miércoles, 26 de febrero de 2014

Bosque




Hay una rosa sangre llena de color y hastío. Un tulipán vomita belleza mientras una araña sacude el olvido. Nadie vio. Aquí no hay caminos que muestren las hadas. El río transita la muerte del equinoccio y a duras penas un tratado se firma en las pocas horas que le quedan a una mariposa. Nadie vio. Un murmuro lento dice que alguien se acerca. Pero no es cierto. Todo miente. La primera gota de lluvia desaparece, aquí extrañamos ver llorar a las hojas. La letra intangible del silencio despierta a los ancestros. Vagan sin rumbo haciendo círculos. Están cansados de hacer historia. Les invito a la copa del árbol central y ellos trepan. Desde arriba pueden verme ampliamente desecha. Han descubierto un lado ocre que no conocía. Uno llama a un jaguar que vela a su presa. Pero el jaguar se pierde entre las sombras. Descuida, me dice el canto del jilguero: Debes reverdecer aunque el subconsciente se vuelva suicida. Mi abstracción seduce a las horas y por fin aparezco. El bosque entra en mi cuerpo. Sólo soy una mujer desnuda.

Yia

Péndulo







Cajas de vidrio guardan notas que escribo de forma anónima. La ironía calla un secreto que corta. Dos faroles miniatura adornan la mesa. Un péndulo danza con elegancia. Un olor a madera absorta arrebata. Nadie sabe que dejo las cartas. El dueño del lugar no sabe que existo. He pasado burlando la seguridad de la entrada. Hay filas de luces cuidadosas. Mi memoria lista no sabe de encrucijadas. Mi mano pasa suave para escoger un título. Yo siento que vibra mi alma. El silencio parece escuchar mi sigilo. Hay hombres adentro de esas páginas. Arriba de mí el gris materia hace fiesta. Es hora de llenar las arcas. Soy de las que ve todo como en un filme. Un libro escoge mi mano. Lo leo por largo rato para acallar las sirenas que me aguardan. El cuarto me mira en cámara lenta. En otra escena él piensa: Qué rostro tendrá la que siempre deja sus letras. Ella debe saber cuánto la amo. Dejaré como siempre la puerta abierta.

Yia

domingo, 23 de febrero de 2014

Vasija



Tomando en sus manos la vasija. La dejó caer. Dijo: De igual manera romperé tu vida y no tendrá arreglo, mas que mi arreglo. 

(¿Qué harás cuando falte tu hermano? Eres muy joven para gobernar, ¿has visto de qué manera está el pueblo? ¿Puedes tú con tanta carga? No creo que una mujer pueda con todo eso. Decía Cleóyd, mientras organizaba el cuarto de Raida.)

-Mi Cleóyd, ya sé que mi hermano no volverá de la guerra. Lo he visto en un sueño, contestó Raida.

Raida sabía que tenía que dar el discurso. Dudó, pero respiró profundo y pensó en las palabras correctas. Ya todos estaban en sus puestos. La multitud aclamaba. Ella se puso de pie y de frente al atrio, pronunció las palabras: Sé que Turín murió y que ahora sólo quedo yo. Entiendo que no confían en mí y que mi vida no refleja lo que ustedes quisieran, pero haré todo lo que esté a mi alcance para representar a mi escudo de la mejor manera. Se despidió con un ademán incompresible y desapareció de la vista de todos.

De los negocios de mi padre estoy sedienta. He traído los estatutos para repasarlos. Dirán que no soy lo que ellos quieren que sea, pero precisamente eso quiero darles, algo que ellos ni siquiera saben que ostento. Un segundo de mi paz acariciará sus rostros y traerá un nuevo orden.

"Que he dejado mi primer amor, me recalcó mi padre hace unos años''. Ahora retiñen sus palabras, y cuánta razón tenía. Ellos no están. (Se refería a los dos hombres que la cuidaban.) No están, pero están sus palabras.

