sábado, 20 de septiembre de 2014

Gazella



Yo, la que conozco los valles
y ha destruido las esfinges más horribles
con sólo una palabra.
La que ha construido imperios
con una canción al viento.
La de las piernas largas que se pasea
entre los sigilos de las musas.
Quién lo diría.
Venir a mí, a la que descansa como un cachorro
en su regazo.
La del cantar de los cantares.
La vulnerable, la débil,
la no importante que mucho
te importa.
La que crees menos leona
por no ser dueña de la selva.
La que sabe que dormir es morir un poco
y que la muerte es dormir mucho.
Llegar a mí con trampas,
venir a mí con acertijos que hasta
el más sencillo de mis presagios
descifra.
-Te has convertido en todo lo que odias.-
Has invertido tu tiempo en mí,
que según tú, no existo.
Jugar conmigo, que soy la Salomé,
que sin exigir cabezas, me las obsequian.
Venir a mí con trucos, a mí,
la nieta de Merlín, mención distinguida
en la escuela de encantar varitas.
A mí, que no me conoces.
A mí, la varias veces
condenada a ser la cena.
A mí a la primera rueda triangular.
La roba todo, porque tú lo dices.
La convicta, la fugitiva.
La gacela que corre más rápido
por los campos de la libertad.
Quién lo diría.
La más buscada, estratega de honor
en la escuela de palomas sueltas.
La Venecia sin agua y sin góndolas.
La excluida de las gárgolas de la noche
por no ser fea.
La Juana más loca y más Juana de todas.
La Marilyn Monroe que no quiere ser rubia.
El eslabón que no buscan porque no está perdido.
La gacela.
La llena de gracia, la que bebe agua fresca.
La que aboga por los hambrientos y los pobres.
-Estás ahí, para ver a dónde llega mi vanidad,
porque tengo mucha, y asusta, según tú.-
La penúltima gota que colma.
La defensora de los nuncas.
La siguiente delegada en la lista de poetas no leídos.
La poeta que sí leen a escondidas.
La anti-poeta.
La que desafía los límites del horizonte
con una lágrima.
La novia que creó el altar.
La viva en la tumba.
Alta representante en las ironías de la vida.
La primera en llegar porque no tiene prisa.
La gacela.
Debes creerte la gran cosa por eso, porque me hurgas.
Lamento cambiarte el pronóstico,
no pienso dormir mucho,
todavía.
A mí, la mil modestias.
La que te confunde y no descifras.
La que te deja hacer y deshacer,
para que pasees en tus dominios.
A mí, que te permito verme surcar el monte de los olivos.
Que te dejo creer que me trasfiguro en los versos,
porque es cierto.
Que te dejo pasar por mis neuronas para que veas,
que el gris es no tan asesino como lo pintas.
A mí, venir a mí y hablar de muerte.
A mí, la no difunta.













Yia


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