lunes, 25 de agosto de 2014

MUSA



El mito es una manera hermosa de explicar los misterios del mundo. Los griegos miraron con amor estos enigmas y los hicieron eternos. La gente me pregunta de dónde se me ocurren las ideas, y me encantaría decir que tengo magia en las manos, un baile especial o un elixir secreto, pero es más que eso; y lo único que puedo decir es que soy una musa que tiene demasiada musa. Qué respuesta extraña. Pero los griegos inventaron la forma de explicar esto de una forma bella. La mitología nos muestra las divinidades, la idiosincrasia, los principios y valores de un pueblo, su grandeza, sus héroes, y nos lleva a tener una percepción hermosa de la cosmovisión de lo que quiere explicar. Propone discutir, evidenciar y describir gran cantidad de fenómenos naturales o humanos, que en la antigüedad difícilmente se podían comprender. El resultado de este compendio de historias y relatos fascinantes, es una enriquecedora visión con un acervo inmenso y riquísima fuente de sabiduría. Esta colección de bellas imágenes y relatos asombrosos nos dan una muestra genial de visiones que están aún vigentes porque, pese a los cambios, pese a los años y los adelantos de la ciencia y la tecnología de nuestros días, la condición humana siempre será la misma. Las musas son esas que susurran al oído las piezas teatrales, las canciones, las danzas, los poemas, las epopeyas, las pinturas y la gran magnitud de la creación artística. Las Musas eran las hijas de Zeus y la titánide Mnemósine, la personificación del recuerdo, la memoria, estos se amaron y copularon nueve noches seguidas, según Hesiodo en su Teogonía. De la unión, nacieron nueve musas de un sólo parto. Su trabajo era embellecer, se dedicaban a armonizar, crear, componer, cantar en el Olimpo acompañadas por la dulce armonía de la cítara del vistoso Apolo, pero también buscaban artistas para inspirarlos y dictarles ideas para sus obras sin que ellos notaran que estaban allí. Eran talentosas, inspiraban y ayudaban a alcanzar la alegría que sólo puede dar la armonía y la belleza. Hesiodo mencionó sus nombres y tiempo después les asignó artes diferentes para que perfeccionaran lo que más dominaban. Terpsícore es la soberana de la danza y Urania se encarga de la astronomía, la filosofía y la ciencia. Erato es la matriarca del amor y la poesía romántica. Calíope es la más importante de todas por su ayuda a los reyes, es la musa de la poesía épica; Clío preside la historia; Euterpe es la señora de la música; Melpómene es la monarca de la tragedia; Polimnia es la jerarca de los himnos, la memoria y el arte mímico; Talía es la patrona de la comedia y protectora del teatro.

La figura de la musa sigue presente en nuestros días, son los motores del ímpetu creativo. Muchos de los conceptos de la mitología griega siguen con la misma vitalidad y vigencia asombrosa. Las musas son esas que velan por las artes y cuya presencia todo artista quiere sentir. La musa en nuestra cultura no es un tipo de deidad, es una mujer virtuosa, humana, es aquella persona que le provoca al artista a crear con fervor, para ella, sobre ella y por ella. La musa se adentra a nuestros días como una promotora de ideas innovadoras, como una gestora que alimenta el alma humana y se dedica a crear lo que aún no se imagina, la musa entra en el corazón de todo lo que toca, de todo lo que expone y le inyecta su fulgor de vida. Las musas mueven a los artistas porque también son artistas.

¿Se han preguntado qué tiene de especial la obra de la Mona Lisa? La señora Lisa, noble esposa Florentina de Francesco di Bartolomeo di Zanobi del Giocondo, ella posó para la pintura más famosa de la historia, no tenía algo especial, ella sólo era una musa. Su esposo, el rico comerciante, le encargó a Da Vinci el pintar el retrato de su segunda esposa. Leonardo Da Vinci, con esa mente luminosa y esa inquieta genialidad paradígmica, quiso crear vida, quiso hacer vivir el recuerdo de la mirada de aquella mujer misteriosa, quería que el cuadro estuviese vivo. Ella posó por dos años, en ocasiones Da Vinci la veía triste y se negaba a pintarla, porque decía que tenía una sombra de tristeza en los ojos, y ella sólo se quedaba a conversar y disfrutar de la música que habían contratado para ella. Todas esas experiencias con la Lisa, llevaron a que Da Vinci encontrará la grandeza de aquella mujer. Ella era sumamente interesante, porque era, ella misma. La pintura de la Gioconda parece estar observando, parece querer hablar, querer callar, a veces parece sonreír, parece estar observando, a veces no, ella cambia cada vez que la contemplan. Una musa es una inspiradora que se eterniza cada día. Podría hablar de la mujer más bella del Renacimiento que se llamó Simonetta, podría hablar de la mismísima Venus, son tantas las mujeres que llenan la vida de tantas cosas necesarias y bellas, que si las menciono no termino, son infinitas. La historia del arte sería diferente sin estas musas, que si bien quizás las sentimos en un papel lejano, y sus nombres están en las penumbras, pero han sido fundamentales en la realización de las grandes obras humanas. El arte es el alimento, del que bien lo consume, pero fundamentalmente del que bien lo produce. Es lo que da la paz y la plenitud. Sin embargo, cuando se tiene una musa, cuando eres una musa, cuando creas con ella, para ella y por ella, es como tocar el cielo y ver la gloria en su extensa magnificencia.





Yia

1 comentario:

  1. Siempre quise leer sobre las musas. Hoy lo hago con alegría: todo dice de ellas pero también de la alegría de quien lo dice. Gracias Yia. Eres más que una musa, eres inteligenica mayor y sublime.

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