viernes, 1 de agosto de 2014

Invisible



El destino repasa desde ahora su agenda de preguntas
y se percata de que un hilo nunca se rompe en cierto punto.
Entonces entro en la nada como si fuera el cuadro que pinta una musa
y me toca cruzar el valle que traza, llena de anécdotas.
Salgo de la imagen repleta de líneas, gastando un tiempo ilusorio
que no marca las lunas.
La realidad se besa con lo inusual y el amor mira lo extraordinario
con miradas de complicidad.
Hablan entre sí, mientras me observan.

(No le cuentes a ella, murmura uno,
deja que sola encuentre la llave y sea el medio, la unidad.
Ahí viene nuevamente a preguntar, es incansable.
De todas formas no van ver lo que hace porque están lejos.
A mí me enorgullece que no quiera ser el centro,
que renuncie a todo por ostentar dádivas impensadas,
tesoros que la polilla no puede gastar.)

Mírala de nuevo, su método
entra en el núcleo, quién podrá impedírselo,
mírala está preguntando más...

Desde qué vientre la noche clama por tus ojos.
Desde qué corazón palpitan las estrellas.
Desde cuántas razones he perdido la noción, para ser hambre.
Desde qué boca los versos saben a frutas.
Tantos bríos, tanta fiebre, cuán sublime es detenerte con el impacto.
Y que duela, que duela.
Cuánta libertad nos mira desde nuestras cárceles internas.
Hoy todo huele a sábado.
Todo se ha ido absorbiendo en una fibra que dejé al Sol.

El amor entra por un resquicio y me mira asombrado
como con ganas de aplaudir y decirme: qué bien has analizado
lo que se supone que no conozcas, que no sepas.
De dónde te soplaron los misterios del cuerpo inmenso
que contiene el universo en una gota de lluvia.
Por qué sabes eso, quién te ha permitido ser invisible.



Yia


















1 comentario:

  1. "... y el amor mira lo extraordinario
    con miradas de complicidad"

    y yo... me pierdo en tus letras de sabor marino y pieles ininteligibles

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