"Busqué la copa en la repisa del cuarto de armas y me hice una pequeña cortadura. Dos gotas de sangre, dejé en la copa. Allí volví a ponerla y nunca más lo mencioné. Hoy regreso al cuarto de armas y la copa está intacta. La sangre seca brillaba."



-Cómo estás Lucía, preguntó el psicólogo.
Señor, yo no me llamo Lucía, me llamo Raida. Señorita Lucía, lleva aquí más de dos años diciendo lo mismo. Entiendo que el robo de sus obras, de sus bocetos y de su creatividad, le causó mucho dolor. Sé que uno tiende a bloquear ciertas emociones. Tengo fe en usted y sé que saldrá bien de este lugar. Le pido paciencia y espero que se mejore. Usted no se llama Raida, ni es hija de ningún rey. No tiene que prepararse para dar ningún discurso esta noche, el baile que dice que dejé perdiera, nunca se dio. Eso no existe, lo inventó.

-Lárgate, fuera, sal de mi cuarto. No quiero verte más. Tú me tienes aquí, secuestrada. Mi pueblo sabrá lo que hiciste y vendrá calamidad para ti, y para los tuyos. Sobre ti escribiré la venganza de mi padre y tus días estarán contados desde que cruces esa puerta.

(Llora)
Cleóyd debe estar preocupada. Aquí nadie me cree. ¿Dónde estoy? ¿Qué me hicieron? ¿Dónde está mi cetro? Yo no estoy loca.
¿De qué obras habla? ¿Por qué usa ese lenguaje tan bajo? Los de arriba no hablamos con esas faltas de refinamiento. ¿Qué ha pasado? Qué horrible el color de las paredes, el cuarto no tiene cortinas, qué triste es estar aquí. No pertenezco a este lugar. Allá todos me esperan.

(De una de las paredes sale un hombre alto, y le habla, con mirada de paz)

Hola: He venido a verte, somos más pero me tocó a mí decirte. No llores más, sécate la cara. Te vimos y tuvimos misericordia de ti. No puedo explicarte mucho. Comprendo cómo te sientes. Lo que dices es locura para los hombres y no deseamos que se burlen de ti. Eres alfarera y escultora, esa es la verdad. Tu amante robó tus ideas y produjo tus creaciones diciendo que eran suyas. Se llenó de avaricia y de algún extraño deseo de poder. Luego te dio la espalda y te trajo a este lugar. Tu talento no proviene de ti, proviene del misterio de las visiones que son tuyas y sólo tuyas. Todas ciertas, todas reales y perfectamente puras.
Un día, en tu hermoso estudio en París, vine a cambiarte la mente, porque dejando las cosas como estaban ibas a sufrir más de lo que podías aguantar. Tomé una de tus vasijas y la dejé caer en el suelo. Prometí que iba a romper tu vida y que la haría de otra manera, (ya que una vasija no puede ser de nuevo la misma vasija.) Te llamas Lucía, pero también eres esa que te dices llamar. Cuando rompí la vasija llegaron a ti las sensaciones y las imágenes de algo que sí pasó en otro tiempo y en otro lugar. No tengo permiso para hablar de los viajes, ni de los cambios. Ni siquiera El Grande quiso mencionarlo, ni le contó a los que escribían lo que mandaba Él.
El libro que lo dice está excluido de todo ojo. Sólo quiero que sepas algo: Nada de lo que hiciste fue en vano. La verdad siempre será la verdad. Ahora dime, decide tú. ¿Quieres enfrentar a tu amante y recobrar tus obras? Recalco que: Te daré todas las herramientas y la evidencia para que puedas defenderte. Pero por otro lado, está tu pueblo esperando tu segundo discurso en el que decidirás el porvenir de todo un reino vasto.
Para Él no existe el espacio que los hombres creen que existe, para Él un día es lo mismo que mil años. El tiempo que conoces, realmente no es tiempo. Lo que importa es que los negocios del Padre, se efectúen a como dé lugar. ¿Qué vas decidir, el trono o tus piezas en el museo? De todas maneras las dos cosas cambiarán a muchos. Pero una de las dos es mejor que la otra, y puede hacer más.

