miércoles, 8 de octubre de 2014

LOS POBRES

Los pobres aman distinto.
Aman con las manos llenas de nada,
con hambre excesiva, con gula vacía,
en las peores condiciones que puedan
pensarse, aman, con rabia, con piel,
aman con las manos.
En condiciones que duelen
adentro.
Aman sin adornos, sin largas excusas,
sin necesitar alcanzar lo que no tienen.
Aman con todo en su contra,
con tristeza cansada y de tanto
estar triste, sonríen.
El amor de los pobres
no tiene decoradas estampas,
la famélica manera de mostrarse
no contiene facturas, ni domingos
entre letanías e imágenes.
Los pobres tienen algo peculiar en la esencia,
una chispa les viaja con tal
fuerza que al pasar los nutre.
Entienden de derrotas,
comprenden las esperas y viven
cada día como si fuese el último.
Aprenden a amarse a oscuras,
ven la desnudez de forma diferente.
Han aprendido a aceptar las circunstancias.
Conocen las peores sensaciones.
Saben de desprecios, de desastres.
Sueñan en cualquier parte estando
despiertos, porque no tienen un colchón caliente.
Aman sus jergas, sus canciones.
Son más valientes que cualquier guerrero,
no se avergüenzan de sus pies al aire.
Aún así su amor no parece acabarse.
Aman en medio de la guerra constante.
En medio del dolor, aman.
En el centro de la angustia hacen arte.
Con todo lo adverso encima,
aún tienen ganas de tener carisma.
Aman distinto los pobres.
Con las manos vacías, con hambruna, aman.
Malqueridos, demacrados, despreciados,
existen para mostrarle la verdadera
belleza a los ángeles.






Yia











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