miércoles, 8 de octubre de 2014

EN EL PRINCIPIO


La ciencia siempre me ha besado.
Mi madre me hizo amarla.
Siempre estuve entre batas impolutas
y gente de gesto siniestro, gente muy concentrada
en teorías, bases, miradas tan vastas.
Observadores todos persistentes.
Ya habían establecido datos.
Yo era como la nota discordante,
siempre tenía un dato en el que no se habían fijado.
No era mi culpa, tengo otro ojo,
otra visión me hace sentir cosas.
Tengo emociones que se me salen por los poros.
Ya ellos habían establecido la impenetrabilidad de la materia.
Ahí no se puede, ya está dicho, probado.
Que si aquello no existe, que si lo otro tampoco.
Y entonces qué.
No, que no podemos ser uno.
Que no somos el mismo pasajero.
El mismo fluir, amor, que no, que no vives adentro de mí,
transeúntes juntos no somos, no. Eso dicen.
Que es ego, que eso que uno siente es, ganas de poseer.
Y que de repente tú y yo, no somos el mismo espacio.
Ni el mismo horario, no.
Que no podemos ocupar dos sitios simultáneamente.
Debemos recordar que el principio de exclusión,
excluye, excluye, ya sabes eso, por qué te empeñas...
y yo los miro, me siento cruzando la pierna.
Entonces, me refrescan la mente,
contándome de las tres dimensiones y que eso basta,
para casi todo el mundo, que no insista.
Pero yo no soy casi todo el mundo...
que no soy tan soberbia como para no entender,
está bien. Digan.
Que yo con mi cara de incauta, mi sentido del humor,
mi chiste inesperado, mis etcéteras, como le pongas,
vine a tumbarte la danza, la pantomima, el show,
de que no se puede.
Esas leyes a mí me parecen fascinantes,
pero quién dijo que no hay forma.
A mí no me iluminan, ni a ti tampoco, verdad, amor.
Si ellos te vieran, nos vieran, sería otra la historia.
Qué caso empírico, tan empírico, de la empírica total,
e irrefutable. Qué seriedad.
Cómo les digo que siempre estás.
Cómo les hago entender que ya hace mucho
que vengo desafiando la física, las letras, las distancias,
las lágrimas, los pensamientos, los silencios...
ya no me da miedo, ni me asusta mirar a la gente
a los ojos y decirles:
Que nuestra viscosidad es tan uniforme.
Nuestros átomos se relamen tanto,
y nada de las 3, 5, 9 dimensiones, todo,
que nosotros moléculas bellas del milagro,
como vallas sin fronteras unidas, y necesarias,
sin agujas, ni cuchillas, compenetrados.
Y ellos siempre con la radioactiva bata, mirada siniestra,
haciéndome entrar en los desiertos que ellos poseen,
con sus casitos empíricos y su mucha vuelta al asunto:
Yo los dejo con sus papeles en las manos.
Porque yo vine y tú viniste para demostrarle al mundo
que no estaban preparados para nosotros, juntos.
Entonces para dejarlos en ridículo,
y buscar el eslabón que les falta a todos esos científicos.
Vinimos al mundo a fundirnos, amor, a fundirnos.






Yia







No hay comentarios:

Publicar un comentario