¿Y no puedo ser las dos cosas? -preguntó ella.

-Sí, eso quería que dijeras. Esa es la contestación correcta. Desde hoy escribiré tu nombre nuevo en el libro de la vida. Serás otra vasija. Serás hija de un rey donde quiera que vayas, pero usarás el arte de carnada.



Yia










viernes, 21 de febrero de 2014

Feliz cumpleaños, Yia

Zulma había perdido tres embarazos, todos los bebés se morían adentro. Uno tras otro. Fue decepción tras decepción. Era triste ver la habitación llena de juguetes, ropita, y una hermosa cuna. No podía tener hijos... dijo un médico. Quiso adoptar un bebé pero todo se opuso. Pasaron muchas cosas, se sometió a un tratamiento de fertilidad, porque otro médico dijo sería de mucha ayuda. Intentó quedar embarazada nuevamente, pero esta vez, le cosieron la matriz para que no perdiera el bebé... y pudo tener un hijo: Pequeñito, prematuro, pero estaba saludable, con unos cuidados, pudo estar bien. El primogénito, fue la alegría de la casa. Después de eso el doctor le dijo que no podía tener más hijos que el tratamiento había terminado. Que era imposible tener otro. Ella lo acepto tranquila. Entonces, un día después de dos años, sintió náuseas... y era yo dentro de ella. Casi muere de alegría, en casa todo fue una fiesta. Ella dice que soy un milagro. Tanto así, que nací el mismo día de su cumpleaños. Hoy cumple mi madre, ella me dio la vida, y yo soy su regalo.



http://youtu.be/q7tfuUzK5W4

miércoles, 19 de febrero de 2014

Contradicciones





(Ni me llames ni me busques, pero llámame y búscame.)

He vencido al llanto tratando de nombrar utopías. Construí una coraza fija que se mueve conmigo. Voy reptando de las paredes de todos los edificios en dirección a la luz en la que vivo. La nostalgia del viento me susurra que he vencido. Un auto se alinea junto a la acera donde una vez vi morir a un perro. Allí la historia fue para nosotros los que pasamos desapercibidos. A pasos cortos sigo buscando trabas que tengo porque lo pregunto todo. Ahora que lo pienso, dejé sobre la mesa la carta que enviar no me atrevo. ¿Dónde estarán tus huesos?, qué místico gusano planea corroborar que la amnesia momentánea viene en un trago de vaso pequeño. Quién soy yo, me pregunta un pájaro que dejó en mi camisa su muestra de agradecimiento. Yo le contesto que no soy nadie desde que tuve miedo. Un paso más y en la calle fuerza de voluntad vi un letrero, decía: qué hago con el dolor si tú tienes el remedio. Supongo que era un anuncio de algún analgésico, no sé por qué pensé en tocar la puerta de tu casa que está cerca de la calle alegría. No sé por qué tengo en la cara esta sonrisa, si no contesté cuando me llamaste ni dejé un hola cuando necesitaste que firmara la sentencia remota. Yo no sé qué dicen las palabras rotas y yo estoy caminando a comprar algo que no necesito. No lo llamaré terapia. Unos zapatos nunca están de más, eso decía la vecina del consumismo. Dos pasos más, una librería me llama con la ternura que invento desde tu nombre infinito. Tiene varios pasillos endemoniados de gloria. La fantasía de que me hagas el amor allí mismo pasa por mi mente unos segundos. Pero luego camino al pasillo contiguo y encuentro tu libro.

