ha faltado.
Siempre hay días que me caen mal
pero depende de mí, cambiar los subtítulos.
También estuve mirando uno que otro
síndrome a ver si es que vine torcida por algún lado,
uno nunca sabe.
Aunque tengo buenísimos genes, pero siempre es bueno buscar.
No tengo Asperger, no tengo ADD, nunca he fumado, ni tengo vicios.
Tengo salud. Pero entonces por qué.
No es falta escrúpulos, ni falta de empatía,
yo creo que vine al mundo a llevar la contraria en todo, no sé.
Yo creo que soy de otro planeta.
No es mi afición favorita ir por ahí reventado los esquemas
de la gente, quizás un poquito, pero no es para tanto...
Si lo que yo tengo fuera eso estaría por ahí
vociferando cosas, llamando la atención y rapando hippies.
Ya me habrían quemado en la plaza.
Es que yo no pienso así...
siempre veo una solución, no pierdo la esperanza.
Ya decía mi abuela que por eso mejor guardo silencio,
ahora la entiendo.
Por eso siempre estoy callada, discernimiento, ah, pero pregúntame,
ahí sí que te diré y puede que no sea lo que esperas.
Sin embargo existe un protocolo, un código.
Uno escucha barbaridades, idioteces, muchas, uno soporta
cuando quieren que uno crea en raros dogmas que ni ellos creen
de corazón.
Pero uno les aguanta el discurso, asientes y sonríes,
porque es bonito respetar los puntos de vista.
Sus funestos puntos de vista.
Puntos de vista llenos de porquería.
Entonces uno piensa: No me obligues, que si yo fuera a obligarte
a aceptar lo que pienso saldrías corriendo.
Y así van entre ciego y tuerto, y pregonan basura con la boca grande
y bien abierta como si la parida global fuera de ellos entera.
Y así uno va amando a todo el mundo, porque no todos pensamos
igual, por eso he aprendido a ser paciente y tolerante.
Asumiendo el sinsentido, guardando apariencias.
Hasta que me sacan el monstruo, y veo como enarbolan sus mentiras,
y noto cómo roban, cómo manipulan, y lo peor es que demonizan al débil.
Pierden sus escrúpulos por absorber al que necesita una palabra de aliento.
Los hacen sentir que no valen nada.
Ellos reflejan sus culpas, qué hijos de...
Luego me dicen, tú nos confundes, eres difícil de descifrar.
No, no, que no soy tonta, eso es otra cosa.
Una cosa es ser manso, y otra muy distinta es ser menso.
Así es que se presenta este modelito, este mundo es caníbal.
Todo sea por el perdón y la armonía, hago el sacrificio.
Pero no voy a callar injusticias.
Dicen que así uno crece, yo aprendí a creer.
Y si no te gusta, vete lejos, vete a, no sé a Cuba, a la Antártida, conviértete
en un ermitaño, pero vete, porque corres el riesgo
de morir antes de tiempo, no seas una baja más en los registrados...
Hay que respetar, sí, pero no abusen.
Yo no sé si la gente puede demostrar que no está loco.
(No loco de genial o creativo, esa locura me gusta)
No, yo digo loco loco, de cometer locuras grandes y hacer daño.
Repito de otra manera.
Yo no sé si el mundo puede demostrar que no está loco.
Yo sí.




Yia





Los últimos

Como aquellos denarios a pagar
para aquellos jornaleros a tiempo completo.
Los que llegaron trabajar a la undécima hora,
recibirán lo mismo.
Los primeros lo ven con injusticia.
Los segundos con agradecimiento.
Los primeros no saben que la misericordia
del líder, sólo ve el corazón dispuesto.



