lunes, 10 de noviembre de 2014

Les Bergers d’Arcadie


Voy a ninguna parte y me es prohibido bailar en este lado del silencio.
Creo que estoy sumergida en una danza donde sólo yo sé los pasos
que ignoro como si todo fuera una paradoja en espiral y un mismo soplo.
Creo que la vida me ha expulsado desde el peor de los pulmones
sin tomar en cuenta que no fui invitada a mis propias escenas.
-No debes hacer eso niña, quédate quieta muy quieta.-
Se sentía bien jugar a las alturas desde aquel estrado
pero todos en algún momento queremos intentar entender lo que
no vemos del paisaje.
Nunca he querido cruzar mares sin pasiones pero siempre soy tragada
por un pez que no soporta que no le temo a lo oscuro.
Dude siempre de mis manos pero ellas forjaron proezas que yo misma
ni revelo por no ser quemada ante los ojos del pueblo.
Yo no pedí los paseos largos por todos los rincones incomprensibles,
ni fue mi intención derribar puentes.
Pero nadie entiende que no me muevo porque soy
realizada al óleo sobre el lienzo.
Le hablo sólo a esta casa que queda de mí en estas paredes
que al parecer están atadas a un abismo con un río que tiene
su corriente conectada a las sombras y las luces.
Ya conozco la muerte cuando me miro adentro y mi carne afuera
es arrebatada por las zarzas que describen la aurora.
Fui expulsada una y otra vez del Paraíso porque me equivoco
en las mismas líneas y en la misma parte donde hay un hueco,
me caigo.
A veces soy la araña de cada hilo tejido en medio de una mentira.
Mi grito no es tan rebelde como querer el puesto de Dios, eso
sólo lo haría un inconsciente que quiere matar, y matar inocentes,
porque está aterrado y envidia lo omnipresente de la Sabiduría.
Soy siempre la que debe quedarse a mirar sin decir una palabra.
Pero esta es mi casa y yo quiero moverme aunque sea por esta noche,
y deseo bailar hasta morirme, pero antes, volverme medio loca, despeinada,
y de tanto bailar caer en el suelo hasta que me duela.
Quiero amar a la gente.
(Aunque no sepan que viví por ellos y para ellos).
Quiero amar aunque me olviden.
Quiero tener alma, tener algo que respire
firmamentos llenos de esta nada que me consume.
Quiero quedarme yo, la última, la que no fue invitada a su propia tumba.
La que nadie conoce.




YIA


Pintura de Nicolas Poussin 

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