sábado, 24 de mayo de 2014

Amor sólo eso, amor

Lo supimos en ese instante.
El alma salió por los ojos
y el lugar se tornó vacío. A pesar de la gente.
Nadie notó el diapasón. Había tanto ruido.
Tanto que hasta la vida se detuvo. 
Y todo fue silencio, todo fue sagrado,
todo fue benigno para nosotros. 
Resistir fue la palabra,
el reto. Lo difícil.
Me rogó que me quedara. Le insinué lo mismo. 
Era enérgico, carismático, magnético,
todo el mundo lo sabía.
Todas tenían que voltear a mirarlo.
Cuando él caminaba el cielo reía.
Todos hablaban de él.
Tenían que escucharlo. Esperaban su poesía.
Él era un híbrido incansable
que no podía contener su cántaro.
Era un ser magnificente.
Él no sabía que poseía toda la belleza.
Todo el orgasmo de un amanecer dorado.
Pero algo sí sabía, algo se había develado
y no éramos los culpables.
No éramos culpables, no.
Era amor, sólo eso. Amor.




Yia



















Camille Claudel



"Tras apoderarse de la obra realizada a lo largo de toda mi vida, me obligan a cumplir los años de prisión que tanto merecían ellos..." Estas palabras fueron escritas por Camille Claudel al cumplirse el séptimo año de lo que ella misma calificaba como "penitencia", su internamiento en un manicomio.




Escribirte a ti y llorar contigo, Camille.
Él me presentó ante ti, me dijo, lloremos
con ella.
Binoche hoy la interpreta en un film.
Acompañemos el dolor que aún duele.
Sí. Vamos a rezar con ella, para que no duela.
Te robaron, Camille, te arrancaron las ideas de las entrañas.
Te metieron a un manicomio. Los locos, ah, los locos.
Tú no Camille, tú no.
Maldito Rodín. Maldito el nadie que intenta envenenarte.
Tú solo deseas tu estudio en París,
tus manos besadas por Eros, tus bocetos.
Tus putas ideas fueron robadas, qué dolor, qué infierno.
- Qué es más duro, Yia, qué es más duro, qué
es más duro que tus obras lleven el nombre
de otro pendejo que envidió mi vivir.
Qué es más doloroso que ver locos babearse
y oler el excremento de la interna que ni cuenta
se dio que su hijo la visitó.
Mirar y orar, mirar y orar, mirar y maldecir el tiempo
que teje patrañas que el amor no supo decir.
Te robaron, Camille, y hasta el pájaro muerto sabe que es así.
Tu hermano, qué hermano, él nunca te sacó de allí.
Y las manos, pero tú tienes tus manos
quién puede robarte eso, Camille.
Quién puede llevarse tus caricias que moldearon
lo imperecedero de tus momentos en mí.




Yia





























Paredes de sexo






La luz se ha vuelto un faro en tus ojos.
Tus ojos, siempre hablo de tus ojos.
La lumbre que se mece impetuosa 
sublime, cristalina y urgente.
Tu boca, tu boca, desde ella mi verso.
Qué haré contigo, amor, qué haré para cubrir
los sueños con lo que revolotea en nosotros.
No tiene lugar la duda en esta sala de gemidos
en donde me rindo a tus dioses.
Mis senos se acostumbran a tu viaje fortuito.
Qué harán conmigo los espasmos
con los que vas procreando abismos,
la erudición del silencio. 
Qué haré con mis dedos cuando te hayas ido.
Cuánto amor nos ata el ombligo,
qué lazos se han vuelto eternos,
en estas paredes de sexo.






Yia






































Dr. Paul Robertson (Sirenas)



La naturaleza te rinde tributo.
Porque tú, porque tú.
Tú las encontraste
tal y como las viste de niño.
Tus ojos lucieron el azul de siempre,
tus ojos no mienten,
el mar se mueve en tu precipicio.
La incógnita no pudo detener tu talento.
Greenland, Denmark, allá escucharon.
Tu hallazgo se mide con algo no que cabe
en el raciocinio humano.
Y allí estás tú ensimismado,
loco de atar por ver que acepten tus teorías.
Tus documentos, tus vídeos, tus fotografías.
Ante ti la verdad ofrece holocaustos.
Ante el murmullo de tantas noches
se inclinan los seres lejanos.
Las profundidades no son tan profundas
pues ellas de ti se enamoraron,
yo hubiese hecho lo mismo.
Si fuera sirena, - que de hecho lo soy-
tu pasión me hubiese
animado a salir a la vista de todos.
Esta noche soy yo la que te canto.








