lunes, 8 de septiembre de 2014

Septiembre







Aún quedan gotas de rocío en las mañanas 
que circundan entre las horas. 
Mis ojos no quieren perder el espectáculo
de la pureza tan noble que me reclama.
La energía inmensurable que no quiero que me excluya
se pasea buscando el alcance perfecto.
Cuán pequeña es mi mano al compararla con el horizonte. 
Cuánto viento ha viajado para levantar, levemente mi falda.
Es septiembre, y muero un poco,
la mirada se me rompe en el paisaje.
La sensación de querer ser etérea me cala por dentro
y el caos se funde en el movimiento del corazón
que aún quiere ser de carne.
Discernir la madrugada desde ahora...
perturbar las heridas sólo un poco,
para recordar que las mudanzas son parte del exilio.
En mi cabeza llevo un silencio triste que piensa alto.
Después habrá morada para tus besos largos,
después de un poema.
Después habrá vino no inventado
por la mano de hombre.
Tanta vida pasando por nuestros rostros,
tanta naturaleza conmoviéndonos de golpe.
Morir, para qué, si es septiembre.
Qué llueva. Qué tu cara se moje.
Qué estoy viendo la visión de la lluvia
en tus ventanas oculares.
Si hay telepatía puedo probarla a esta hora.
Si te duele la herida puedo soplarte
sanidad desde mis puertas.
Tanta pasión en dos cuerpos, para qué.
Te pregunto llena de toda la nada,
de todas las bellezas y espirales
que no dejo que se pierdan.
Tanta energía pervirtiéndose
para ser sólo una palabra.
La última.
La primera.






Yia

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