martes, 4 de noviembre de 2014

BYRON

Cortarse los pedazos del alma,
que caigan todos uno a uno.
Cosa de que suene el silencio
y no dejen de sonar las palabras.
Quiero estrujarme el pecho
y sacarme de una sola vez todas las realidades,
secarme los ojos de tanto mar y tanta ola que regresa.
Cortarme las alas sin remedio y hacer que salgan nuevas,
las quiero ya, brillantes negras,
sin glorias, sin cicerones rondando,
sin medias partes, ni encrucijadas.
Porque reniego, no quiero.
No voy lanzarme a los cantos de sirena,
estaré vestida de mi propio exilio.
Nada de ficción para mis manos,
basta de utopías por un tiempo,
gasto innecesario, reniego.
Que le corten la cabeza al poema
de Celaya que tanto me gusta.
Paren de incluirme en esa ensarta
de ademanes que sé manipular...
soy una maldita poeta.
Corten mis manos si vengo con cuentos
chinos, y llanto de cocodrilo.
Ya sé... vanidosos, pasen
todos los ególatras, narcisistas, cómo
amamos el espejo, qué embaucadores a veces,
para qué es el poema, que le corten
la cabeza al miedo, que
no tengo miedo de decir nada.
Vengan a molestarse,
porque digo y duele,
y qué quieren que diga si no es más que la verdad.
Filósofos, videntes, profetas, casanovas, fantoches,
visionarios entren todos...
Pasen los inseguros, los que no pueden
decir te amo a quien aman,
también caben.
Que me corten en pedazos el alma,
si no lloro escribiendo,
que me salga a borbotones el líquido
rojo por el costado
y que algún Tomás pregunte si soy
más inri porque mi apellido es Byron.
Influencia de Baudelaire, Rosalía, tanto
de aquello y lo otro, que si no
reniego de las metáforas que valen
más que un beso, voy a perder la vida
en este instante.
Palabreo insolente, no quiero, reniego.
Vomito si no veo con los ojos del corazón.
Reniego a las magnánimas oraciones vacías,
es como darles perlas a los cerdos
y margaritas a un lago de azufre.
Toda esta realidad es buen albergue,
que el poema me mate.




Yia

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