domingo, 19 de octubre de 2014

AZUL AMOR


No olvido poner la coma,
un punto aquí, otro allá.
Me mira. Lo miro de reojo.
Es...toy en mi habitación, y él entra.
Le veo ir y venir, y mirarse al espejo.
Silencio rotundo. Silencio perfecto.
Concentración máxima.
Esta metáfora no le acomoda,
no le honra como debe.
Elijo otra. Este adjetivo si, creo
que le gustaría.
Qué merece, que quiero darle.
Silencio absoluto.
Me vuelve a mirar, encuentro fugaz.
Pide fuego.
Y me ofrece un color imposible de pintar,
que ni Miguel Angel, ni Da Vinci, no.
Me quedo buscando un largo de onda,
que esté a su altura.
Azul posible, azul acuoso, no.
Azul, el cielo no se compara.
Me quedo buscando el término.
Inventaré otra palabra.
Dame fuego.
Antes no pasaba esto,
escribía de la nada sin tropezarme,
y sin criterios tan duros.
Me servía lo que ya estaba inventado.
Ahora entra otro lenguaje.
Me declaro pirómana, lo confieso.
El sur era sur, el rosa era rosa,
el norte era norte.
Ahora no. El fuego. Ahora algo
me va quemando y dictando
cosas que pueden aún más seducirme.
Y por eso silencio toma
este verso, que estoy enamorando
a un color, y quiero lograr que me suplique,
que no pueda vivir sin pintarme
las manos de tanto derroche.
Quiero, hermosa, te acercas por mi espalda.
Deja de escribir, me dices.
Ya sé que debes inventar ese azul.
Pero ya lo tienes, lo tienes.










Yia














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