jueves, 11 de diciembre de 2014

Mayéutica



Ni la busco, viene sola.
Me hace mirar los panteones, recordar la vida.
No se esconde, se me agranda en los ojos como si dijera:

Soy tuya, tú sabes que debes escribir.
Para eso te dieron ese cerebro, y esos ojos de felina.
Ojalá mi musa de estos días fuera rosa y tranquila.
Pero viene a ofrecerme caballos de troya, becerros de oro
con cara de bronce, me ofrece arrodillarme ante a Baal,
y yo me burlo en su cara, me niego.
Ojalá yo fuese cursi en estos días, preciosa y armónica.
Pero es que yo no busco sitios en el mundo...
quizá mañana tenga mil lágrimas y también las comparta.
Sinceramente.
Viene la musa, la metáfora viene
y retuerce mi cuerpo, me incluye en harenes,
me muestra las mil y una noches,
se esparce en entre misterios de pedagogía.
Me lleva a Babilonia, cruzadas, banquetes en Roma,
la poesía también es revólver.
Estos días, sí, estos días son lápidas
en mis manos, dientes de oro del Rey Nabuco,
la luna roja, en sangre la luna,
los siete contra Tebas.
Todo y nada, la nena no está fácil.
Llenar las arcas de mi gozo, ser feliz ante mi obra.
Nada de aplausos, que pase la noche
en mi mirada ante el arte, veo belleza hasta en lo grotesco del día.
Todo se armoniza, después de la tormenta,
viene la calma.
Cuando digo hacer silencio soy hielo, no doy ni un alarido.
Pero mi musa de estos días es otra cosa,
digamos que es talibana, discurso, carta,
un ente que no exime si no que agrega episodios de gula,
becerros de oro, lápidas de mármol y un poco de granito.
Cállate así, insurgente, elocuente, entre
dientes, besa la mayéutica paulatinamente,
-dice cuando me busca.
Un lector recalca: Nena eres una genio.
Índigo, que sé yo, niña de las estrellas.
Le digo no, que yo sólo soy hija de Zulma.
Lo que pasa es que tengo libros en mi cabeza,
imágenes que hacen guerras mundiales: primera,
segunda, tercera...
Y es cierto que mis ojos de felina,
no tienen nada de ciega, darling.
Las cosas quedan esparcidas en mi cabeza,
y tienden a mirarme de reojo.
-Hablan de mí, pero yo no hablo de nadie,
no me meto con nadie, no uso indirectas.-
Cuánta ironía.
Yo escribo cuánto mi libertad desea,
hablo desde mi paseo onírico,
desde los capítulos en mi cabeza, las historias
que mezclo, las ruinas que me reflejan
y que se levantan solas; la novena maravilla
de mi abuela.
Asumo mi responsabilidad de nutrir la esperanza,
pero todo tiene tanto musgo,
tantas víctimas de no atreverse a crear nada
extraordinario y ni siquiera intentar lo que
Da Vinci tenía en la mente cada vez que fallaba.
''Amaos los unos a los otros, dar buenas dádivas
a los que no conocen la luz'', ser lumbrera.
Pero tengo que decir la verdad.
Aunque, los becerros de oro, el horno ardiendo,
los leones, las interpretaciones de sueños,
el Gólgota que me representa.
Pues yo, prefiero acogerme al mandato divino de lo
que me hace honesta, el amor me hace darle
duro a los principados y potestades que me ven y exilian.
Todas las cosas dan vueltas en mi cabeza,
y escribo con estos ojos de felina.
Yo elegí este camino.













YIA

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