Yia


















































martes, 18 de febrero de 2014

Me ama

(Inserte su voz)



Había amado mujeres hermosas
pero como ella ninguna.
Había tocado piernas bellas
pero como las de ella nunca.
Había sentido cinturas pero su cintura.
(Ni Neruda podría decir lo que se siente
abrazar tu torso de ángel, tu piel desnuda.)
Aquellos ojos eran intensos pero los verde azul,
grises marrones,
que tiene ella no tienen comparación segura.
Es que si ella te mira te fulmina.
Es que si de verdad la vieras
sabrías de donde viene la palabra poesía.
Había amado mujeres
preciosas pero después de ella...
Después de sus senos, de su boca,
de ese rostro que la misma Venus desearía.
Luego de ella.
Luego de su voz de aurora,
de su vientre,
de su pelo con olor a cielos repletos de arcángeles con liras.
Después de saber que su mente teje pensamientos de diosa.
De saber que lee proverbios que guardan la miel y la vida.
De saber que escribe lo que ni Virginia Woolf imaginó un día.
No sé cómo podré vivir.
No tengo idea de cómo podré existir
sin decirle una y otra vez
que mi sangre es sangre para darle color a sus rosas.
Que desde que mis huesos se rompieron al verla
conozco que la belleza duele si no la tienes cerca.
Cómo podré vivir sin corazón
si se lo entregué tan pronto mi alma se topó con la suya.
Dime cómo camino por la luna,
por las calles que parecen vacías de su nombre de estrella.
Dime cómo respiro si no tengo atmósfera.
Dime cómo vivo si me muero por ella.




(De ti para mí, escrito por mí, porque sé cómo me amas y puedo traducir tu esencia.)


Yia























martes, 11 de febrero de 2014

Pole Dance




Un grito, escuché el grito de auxilio que venía desde el cuarto.

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Acababa de bañarme y secaba mi cabello negro. Miraba en el espejo mi cuerpo desnudo. Era tal y como lo recordaba, sólo que ahora mis senos eran más voluptuosos. El mismo tono dorado en la piel y las caderas anchas. Estaba tonificada, delgada, muy delgada. No había notado que había bajado tanto de peso. Entre tantas horas de prácticas había olvidado el bien que le hacía el ejercicio a mi cuerpo. Ya había ganado dos títulos en Ucrania, uno en Hungría y el próximo evento sería en Estonia en La casa de la Varka Grosppa. Desde los tres años de edad, mi madre me había apartado del mundo. Mi vida era levantarme, estudiar y entrenar, sólo eso. Cuando crecí, el poco tiempo que me sobraba era para dedicárselo a mi novio. A él no le molestaba que pasáramos poco tiempo juntos, me apoyaba en todo. Lo de nosotros era más que amor, era reconocimiento de almas. Él sabía que lo que le ofrecía era poco tiempo, pero de calidad. Él me amaba mucho, tanto, que aceptaba mis decisiones sin oponerse. Sólo deseaba que yo fuera feliz.

No tenía vida social, no tenía más amigos que no fueran como yo. Las compañeras de las clases de gimnasia eran mi familia. Todos creían que sería la mejor gimnasta de mi país, seguramente lo soy. Pero yo quería robar las miradas. Así que fui la mejor en ejercicio de piso, barra de equilibrio, barra fija y barras asimétricas. Gané competencias locales, pero eso no era lo que quería. El sueño de mi madre era que compitiera en las Olimpiadas anteriores, y así lo hice, gané. Pero me sentía vacía, eso no me causaba placer, mi sueño no era ese. Mi sueño era más oscuro, placentero y torcido. El mío era ser la reina del Pole Dance. Sí, algo así como a lo que en Estados Unidos le dicen stripper, pero no, lo mío no es vulgar. Lo mío es dominar el tubo, hacer arte, y crear belleza con cada movimiento de mi cuerpo. Yo amo como me miran al perderme entre el metal y la música. Ellos no saben la fuerza que necesito para poder brindarles la mejor noche de sus vidas. Muchos piensan que lo que hago es malo, porque son ignorantes. Yo entreno como una atleta. Lo que hago es puro entretenimiento, pura adrenalina. Yo quise cambiar el modo de pensar de las personas acerca de mi oficio. Sólo soy una bailarina que ama sentirse deseada por su público. Entonces, creé una academia en donde enseño a mujeres de todas las edades a dominar el tubo. Inventé un espectáculo distinto, algo tipo Las Vegas, un goce artístico digno del mejor de los teatros o de el más lujoso de los circos.

