miércoles, 8 de octubre de 2014

ESA EMPRESA


Sé reconocer esa empresa.
Su procedimiento reconozco, sus artefactos
veo en todas partes. 
Se planta en mis ojos el fracaso
cuando lo veo en cuerpo presente.
Sé como luce la derrota.
Recuerdo a ese compañero de clases,
lo vi el otro día, era lunes.
Me miró buscando que lo reconociera,
y yo dudaba, pero sí, hice un gesto
como diciéndole sé quién eres.
Su padre trabajaba fuerte,
su madre hacía lo que podía.
Estudié con él siempre,
vi como se desarrollaba su personita.
Muchas veces callé ante lo que le hacían.
Cobardemente, callé. Quizás no era por cobarde.
Yo era otra espectadora del desastre.
Usaban las más innovadoras y crueles formas
de humillación y vejaciones, esas criaturitas.
Esas criaturas no llegaban a los 11 años
y ya tenían la lengua más filosa
que una vieja de mala vida,
llegaban a ser mordaces.
Se reían de él, le golpeaban, le robaban
su merienda y el dinerito que le daban
sus padres para comprar una dona
en el break de las nueve.
Llegaba desaliñado, cabizbajo, a nadie
parecía importarle.
A mí sí, sólo que hasta ahora lo dije.
Conozco esa empresa, engulle huesos,
come cabezas, muele cuerpos, cambia
cerebros.
Ese mecanismo.
Él no volvió a ser el mismo, le robaron ese derecho.
En él creció esa tramoya, estaba ciego.
Nadie le mostró la mentira de esa industria.
Así fabricaron una artimaña, hicieron a un marchante
con la potencia necesaria para odiar con furia que arde.
Se tornó en un auténtico Homo-sapiens,
listo para despertar a la bestia que llevamos adentro.
Digno de ser de la especie destroza fauna, destruye selvas,
come enemigos, destripa animales, roba de todo, pide no- perdones.
Allí, en esa empresa, te dirán que debes sacar del medio
a todo el que brille, porque tú, estás tan perdido, tan burlado.
Te dirán que extermines a tus enemigos uno por uno,
y que luego limpies con cloro la sangre restante.
Eres tú o él, eres el ganador o el loser, te dirán,
y tú pensarás que eso es defenderte,
que hay sólo clases como tales: Los comidos o los que comen,
las presas y los depredadores.
Allí te harán un hombre.
Al verlo sentí que callé con la daga punzante que,
paradójicamente, sangró ese lunes,
haciéndome saber que hay una filantropía distinta
que debe hacerse.






Yia









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