Yia

El amor sobrepasa la vista

Dos personas pueden ver lo mismo y percibirlo diferente.
Así como las cosas que se ven y son temporales.
La vista te hace ver, pero ver con otros ojos es visión.
Cuando dos se aman, cuando dos... miran como se miran,
es visión y eso no tiene tiempo, ni distancia.
-Yo no proclamo nada, no invento el cambio-
Eso ya se asoma sin mi ayuda.
Un silencio vomita lo séptico a esta hora.
Un manoseo sin palabras se lanza y se esconde en la nada.
La nada que contiene el amor en cuarentena,
el amor en estaciones, el amor en distintas formas,
el amor porque sí, el amor imposible, el amor.
Algún día no seremos tan feroces,
ni tendremos tanta hambre ni tanta paradoja.
Algún día la herida asumirá su trabajo
y ya no haremos tanto daño a quienes amamos.
Oscar Wilde ya lo sabía.
Porque destruimos lo que más queremos.
Porque queremos devorar y contener todo lo que se pueda.
Me pregunto en qué momento los cascabeles sonaron
para dejar pasar la soledad inevitable que nos habita.
La soledad de no estar solos.
Porque una sola persona nos cura el mal
de las calles atestadas, las ruinas.
Si allí no está ese rostro, entramos al negro del hueco
que nos transporta a la puerta que dice no entre,
espere a la otra que si tiene el cerrojo que buscas,
el corazón que al unísono late.
Y ese corazón existe.
Y quieres ser ventrículo, válvula, aorta, lup dup, aurícula,
quieres ser rojo y quieres la llave,
y echarla donde nadie pueda tratar de imponer su rima.
Porque sólo tú conoces los secretos.
Porque sabes cuán grande pueden ser el uno
y el otro cuando sincronizan.
Entonces, el día llegará. -Que las fiebres pasen.-
Y tú sólo desearás el silencio inhabitable,
y al no poder habitarlo saldrás a abrazar al viento.
Sólo vas querer el bien para la otra parte.
-Que sea feliz, eso quiero, dirás con la lágrima cayendo.
Lo que no sabes que del otro lado, él piensa lo mismo.
Y los dos corren a encontrarse en el punto
donde el dolor los hace más fuertes.
Donde ninguna cosa puede separar. Indefectibles los hilos.
Porque el amor sobrepasa las tumbas,
porque el amor sobrepasa la vista.





Yia















miércoles, 8 de octubre de 2014

OCTUBRE

<<Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus>>
Es que da vueltas.
Es que es así retorcido.
Aleatorio.
Quién va a hacerse cargo
de las cosas.
Es tiempo de la nada.
Hay algo de tenebroso
en la entrada, sé que lo sientes.
Apenas te reencuentras con
todo lo lejano.
Se te eriza la piel y no es para menos.
El año casi se despide
y cómo fue eso.
Todo comenzó con una semilla.
Ahora, que lo mismo una tarde
me da por hacer escombros
con los residuos del valle,
y ahora que miro las plantas:
nucleares.
El engendro de las hojas
escribe, recuerda el valle,
riego los campos: Tempus fugit.
Es lo mismo, piedra, papel o tijera.
Papel gana a piedra.
Que lo mismo veo chaneques
destrozando el cuarto de mi hija.
Ella conoce los secretos,
tiene facultades.
Es Octubre, todo es ocre,
y pienso disfrazarme de viva,
eso dicen los súbitos de Judas.
Pero todo es tan aleatorio,
me da risa, en qué páramos
vives, cerezo.
Es Octubre, repito, y quién
dijo que el tiempo existe.
Hoy soy una hoja cayendo,
a eso le llamo progreso.
Quasi naves, Velut umbra,
Sicut nubes.
Total, esa mi hipótesis.




YIA


LOS POBRES

Los pobres aman distinto.
Aman con las manos llenas de nada,
con hambre excesiva, con gula vacía,
en las peores condiciones que puedan
pensarse, aman, con rabia, con piel,
aman con las manos.
En condiciones que duelen
adentro.
Aman sin adornos, sin largas excusas,
sin necesitar alcanzar lo que no tienen.
Aman con todo en su contra,
con tristeza cansada y de tanto
estar triste, sonríen.
El amor de los pobres
no tiene decoradas estampas,
la famélica manera de mostrarse
no contiene facturas, ni domingos
entre letanías e imágenes.
Los pobres tienen algo peculiar en la esencia,
una chispa les viaja con tal
fuerza que al pasar los nutre.
Entienden de derrotas,
comprenden las esperas y viven
cada día como si fuese el último.
Aprenden a amarse a oscuras,
ven la desnudez de forma diferente.
Han aprendido a aceptar las circunstancias.
Conocen las peores sensaciones.
Saben de desprecios, de desastres.
Sueñan en cualquier parte estando
despiertos, porque no tienen un colchón caliente.
Aman sus jergas, sus canciones.
Son más valientes que cualquier guerrero,
no se avergüenzan de sus pies al aire.
Aún así su amor no parece acabarse.
Aman en medio de la guerra constante.
En medio del dolor, aman.
En el centro de la angustia hacen arte.
Con todo lo adverso encima,
aún tienen ganas de tener carisma.
Aman distinto los pobres.
Con las manos vacías, con hambruna, aman.
Malqueridos, demacrados, despreciados,
existen para mostrarle la verdadera
belleza a los ángeles.