Había terminado de secar mi cabello con el secador de mano, y me había puesto mi pijama de Hello Kitty. A la vez que acomodaba el secador en una de las gavetas, escuché un grito que venía desde el cuarto de mi compañera de baile, Ivy.
Salí corriendo hacia el pasillo y llegué hasta su puerta, pregunté que si pasaba algo. Traté de empujar la puerta pero no abría. Ivy no contestaba. Entonces empecé a dar golpes fuertes en la puerta, y gritaba que me ayudaran a abrirla. Nadie contestaba. Pensé rápido y decidí llamarla, a ver si contestaba su celular, pero contestó mi novio.

Le dije, ¿por qué contestas tú? ¿Qué haces con ese teléfono? (Casi me muero de celos, de rabia, de no sé qué demonios pensaba.) Todo lo pensé tan rápido que ni cuenta me di que todas las de la academia estaban detrás de mí con un hermoso pastel lleno de velas blancas. Mi amor traía el pastel en sus manos, y una gran sonrisa.

Yo estaba tan ocupada haciendo mi trabajo que había olvidado mi cumpleaños. (Cantaban Feliz Cumpleaños al unísono.)
Cuando soplé las velas y pedí un deseo, vi a mi madre llegar con un bouquet de rosas rojas. Nos fundimos en un abrazo.

Mi madre no me hablaba desde que supo que no seguí sus pasos.
- Perdóname mamá, le dije.
- Hija, siempre he estado orgullosa de ti. Yo estuve mal, Anastassia, sentí envidia de mi propia hija.









Yia.

Ahoiba



Después de las cuatro nubes regresó el pacto y una gota de miel calló ante mis ojos. De ella surgió un cinto blanco con una inscripción indefinida. El cinto se levantó solo como si fuera una serpiente de canasta reconociendo una melodía. Conforme se erguía se fue formando un cuerpo de mujer con vestidura fenicia. Te conozco me dijo, y yo le dije, sí, una vez te vi en el río. Estabas del otro lado y querías que cruzara, lo sé porque escuchaba tu voz en el correr del agua. Ese día desapareciste y no pude llegar a donde estabas. Dos días después la misma voz me dio un pacto. Ahora has vuelto en un cinto que no comprendo y puedes hablar con un sonido más claro. Qué eres y para qué me quieres. Necesito que me dejes en paz, esto es demasiado, le dije.

No debes temer, Ahoiba, tu recompensa traerá el cambio. Ves mis dos manos, en la izquierda tengo una mapa que al unirse con tu mano izquierda describe una ruta. En la otra mano mis líneas guardan un código que al unirse con tu mano derecha desata uno de los sellos, me dijo. Entonces, ¿si formamos una equis de manos con manos sucederá algo extraño? - dije.
Es extraño para ti que habitas el mundo. Es normal para mí que lo habité hace mucho.
- me dijo.

 ¿Y por qué siento que eres buena? ¿Por qué no puedo esquivarte cuando apareces?, pregunté.

Porque yo no me postré ante Baal y corrí a un monte, de allí me sacaron dos ángeles y desde ese día vivo con Elías, me contestó.

Yo leí la historia de Elías, pero de esas cosas no hablo porque siempre tuve dudas. Entonces, ¿es cierto todo eso que nunca creemos?
Tan cierto como que te hablo y me puedes oír. Tan cierto como que me estás viendo.
 - me dijo.

Pero, ¿qué quieres de mí? Si yo sólo sé existir. - le dije.

Ahoiba, después de que unamos las manos y el código se complete y el mapa se muestre, morirás. Pero antes de eso escribirás todo lo que te inquiete porque los maestros hablarán en tu lugar, pero tú debes escribir. - me dijo.

