martes, 30 de septiembre de 2014

Incendio: El día fue el azul del cielo






El día fue el azul del cielo,
con un tinte gris de ausencia.
Dónde estaba yo cuando ocurrió
el incendio.
Luego la negrura, el silencio.
Por qué no pensé en la ceniza:
Migraciones a la espera donde
ya no pronuncian la aritmética
perfecta. Por qué olvidé su vuelo.
Qué absurda la impaciencia.
Qué calor contuvo mi nombre,
por tanto tiempo.
Qué me pasó, me quedé ciega.
El miedo en mis labios,
se volvió rojo, llené de frío
a mi carbón encendido.
Por qué callé el reflejo perlado
si tuyo es el nácar.
Pensaste incendiado y tardé
en responder, disipándome.
La nostalgia es un lastre, dicen.
Yo no sabía del otoño
sangrando. Ni de las lágrimas
negras. Recobré la vista.
Incluso ignoraba que
estuviste esperando:
Mi dulce bálsamo
enturbiando tu saliva.
La libertad no me dejó
escuchar el arrullo de la fogata.
Qué tontos los orgullosos
que se aman tanto, dice la
melancolía.
Soy tan abstracta, que vago
en presagios.
Sin promesas, sin hipocresías.
Soy tan incondicional,
tan imprecisa, que preciso
de tus labios a toda hora,
toda la vida...



Yia





















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