Yia











ESA EMPRESA


Sé reconocer esa empresa.
Su procedimiento reconozco, sus artefactos
veo en todas partes. 
Se planta en mis ojos el fracaso
cuando lo veo en cuerpo presente.
Sé como luce la derrota.
Recuerdo a ese compañero de clases,
lo vi el otro día, era lunes.
Me miró buscando que lo reconociera,
y yo dudaba, pero sí, hice un gesto
como diciéndole sé quién eres.
Su padre trabajaba fuerte,
su madre hacía lo que podía.
Estudié con él siempre,
vi como se desarrollaba su personita.
Muchas veces callé ante lo que le hacían.
Cobardemente, callé. Quizás no era por cobarde.
Yo era otra espectadora del desastre.
Usaban las más innovadoras y crueles formas
de humillación y vejaciones, esas criaturitas.
Esas criaturas no llegaban a los 11 años
y ya tenían la lengua más filosa
que una vieja de mala vida,
llegaban a ser mordaces.
Se reían de él, le golpeaban, le robaban
su merienda y el dinerito que le daban
sus padres para comprar una dona
en el break de las nueve.
Llegaba desaliñado, cabizbajo, a nadie
parecía importarle.
A mí sí, sólo que hasta ahora lo dije.
Conozco esa empresa, engulle huesos,
come cabezas, muele cuerpos, cambia
cerebros.
Ese mecanismo.
Él no volvió a ser el mismo, le robaron ese derecho.
En él creció esa tramoya, estaba ciego.
Nadie le mostró la mentira de esa industria.
Así fabricaron una artimaña, hicieron a un marchante
con la potencia necesaria para odiar con furia que arde.
Se tornó en un auténtico Homo-sapiens,
listo para despertar a la bestia que llevamos adentro.
Digno de ser de la especie destroza fauna, destruye selvas,
come enemigos, destripa animales, roba de todo, pide no- perdones.
Allí, en esa empresa, te dirán que debes sacar del medio
a todo el que brille, porque tú, estás tan perdido, tan burlado.
Te dirán que extermines a tus enemigos uno por uno,
y que luego limpies con cloro la sangre restante.
Eres tú o él, eres el ganador o el loser, te dirán,
y tú pensarás que eso es defenderte,
que hay sólo clases como tales: Los comidos o los que comen,
las presas y los depredadores.
Allí te harán un hombre.
Al verlo sentí que callé con la daga punzante que,
paradójicamente, sangró ese lunes,
haciéndome saber que hay una filantropía distinta
que debe hacerse.






Yia









EN EL PRINCIPIO


La ciencia siempre me ha besado.
Mi madre me hizo amarla.
Siempre estuve entre batas impolutas
y gente de gesto siniestro, gente muy concentrada
en teorías, bases, miradas tan vastas.
Observadores todos persistentes.
Ya habían establecido datos.
Yo era como la nota discordante,
siempre tenía un dato en el que no se habían fijado.
No era mi culpa, tengo otro ojo,
otra visión me hace sentir cosas.
Tengo emociones que se me salen por los poros.
Ya ellos habían establecido la impenetrabilidad de la materia.
Ahí no se puede, ya está dicho, probado.
Que si aquello no existe, que si lo otro tampoco.
Y entonces qué.
No, que no podemos ser uno.
Que no somos el mismo pasajero.
El mismo fluir, amor, que no, que no vives adentro de mí,
transeúntes juntos no somos, no. Eso dicen.
Que es ego, que eso que uno siente es, ganas de poseer.
Y que de repente tú y yo, no somos el mismo espacio.
Ni el mismo horario, no.
Que no podemos ocupar dos sitios simultáneamente.
Debemos recordar que el principio de exclusión,
excluye, excluye, ya sabes eso, por qué te empeñas...
y yo los miro, me siento cruzando la pierna.
Entonces, me refrescan la mente,
contándome de las tres dimensiones y que eso basta,
para casi todo el mundo, que no insista.
Pero yo no soy casi todo el mundo...
que no soy tan soberbia como para no entender,
está bien. Digan.
Que yo con mi cara de incauta, mi sentido del humor,
mi chiste inesperado, mis etcéteras, como le pongas,
vine a tumbarte la danza, la pantomima, el show,
de que no se puede.
Esas leyes a mí me parecen fascinantes,
pero quién dijo que no hay forma.
A mí no me iluminan, ni a ti tampoco, verdad, amor.
Si ellos te vieran, nos vieran, sería otra la historia.
Qué caso empírico, tan empírico, de la empírica total,
e irrefutable. Qué seriedad.
Cómo les digo que siempre estás.
Cómo les hago entender que ya hace mucho
que vengo desafiando la física, las letras, las distancias,
las lágrimas, los pensamientos, los silencios...
ya no me da miedo, ni me asusta mirar a la gente
a los ojos y decirles:
Que nuestra viscosidad es tan uniforme.
Nuestros átomos se relamen tanto,
y nada de las 3, 5, 9 dimensiones, todo,
que nosotros moléculas bellas del milagro,
como vallas sin fronteras unidas, y necesarias,
sin agujas, ni cuchillas, compenetrados.
Y ellos siempre con la radioactiva bata, mirada siniestra,
haciéndome entrar en los desiertos que ellos poseen,
con sus casitos empíricos y su mucha vuelta al asunto:
Yo los dejo con sus papeles en las manos.
Porque yo vine y tú viniste para demostrarle al mundo
que no estaban preparados para nosotros, juntos.
Entonces para dejarlos en ridículo,
y buscar el eslabón que les falta a todos esos científicos.
Vinimos al mundo a fundirnos, amor, a fundirnos.






