miércoles, 3 de diciembre de 2014

Fruto

Romperse la mirada
porque algo tiene que ocurrir
que haga que el agua se vuelva vino.
Algo tiene que calar por dentro que permita
que el mar se separe y caigan los enemigos.
¿Y si no quiero que caigan?
Y si aprendí a quererlos con mi naturaleza
que no acepta palabra de odio.
¿De dónde salimos los nómadas?
que se van para quedarse,
que en la lejana huella aun atan un hilo.
Yo no sé si el verso sabe que soy piscis
y que los astros nunca me hablan
porque están ocupados invirtiendo mi sonrisa.
Porque eso me hace sabia,
que si el dolor me moldea,
y no sé que más inventan para que no merezca
respirar bajo el agua.
Seguramente, no existo.
Quizás soy parte de un mito.
Una sirena expulsada o ángel que no pasó el examen
por tener senos jugosos y la boca roja,
como el fruto prohibido.






YIA

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