lunes, 11 de agosto de 2014

Escribir, es un estado. (Profecía)








Va de la mano de leer... de leer autores distintos, de horas llenas de voces, de entrar en las cavernas cerebrales y esencias de muchos. Va de la mano de aprovechar el tiempo, de enfoque, enfrascarse en un aprendizaje colmado de formas y expresiones.
Después sale...
Sale como una profecía, relámpago, o como la caída de una pluma. Sale como por arte de magia. En mi caso, es algo que me satura de manera apacible, necesaria y bendita. Escribir, es un estado. Es parte de mi naturaleza. Es un proceso alquímico, filosófico, es la vida. No escribo porque quiero. Escribo porque no puedo parar, simplemente está en mí, no espero la musa, no es algo que me llega, es algo que está a toda hora, las ideas, las letras, las visiones, los rostros, los adjetivos, los nombres, las escenas, los sentimientos me supuran en el cerebro como una olla de presión que acopla todo de una manera sublime y placentera. Escribir es mirar los sentidos, acariciar los olores, beber las formas, transmutar lo abstracto, ver lo grotesco, lo bello, lo complejo y lo simple. Escribir va más allá de ganarse la vida con eso. Es un estandarte que se lleva al infinito. Escribir es descubrir el estruendo en tan sólo una palabra, literal, que pasa, que vive, se arrastra, pernocta, palpita en la sangre, nos mueve, nos rompe, nos crea...
Escribir va más allá del bien y el mal. Escribir, no es como salir de compras o tener un multinacional. Escribir va más allá de los premios. ¿Lo has sentido? ¿Has sentido como se llenan tus pulmones de agua cristalina aún no inventada? ¿Has sentido un veneno suave, quebrando la sangre de manera indescriptible? ¿Has sentido tu corazón quebrarse del frío, o arder como luz intermitente? ¿Has visto la hierba de los campos más lejanos al cerrar los ojos, la has pisado aun sabiendo que se trata del campo de las sombras imposibles? No se trata de ser escritor o de ser poeta. Se trata de ponerse ante las letras y hacer que salga lo que nos muestra nuestra esencia. Es como lo que le pasaba a Dalí, a Picasso, a Da Vinci, a Frida... con la pintura. Es lo que le pasaba a Handel, Mozart, a Chopin con la música. Es despojarse de todo, caminar la senda de los inmortales, como personas transparentes, que sobrepasan la realidad. El método de sobrepasar las dimensiones a veces es amargo pero, define, moldea, y permite llegar a un hilo eterno. Eso no se logra queriendo llegar a un patético premio Nobel, o a algo temporero. Eso se logra escribiendo para uno mismo, pero a la misma vez queriendo compartirlo. Jamás cambiaría ni por un segundo el peso de las letras en mi pecho, galopando amor, y tratando de imaginar cómo hacer para transgredir a la materia y robar los misterios que nos develan los momentos. 







Yia

1 comentario:

  1. He pasado por tu BLOG con el deseo de leerte, y a fuerza de una gran bocanada de aire fresco... lo logro. Me insuflo de tu verbo y te lo agradezco...

    Placer leerte

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