Yia







LA GLORIA


Uno nunca sabe, o sí.
Quizás tengamos un precio.
Hasta ahora lo dudo, dicen que al final,
al final, muy allá al final uno tiene precio.
A mí que ni me compren o no sé,
eso me parece bastante aterrador.
Así pensaba hasta que un día vienen
unos ojos que te quieren matar y te tiembla todo.
Entonces, recuerdas la escala de Mohs,
porque parecen piedras preciosas
y te sientes atraída por tres milímetros
de iris en cada ojo, lo que hacen un total de seis
por dos de ancho milímetros de iris negro azabache, negro ónice,
dureza siete en la escala de Mohs.
No sé quién tuvo la osadía de invitarte a mis grises raros zafiros,
tres milímetros de iris en cada ojo, que dan a seis por dos milímetros,
con nueve de dureza en la escala antes nombrada. Y arde Troya.
Y siento como Aquiles elije entre la paz y la gloria,
yo humildona al fin, hubiera elegido lo primero.
Pero me he quedado pensativa, y sí lo mío,
era la gloria, qué hubiera sido de mí.
Pero ya saben el resto de la historia,
terca tropezando con la misma piedra y claro, directita al talón.
Pero quién piensa en eso en estos tiempos,
esta demente que lo único que hace
es tramar acertijos, y aullar, maullando,
con sonidos silenciosos a la misma luna que ven todos.
Me hubiera quedado a descansar
tranquila en alguna islita griega, pero no preferí
dormir disfrutando la gloria.
Al fin y al cabo, llegan los giros revolucionarios,
las independencias y yo me quedo intensamente introducida
en esos seis por dos milímetros de iris, y esas pupilas
puertas del cielo en el que quiero volar.
Luego recuerdo que tienen un número
en la escala de dureza y me someto
sin amparo ni tregua a inventar cómo hacer
para obtenerlos.
No sé si llamar a Cupido pero en él no creo tanto,
no llamo al Diablo, porque él viene solito.
Entonces, planeo cambiar mis veredas,
y trato de revisar el inventario de mis cavernas de ego involuntario,
y limpiarlas, emulando a algún rescate en el que me salve a mí misma.
Es así como me compadezco de mis ganas
de acercarme a los valores relativos que me muestras.
Y me enamoro más de que te enamores
de mis grises egipcio, gris eterno, seis por dos milímetros,
de no ir viendo fantasmas como Bécquer,
y ahí la paradoja: por tus seis por dos milímetros
de pupilas negras, con algo valioso, valioso, que no creo
que pueda pagar si no es con alto sacrificio,
tan alto como aquel que según algún escrito,
compró con sangre a la humanidad entera
para perdonar la infinidad de basura que tenían los perdidos.
Algo así, porque tú eres todo mi mundo. Yo siempre lo supe:
Que la escala de Mohs dice que eres más que millones de diamantes,
y que no son tus ojos y los míos, minerales,
ni gemas preciosas inmensamente bellas, ni cuarzos, ni calcitas bonitas.
No cambian tus ojos según la iluminación, no tienen dureza.
Poseen toda la luz, toda.
Pero en algo te doy la razón, vale la pena el sacrificio,
es la única manera de obtener la gloria.








YIA