Yia




















miércoles, 7 de mayo de 2014

Me atrevo



El rayo esconde la caricia.

Muerte al yo.
Después al mí. 
Declaro el exilio completo.
No se acerquen.
Tengan miedo de esto que soy.
En este país mis maravillas no tienen conejo.
Habito el terror de la zona cero.
Por ahora el crujir de sus dientes es música.
Sean objetos de este trance.
Sean el otro lado que me mira de reojo
y piensa que me recorrieron con azufre.
Tengan preparada la bandera,
blanca es la adecuada.
Sean el yo que se queda en ustedes.
Puede que ayude conversar de esto,
teniéndonos cara a cara.
Sean todos los guerreros y el mapa,
a la vez sean las armas,
a la vez el camino y el punto de llegada.
Ustedes serán el yo que no puede odiarlos
y que sale de mí para desear sus cabezas en un plato.
Cuando termine la contienda -si es que termina-
podremos tomar del mismo cáliz
y comer de las uvas.
Una pizca de gula,
conduce al placer del juego.
Podremos intentar amarnos con los ojos vendados
y sin vendas, y volver a vendarlos.
Sabiendo, conociendo que el amor es ciego
desde que el yo partió lejos.
Tal vez podremos reírnos del temple que asumimos.
Jugar eso que consiste en quitarnos el collar de huesos,
arrojar las calaveras
y darnos cuenta que la muerte está detrás de nuestro oído.
Tal vez convoque a las musas
para que me acompañen a abrir puertas y a cerrar ventanas,
sabiendo que no hay puertas que abrir, ni hay ventanas.
Cuando todo acabe -si es que acaba-
nos fundiremos en un abrazo.
Contemplaremos al otro con el mismo honor,
sabiendo que no hay distancias.




Yia


































El poema



El día ha declinado. 
Por qué el rostro triste.
Qué has perdido 
si no posees nada. 
Qué aterroriza tu sino.
Qué te robó el pensamiento.
Qué ansiedad te dijo
que estás solo.
Qué no ven los ojos
y no palpan las manos.
Acaso tu única conversación
es crisis.
Acaso tus lágrimas
son para siempre.
Acaso tu espíritu
no tiene piel
en las estrellas.
Oh, por qué esclavizas
tu faz al sepulcro.
Si la tumba tiene fecha.
Qué te ha dicho el corazón.
Qué sostiene tu confianza.
Quién maneja tu fémur
y todo lo que trabaja
sin que la voluntad quiera.
Por qué tu llanto no entiende
que tú tienes la fuerza.
La transformación no caduca.
La tempestad siempre se calma.
A diario escribe un poeta.
A diario sale la luna.
El poema siempre regresa.

Yia































Universo

El universo es sabio, conoce de distancias y de hechos. Todo tiene fin planeado, una esclavitud de los astros. La fría vista de lo lejano tiene una luz para cada caso. Un resplandor para cada ser, un impacto subordinado. En medio de la noche yo contemplaba el negro como si pudiera vestirme de órbita y allí rodeada de tanto, adquirir la forma del principio. Pero qué puede hacer mi mente finita con todo eso. Explotaría tratando de explicármelo. Todo me parece tan frío allá en lo alto. Opté por escoger una estrella y nombrarla para que no se desvaneciera. Luego pasó una nube, pensé que era su enamorado. Ya no tendrán frío y estarán orgullosos de su canto glorioso. Es demasiado, demasiado misterio, demasiado hermoso. Ahora me será más cercano el idilio, porque lo que le regala a mi curiosidad es magnificente en todos los sentidos. Luego volví a pensar en el principio. En el eje de todo. De ahí salté a la física y no sé por qué, ni que tiene que ver, pero dije: claro, todo ya está explicado, para qué pelear con algo que está dado, es obvio, las cargas iguales se repelen. Si lo convierto en lo que quiero entender en este momento, creo que los caminos separados nos vuelven distintos, para luego, ser atraídos. Por eso nos llama, por eso el vacío...


Yi
a