martes, 5 de agosto de 2014

La Gran Ramera, está sentada sobre la Bestia


Tienes sangre en las manos.
No la ves pero está ahí.
No has tenido escrúpulos.
Tus víctimas ascienden con el tiempo.
Has cubierto tu carne con el sabor de tu propio castigo.
Te ataviaste y pintaste tu cara
para llenar todas las paredes
de palabras persuasivas.
Lo que impera en ti es más que lujuria, lascivia,
gula, ira, soberbia, es más ardiente que el fuego, es grotesco.
Tu maldad se acumula en maquinaciones que no notas.
Hipnotizas a un séquito de fieles que no consiguen la alegría.
Disfrazas las plagas que te consumen con algún pretexto.
No te basta matar porque según tú,
tienes la razón si tu legión dice que lo que predices es cierto.
Has puesto por escrito tu epitafio,
dirá: Hasta aquí llegó mi necedad, me gustaba el aplauso.
No conoces el silencio,
callar necesita dominio propio
y eso es sólo de sabios.
Te volviste imperdonable.
Ángeles diligentes soplaron noches sobre ti
y sólo emulaste a la parábola de las ciudades
que eran dos mujeres que se prostituyeron
en su juventud.
Te cubriste de amantes y ellos
derramaron su pasión sobre tu ombligo.
Y gemías entre dormida y despierta
recordando la temperatura y la densidad
de su flujo parecido al del asno.
Te paraste en un sinuoso estrado a decir
que traías incienso y aceite.
Entregaste tu lengua al error y al pillaje
con tal de encubrir tu sed depravada
de alto honor y gloria.
Todas las mujeres serán advertidas
por tu causa.
No habrá pensamiento tuyo que no quede
descubierto al son de la trompeta.
Serás la burla, el escarnio
en lo hondo y ancho de esta copa.
























1 comentario:

  1. Hay una descripción de una bestia que se disfrazó de hombre al lado de la Reina

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