domingo, 16 de noviembre de 2014

La mística

Era importante inventar la raya y el risco.
El abismo y el arriba.
¿Cómo voy a saber qué manera de buscar la libertad es la justa?
¿Cuál es el mejor paso para despertar a Babel y sus lenguas?
¿Cómo voy a saber qué puede purificar el aire que tienen los
cantos de aquellas víctimas?
¿Qué forma de arrogancia han extendido las palabras a esta hora?
Fue necesario inventar el pecado.
Habrá que decir: cuidado con lo que dice la niña.
Todo empezó cuando el aumentapanes multiplicapescados
levantamuertos quitaceguera sacademonios dijo
que venía al pueblo.
Doce años esperando una respuesta, doce años con tanta sangre.
Sangre, salía tanta sin remedio, sin doctores.
Sólo sangre, sólo eso y yo quise tocarle.
Contaba la mujer con los ojos brillando.
Era relevante informar sobre lo sucedido,
sobre el gusto por el desvelo y el desafío.
Ya sabía qué pensaban de mí, por eso
seguiré dando la impresión de que no sé nada.
Ganen, es así, tengo aguantar si no el ejemplo
no sirve.
Que me engañen, que se burlen, que piensen
que soy demasiado buena, total, yo sé de qué color
son las orquídeas que traen la recompensa.
Era cuestión de bajar las tablas, traer la ley,
para que la rompieran una y otra vez, unos segundos
bastaron para cargar con la treta y el chanchullo,
tener un poco de curiosidad ya estaba de moda,
había que idear esquemas para evitar la represalia.
Sólo una mujer como yo sería tan Antígona, para presentarse
a su propia eutanasia.
Sin descanso, con un ojotelescopio, siempre pendiente.
Y ya hablaban de mí, y en mi nombre las explosiones,
bombardeos tan fuertes desde el avión del tiempo.
Las palabras de mi boca listas siempre para unirse
a la revolución más hermosa.
Nunca paz, siempre herida, nunca bálsamo, allí
esperando el castigo divino con todo el peso,
analizando lunas, como la hija del gran visir de Shahriar.
Y aquí me tienen como en un Mateo 25, y la miradita a los talentos,
y la gente mirándome como si yo abriese la caja pandorísima.
Y corren de miedo, porque esa niña dice cosas muy extrañas.
Desatar troyas siempre fue mi sonrisa, heredar la faz de Helena,
con la boca de arengando maniobras.
Contándoles a las magdalenas que no se espanten, a los luciferes
que tomen asiento que yo les doy pan del que aumentó el perdonarameras.
Mientras todo eso pasa se miran al espejo las hijas de Jairo y los Lázaros
ponen las piedras de la entrada de adorno en sus casas, para recordar
que eso fue cierto, porque de vez en cuando olvidan.
Fundaré el club de las persecuciones más inmensas, capitana de las perseguidas.
Seré las manda más de los desertores de la rareza del mundo.
Tendré mi bonita dictadura anárquica, o como se diga.
Llevaré en la frente, un siempre fastidiada (por no decir jodida,
porque no digo groserías),
y dirán que ahí dice: ''tengo delirios de grandeza''.
La realidad es que, tengo suerte de vampiros,
ya salió toda la sangre de aquella mujer, ahora yo la necesito,
si no, cómo tocaré el manto, para ser libre.
Seré el hazmerreír, con piel de rebeldía, bufón vestida de poeta,
seré el alimento de las cabras, para luego ser la excreción.
Pero sólo así abrirán la celda. Sólo así: La libertad.
Sólo así, libres. Seremos parte de los librados.
No las cadenas.
Qué buen tipo era curaleprosos, me hubiese gustado
verle sonreír, total, lo persiguieron más que a mí.






YIA











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