De qué maestros hablas y cuando será lo de las manos, y para qué quiero la descripción de un mapa que no sé para qué sirve. ¿Y para qué necesito el mapa, para ir a dónde, si dices que después de eso me voy a morir? No entiendo nada. Esto no tiene lógica ninguna. ¿Quieren volverme loca, verdad? Quién va a creer en lo que escribo, es más, yo no sé si esto es cierto, a lo mejor es una pesadilla, que sé yo. - le dije.

 Ahoiba, fijaron los ojos en ti y eso no se discute, ni se pregunta. - dijo.
 Entonces, me muero y listo, ¿sigues el mapa tú? - le dije.
 El mapa es el camino que está detrás de la palabra que vas a dejar antes de que eso pase. El camino es inmutable, dijo.
Pero, hablaste de un sello que había que desatar con tu mano y mi mano. - le dije.
Eres lista, Ahoiba. Eso asegura que terminaste tu tarea y que has entendido el pacto. - dijo.
(la miré a los ojos, como miraría a mi madre)

No me has dicho tu nombre, le dije a la mujer de ojos grises y aspecto fenicio. Ella contestó, soy la voz de refulge en el estruendo de las aguas. Soy la que guarda la llave de la muerte. Los sellos deben permanecer abiertos, pero hay que tener un permiso para abrirlos, y tú abrirás el primero. El árbol sigue en el mismo sitio y de él tendrás derecho. Haz lo que te pido, escribe el temblor de las almas como lo harán los seis que faltan.

Tu nombre, dime tu nombre. - le dije
También me llamo, Ahoiba, - contestó.

















Yia







martes, 4 de febrero de 2014

El PLAN



¿Cómo analizar lo que no se puede medir? Si no tiene espacio, ni tiempo, ni intervalos y otros asociados. Si a la vez es el principio y también es fin. Si es necedad para unos y es invisible para el ojo humano. Aunque, ciertamentepuede caber en una palabra. En algún fragmento de un texto. Pero cómo evidenciarlo correctamente, sin perder el aliento. Sentirlo es suficiente, ese el mantra. A veces repetir sonidos funciona. Supongo que hay una especie de limbo extraño que conozco desde que tengo uso de razón. Ese sitio en el que soy una mente intranquila, que piensa introducirse en otros mundos convertidos en palabras. Pero, ¿cómo entrar al diccionario sagrado? Esa la pregunta más importante que me hago desde que Babel marcó la esencia.

A veces soy tan dramática, que afilo todos mis monólogos en las teclas de un piano. En un sonido solo. Otras veces los memorizo y los digo frente al espejo. Mi vena de actriz no es secreto, mis amigos saben que cuando subo al escenario me posee el alma del arte en frenesí. Pero no vine a hablar de virtudes, ni de narcisismos míos. Vine a despojarme de todo y hacerme nada enfrente de una hoja en blanco. Ya que en estado de nadie puedo ser inocente para lo malo y sabia para lo bueno (como los niños). Sin duda estoy encontrando las pistas que deseo. Llegaron las personas claves que me harían entender parte de la profundidad de lo que busco. En ese proceso voy mezclando sentimientos que duelen mucho. Porque me hacen un hueco en el pecho. Pero este hueco es necesario porque me une a ese estado flotante que no puede medirse.

Sí, existe algo que es más que amor, lo comprobé, y se parece mucho a la misericordia, suele vestirse de justicia. Sí, hay algo incomprensible que hace temblar. Sí, existe. Existe ese tal magnetismo que ha hecho que leas hasta esta letra. Nunca sabrás lo que es, hasta que aprendas que debes humillarte para ver el principio. Cabe en un texto, cabe en una palabra. Repito que no puede medirse, estamos destituidos de ciertos talentos. Pero quién dijo que no puedo acercarme, quién dijo que no puedo. Hay quienes se esfuerzan mucho por decir algo inteligente pero al final no les queda nada bello. Falta magnetismo, carecen de humildad. Existe una palabra que es la luz de todo misterio. El que siempre me lee se preguntará: ¿Y de qué lado está? Yia está confundida. No, te contesto que no lo estoy. Yo sólo sigo un plan.







Yia